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Aceites ozonizados: una victoria lista para expandirse

por Jose Roberto Duque
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En el IVIC, la producción de aceites ozonizados está lista para avanzar hacia su masificación. Aquí, algo sobre cómo ha sido el proceso, y sobre sus héroes anónimos

José Roberto Duque / Fotos: Jesús Arteaga

En el oriente del país es habitual una afección de la piel que afecta sobre todo a habitantes de las comunidades rurales. Las molestias que ocasiona esa dolencia no son tan graciosas como el nombre popular del lepidóptero que las origina: la palometa peluda. Su nombre científico tampoco entusiasma mucho (Hylesia Metabulus), así que acostumbrémonos al nombre: en su vuelo, y en determinadas épocas del año, la palometa peluda desprende grandes cantidades de unos pelitos urticantes que provocan irritaciones de la piel, lesiones y a veces úlceras, cuando el afectado comete el error de rascarse. Con las uñas (aclaración necesaria).

Alexander Briceño instala el dispositivo para iniciar el ozonizado

Durante muchos años se combatió esa afección con diversos tipos de cremas tópicas comerciales, y los pueblos acudiendo a los saberes ancestrales para mitigar los efectos de ese ataque con recursos de la naturaleza. Hasta que en la década pasada los científicos del Centro de Química del IVIC comenzaron a experimentar con la producción de aceites ozonizados, sustancias versátiles que han demostrado en todo el mundo su eficacia en todo tipo de afecciones de la piel.

Con la investigadora Ángela Sifontes (Laboratorio de Plasma Química y Nanomateriales) al frente se inició el proceso, ni más ni menos en el año crítico 2013. Los resultados fueron buenos, y con el tiempo aquel experimento ha dado saltos importantes.

El rompecabezas

En los inicios del proyecto, al equipo se incorporaron dos jóvenes que rondaban los 26 años de edad, Brenda Gutiérrez y Andrea Mónaco. Ambas, técnicas recién gradadas en Procesos Químicos (en el IUT Federico Rivero Palacios), y ambas deslumbradas con la perspectiva de trabajar en el centro de investigaciones científicas más importante del país, se aplicaron a las tareas con la emoción de estar participando en el nacimiento de algo importante.

Andrea Mónaco y Brenda Gutiérrez

Lo primero fue empaparse del tema puramente científico, el entender el proceso en los niveles moleculares de la materia. La clase básica (tan sencilla que hasta el redactor de esta nota la entendió):

  • La obtención de los aceites ozonolizados se logra por ozonólisis, que es la interacción de cualquier sustancia (en este caso aceite vegetal) con ozono.
  • La ozonización de aceites produce sustancias con propiedades germicidas, inmuno-estimulantes y reparadoras de tejidos (así que no solo sirve para aliviar la afectación por palometa peluda)..
  • Este proceso produce oxidación.
  • Dependiendo de cuán fuerte o leve es la oxidación, el aceite que se obtiene sirve para aliviar o sanar diversas dolencias: escaras, herpes, pie diabético, parasitosis, micosis varias.
  • Un IP (índice de peróxido) de 300 es bueno para tratar quemaduras, psoriasis y otras afecciones. Un IP mayor es bueno para aplicar en mucosas (aplicación nasal, bucal, vaginal). El IP 1.000 es el adecuado para los casos de palometa peluda.
  • Se trata de aceites cien por ciento orgánicos, que penetran en lugares a los que no logran ingresar otros productos y sustancias, de allí que sean usados para combatir hongos y bacterias, no solo en el cuerpo humano sino en diversos cultivos, con criterio agroecológico.

Luego vino la parte entretenida (en el supuesto de que solo los no-científicos sabemos qué cosa es la diversión). El entretenimiento que vino parecía el armado de un rompecabezas; había que construir o simular la planta o reactor capaz de ozonizar; lo lograron articulando botellas recicladas de refrescos, reutilizando sondas y empleando un concentrador de ozono a la mano, que todavía puede verse en los pasillos del Centro de Química: esos “purificadores de ozono” para filtrar el agua.

