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Mujeres, las víctimas del cambio climático

por Teresa Ovalles
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León Trotski señalaba que la mujer había sido “doble o triplemente esclavizada” en tiempos previos a la revolución. Iba más allá: “Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que

dispone no es capaz de ayudar a la mujer a avanzar por el camino del progreso social e individual”. Un siglo después, las mujeres siguen siendo víctimas de un ancestral patriacardo que se acentuó con el desarrollo del capitalismo.

Según Alok Sharma, presidente de la COP26, el 80% de las personas desplazadas por desastres y cambios relacionados con el clima en todo el mundo son mujeres y niñas.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otras agencias de la ONU, también son las primeras en sentir los efectos del cambio climático cuando tienen que recorrer distancias cada vez más largas para encontrar lo que necesitan para alimentar a sus familias.

Asimismo, aunque la degradación del medio ambiente tiene graves consecuencias para todos los seres humanos, afecta especialmente a los sectores más vulnerables de la sociedad, principalmente a las mujeres, cuya salud es más frágil durante el embarazo y la maternidad.

Y a pesar de todo ello, es limitado el reconocimiento de lo que las mujeres aportan o pueden aportar a la supervivencia del planeta y al desarrollo.

La desigualdad de género y la exclusión social no hacen más que aumentar los efectos negativos de una gestión medioambiental insostenible y destructiva para las mujeres y las niñas.

La persistencia de normas sociales y culturales discriminatorias, como el acceso desigual a la tierra, al agua y otros recursos, así como la falta de participación de las mujeres en las decisiones relativas a la planificación y la gestión de la naturaleza, hacen que a menudo se ignoren las enormes contribuciones que estas pueden hacer. La persistencia de normas sociales y culturales discriminatorias, como el acceso desigual a la tierra, al agua y otros recursos, así como la falta de participación de las mujeres en las decisiones relativas a la planificación y la gestión de la naturaleza, hacen que a menudo se ignoren las enormes contribuciones que estas pueden hacer.

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