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Casaberas, Realestatic y una apuesta por la soberanía

por Jose Roberto Duque
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Innovador a tiempo completo, ha diseñado y fabricado dispositivos que salía “más fácil” importar o dejar como estaban. De él dijo Chávez algo difícil de creer, en tono de broma. Y también, pero en serio, lo convocó durante el sabotaje petrolero para que ayudara a desenredar entuertos graves

Texto: José Roberto Duque / Fotos: Candi Moncada (salvo las imágenes referenciales y del archivo personal de Esteban Reales)

Al comandante Hugo Chávez le ocurrieron muchas cosas insólitas, inesperadas, a lo largo de su vida y de su etapa como conductor de la Revolución y del país. Una de esas cosas sorpresivas la anunció él mismo, de viva voz, en una alocución transmitida el 13 de diciembre de 2005 desde el Teatro Teresa Carreño. Palabras más, palabras menos, le informó al país que acababa de conocer a alguien capaz de derrotarlo en un ámbito o renglón en el que todo el mundo lo creía imbatible.

En un momento de su intervención dijo que le gustaría darle la palabra a un caballero a quien acababa de entregarle el premio “Luis Zambrano” a la Inventiva Popular, para que explicara en qué consistía su invento, pero “si yo le diera aquí unos minutos para explicarlo, agarraría tres horas. Porque habla bastante ¿no? ¡Habla más que yo, y rápido!”.

Diecisiete años más tarde (enero de 2022) una brigada reporteril de esta página fue a casa de Esteban Reales, se armó de valor y de una buena memoria para almacenar horas de audio y video, y le dio ese chance que el comandante no se atrevió a darle.

Una presentación de su planta de casaberas, premio “Luis Zambrano” 2005

El ingeniero, tecnólogo e innovador nació en Valledupar, Colombia, en 1949. Una serie de azares lo trajo a Venezuela, aquella Venezuela de 1972 que se preparaba para entrar en su primera etapa de bonanza petrolera. El joven Esteban, estudiante de Electrónica, quería ir a estudiar en la URSS, en la Universidad Patricio Lumumba. Pero el sentido común y las noticias del momento le indicaron que un título de la prestigiosa universidad le iba a cerrar más puertas de la que le abriría en un mundo repleto de Guerra Fría, así que decidió jugarse el tiempo y las energías por aquí.

Tenía amigos en RCTV, y en ese canal comenzó a trabajar como camarógrafo, primero, y luego tuvo la oportunidad de participar en uno de los saltos tecnológicos más notables de la década de los 70: la transición de la televisión en blanco y negro a la era del color.

Humanizar el proceso del casabe

Necesario salto de varias décadas, para llegar al tema principal de este abordaje. Con el tiempo aquel Esteban cumplió un papel central en la recuperación o retoma de las instalaciones de Yagua y El Palito durante el sabotaje petrolero (2002-2003); el propio Chávez lo llamó para que le explicara y resolviera un par de entuertos de difícil solución. Dos años más tarde se produjo el acontecimiento que le dio la oportunidad de estar cara a cara con el comandante, explicándole la importancia de sus innovaciones e invenciones. La que le hizo merecedor del galardón que honra la memoria de don Luis Zambrano es algo más que una fábrica de casabe: es una fábrica de fábricas de casabe. A ver por qué es importante y trascendental este aporte.

Detalle de una planta/fábrica de casabes (Foto cortesía de Esteban Reales)

La impresión que deja el Esteban Reales de la actualidad (enero 2022) es distinta a la que dejó aquel que entabló con Hugo Chávez más de una conversación. De manera serena, y con la paciencia suficiente para explicarnos algunas cosas complejas a los no iniciados, accedió a explicar los cómo, dónde y porqué de su aporte tecnológico. De entrada, revela el origen de su interés o punto de partida de su línea de investigación: su visita a casaberas tradicionales en Carabobo y los llanos, y la verificación de que el proceso convencional, artesanal y ancestral de producción de casabe es por muchas razones peligroso, antihigiénico, sofocante y agotador.

Los puntos críticos de ese proceso son: el calor que deben soportar los cuerpos de los trabajadores sometidos a horas de trabajo frente a fogones a leña, que exponen las partes reproductivas de mujeres y hombres a temperaturas de más de 90°C; el instrumental, procesos, equipos e implementos de trabajo, que aparte de la poca higiene que generan en las áreas de trabajo suelen provocar pequeños o graves accidentes (cortes en las manos con los rayos y cuchillos usados en los procesos manuales, mezcla de sangre y sudores con la mezcla para hacer las tortas, parálisis facial y otras dolencias por los cambios violentos de temperatura, otros), y en general el desgaste físico y las enfermedades profesionales que provoca la faena diaria en un ambiente donde no hay control de temperatura y otros factores.

“En las casaberas de La Negra” cuenta Reales, “otorgaron unos créditos para mejorar el equipamiento, y la mejora consistió en la colocación de una lámina completa de hierro para cocinar las tortas, y le metieron gas por debajo. El calor sofocante no solo lo reciben los trabajadores sino la gente que va al lugar a comprar casabe”.

