Inicio Cómo va el mundo Lo más anticlimático del acuerdo climático

Lo más anticlimático del acuerdo climático

por Jose Roberto Duque
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Como ya por aquí todos o la mayoría sabrán, hace unos días finalizó en Glasgow, Escocia, la conferencia o reunión de presidentes y altos dignatarios de varios países que buscaba, pretendía o se supone que su misión era producir acuerdos para frenar la destrucción del clima, llamada también “cambio climático” y, un poco más certeramente, crisis o catástrofe ambiental.

La reunión, llamada genéricamente COP26, congregó a los países más ricos y contaminantes del planeta, bajo la observación o coordinación de las Naciones Unidas, y la presencia más o menos colérica de docenas de grupos y movimientos sociales de defensa del ambiente. En una reunión con esas características, a la que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, no paraba de asignarle la cualidad de “negociación”, no podía sino imponerse la lógica monstruosa y antinatural que propició el estado actual de devastación climática: el centro de las discusiones y “acuerdos” no fue la urgente necesidad de salvar lo que queda de respirable en la atmósfera terrestre, sino cuánto hay que pagarles a las corporaciones y países para que dejen de contaminar. Ah, pero eso sí: gradualmente.

De hecho, uno de los llamados o invitaciones a los países ricos es “duplicar los fondos para los países en desarrollo para ayudarles a adaptarse al cambio climático”. Pero hay que decirlo como es: ese punto específico consistió en “instar” (nada de obligarlos ni comprometerlos, no señor: es solamente pedirles por favor) a los países desarrollados a duplicar los fondos. Y esos fondos no serán destinados a la búsqueda o la promoción de fuentes y formas energéticas alternativas o no contaminantes. Nada de eso: la plata es para que los países pobres aguanten la pela por los efectos del cambio climático. Solo eso.

Aparte de lo anterior, hubo otro acuerdo, bastante aplaudido: hay que “aumentar significativamente el apoyo” a los países en desarrollo más allá de los US$100.000 millones al año. Cien mil millones de dólares a los países que más contaminan. ¡Para que dejen de contaminar? No: es solo para que puedan sostener su “calidad de vida” mientras van pensando en cómo dejar de usar combustibles fósiles y otros agentes de devastación.

El otro detalle que se comenta ampliamente es el llamado (es solo un llamado, nadie va a verificar que esto se cumple) para reducir gradualmente “el uso del carbón como fuente de energía y los subsidios a los combustibles fósiles ineficientes”. En una primera versión del documento decía eliminar gradualmente, pero China, India y otros países exigieron que no se les hablara feo. Así que no habrá eliminación del carbón (el mineral que más CO2 arroja a la atmósfera), solo eliminación gradual. Si a las potencias les da la gana.

Hay varios análisis que desmenuzan lo logrado y lo medio masticado en este encuentro, desde los más sencillos (como este de la BBC) hasta los más concienzudos y detallistas (por ejemplo, este de la gente de Climática), pasando por el aparentemente más sobrio y comedido, el de Naciones Unidas. Lo alarmante o revelador de este último es que no logra despojarse del sabor amargo de no haber logrado nada sólido. Así, en mitad de la lectura se encontrará usted con un intertítulo que anuncia: El resultado menos malo.

Es lo que hay, muchachonǝs.

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