Hay varios diagramas e imágenes que ilustran el proceso de ozonizado; nosotros preferimos publicar aquí el que nos dibujó Andrea Mónaco en nuestra libreta, debidamente destartalada, para efectos de mostrar su sencillez:

Así de sencillo en su complejidad: en un envase se coloca el aceite vegetal (confesión al margen: más de una vez, para obtener esa materia prima, se empleó aceite de soya, maíz o girasol, proveniente de la bolsa del CLAP, aportado por algún científico o colaborador), que recibe un “bombardeo” de ozono proveniente de un generador, y éste a su vez recibe el gas vital de un concentrador de oxígeno.

Estos prototipos artesanales funcionaron en la pequeñísima escala que les permitía el escaso recurso disponible; los aceites obtenidos sirvieron para resolver algunos casos domésticos del entorno cercano de los científicos. Pero el objetivo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, del IVIC y de la Revolución, no podía limitarse a soluciones domésticas y familiares: es preciso producir a escala semiindustrial y luego industrial estos aceites, para abaratar su precio y para que esté disponible para la gente que lo necesite.

Informa Alexander Briceño, sub director del IVIC, y quien asumió la coordinación del proyecto hace tres años, que se ha establecido una alianza con la empresa Phoenix Ozono, que generadores de ozono, ya con materiales y piezas industriales (adiós a las botellas de refresco), y, en conjunto con el IVIC, han construido una primera planta de generación, capaz de producir aceites ozonizados en grandes cantidades.

Otros investigadores del IVIC que participaron en el proyecto en distintas etapas fueron marcos Ropero, Edward Ávila y Héctor Villalobos.


Cosas de muchachas

Brenda Gutiérrez y Andrea Mónaco, aquellas muchachas recién graduadas que durante 13 años vieron nacer, crecer y ahora coronar éxitos dentro del proyecto de producción de aceites ozonizados, sienten que valieron la pena unas cuantas decisiones de la juventud. Por ejemplo, estudiar una carrera cuyo solo nombre es capaz de espantar y destruirle los nervios a la mayoría de los jóvenes de todos los tiempos, en todo el mundo y en todas las épocas: Procesos Químicos.

“Los muchachos de mi edad le tenían terror en el liceo a Las Tres Marías; a mí me daban miedo las Humanidades”, confiesa Brenda, quien vive en Los Teques. Andrea tiene la misma apreciación: “Siento que ha valido la pena invertir tiempo y esfuerzo en un trabajo del que casi nadie habla, pero que ha dado frutos importantes”.

Brenda cuenta con orgullo que ha visto como un pequeño frasco de los pocos aceites producidos les ha resuelto problemas a su gente cercana. Entiende y espera que el gran salto que viene es que todo el mundo pueda comprar en las farmacias ese producto que ella ayudó a manufacturar. Es su orgullo y su expectativa.

Andrea tiene ese y otros motivos de orgullo. Hace cuatro años dio a luz y tuvo que lidiar con la doble condición de madre y trabajadora, “y usted no se imagina el sacrificio que eso significa”. Sus padres la apoyaron todo el tiempo; su papá prácticamente le preguntaba todos los días cómo iba el proyecto, qué había pasado, en qué se había avanzado. La hija le explicaba lo que podía y como podía cada pequeño triunfo y cada tropiezo.

Cuando finalmente el presidente Maduro anunció el éxito del proyecto y la próxima masificación de los aceites, el señor Honorio Moisés Mónaco Zambrano, papá de Andrea y fan entusiasta del proyecto ya no pudo verlo, porque falleció pocos meses antes de este anuncio. Sirva entonces el remate final de esta nota para homenajearlo y hacerlo parte de este triunfo.

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