Proceso artesanal de elaboración de casabe (foto Bernardo Suárez)

Con ese diagnóstico en mente el inventor comenzó a introducir mejoras. Se armó con láminas de aluminio y acero inoxidable y comenzó fabricando varias máquinas. En los primeros prototipos había que pelar y lavar la yuca manualmente, pero en pandemia perfeccionó el modelo y ya la planta incluye mecanismos que pelan y lavan, y además incluyen un dispositivo de rayos ultravioleta para eliminar bacterias y otros agentes contaminantes. Un sistema aislante en el área de cocción baja el calor de los más de 90 grados a solo 4,75, y ese solo detalle ya humaniza la parte culminante del trabajo, que es la elaboración en budare propiamente dicha. “Todo esto es un sistema automatizado, el único momento en que los operadores entran en contacto con el alimento es cuando introducen la materia prima al comienzo de la planta”.

¿Y dónde queda el ser humano?

En este punto de la charla no aguantamos las ganas de introducir una reflexión, o de problematizarle el discurso al tecnólogo. El planteamiento fue: tanta técnica y tanta asepsia, ¿no elimina el carácter humano y artesanal? ¿Sabe igual un casabe hecho por una máquina que uno manipulado por señores cultores y señoras herederas de tradiciones precolombinas?

Esteban Reales se defiende con la misma serenidad con que comenzó su exposición: “Estaba esperando que me preguntaran eso. Mi posición sobre los casaberos, esos señores que tienen toda su vida viviendo de su oficio, son unos héroes, merecen mi respeto; conozco a muchos que han levantado familias y convertido a sus hijos en profesionales, haciendo y vendiendo casabe. Mi intención es mejorarles el proceso, hacerles más soportable o agradable su trabajo. Por cierto que en esa mejora aprendí mucho de ellos. En una visita al oriente conversé con gente de los pueblos kariña, y allí tuve un aprendizaje importante. Los budares que yo había hecho al principio eran de auminio. Enonces una muchacha indígena de 19 años, estudiante de ingeniería, me dijo que eso no estaba bien, porque cocinar con aluminio puede ocasionar mal de Parkinson. Oí a la muchacha, le di las gracias y le dije: déjame investigar. Esa investigación duró tres años”.

Desde aquel prototipo que mereció y recibió el premio de manos de Chávez hasta las plantas que ya están ensambladas a la fecha (enero 2022) han ocurrido cambios drásticos. Luego de la advertencia de la estudiante kariña, Reales consiguió en préstamos unos equipos que “leen” la composición de los metales y las aleaciones. Tres años estuvo yendo a Barquisimeto a hacer corridas de fundición, hasta que dio con la aleación correcta (hierro, níquel, aluminio y otros metales en proporciones precisas). Cuando fue a visitarlo el Centro Nacional de Tecnologia Química ( CNTQ, ente que certifica toda maquinaria y proceso que procesa y manipula alimentos) se encontró con que las bandas transportadoras estaban ensambladas de una manera no adecuada, y eran de aluminio; tuvo que cambiar el material de las bandejas por un acero 304.

El tiempo de compresión de la yuca rayada tardaba mucho tiempo; lo mejoró primero a 47 minutos usando un sistema neumático, y luego a 9′:30” y 9’45”, con un sistema hidráulico. Después de extraído el yare (el líquido residual) queda una pasta parecida al queso, que es preciso rayar nuevamente y desmenuzarla en una zaranda, un sistema eléctrico que la sacude y la deja lista para hacer el casabe. La planta tiene indicadores y controladores digitales de temperatura.

“El casabe no lo vamos a hacer redondo sino cuadrado; cuando se hace redondo se pierde mucho producto terminado. Así que los budares son cuadrados. Después esa galleta se parte longitudinalmente, y entra a una gratinadora electromecánica, esto le da el color doradito, que es atractivo para el comprador”.

Asegura que este proceso de mecanización y automatización no disminuye sino que aumenta la cantidad de personas que trabajan. “Pero trabajan de verdad, todo el que opera los momentos en esta planta van a realizar una actividad productiva. En esas condiciones los hijs de los casaberos van a regresar a hacer casabe. No van a padecer con el calor, el trabajo es más grato. Y ya en Colombia, y en países del Caribe y África se están enterando de las ventajas de este sistema”.

Maqueta del funcionamiento del equipo para eliminación de electricidad estática

Estática y soberanía

Pero antes y durante la creación y pefeccionamiento de esta planta ya Reales había creado y puesto en marcha otros ingenios y aparatos tecnológicos. El más conocido o el más exitoso es un equipo electrónico para eliminar la electricidad estática; lo ha registrado con el nombre de Realestatic, y tiene varios ejemplares funcionando en la industria petrolera, en la sede de la aviación naval de Puerto Cabello y otros.

Equipo de eliminación de estática (detalle)

Este trabajo lo desarrolló con apoyo y financiamiento del Fondo Nacional de Ciencia, tecnología e Innovación (Fonacit). Un día le tocó presenciar el momento en que una gandola que llenaba su tanque de 36 mil litros de gasolina quedaba envuelta en llamas en el proceso de llenado, en la refinería de El Palito. El motivo del incendio es un estándar, es y debería ser del conocimiento de todo aquel que trabaja con combustibles: las máquinas y objetos en movimiento suelen cargarse de electricidad estática, que puede desencadenar deflagraciones en presencia de vapores inflamables. Nada que no pueda resolverse con un simple toque “a tierra”. Pero aun así siguen ocurriendo accidentes y gragedias por esta causa, en todo el mundo. Reales diseñó y fabricó un dispositivo que emite una alarma sonora y visual (un escándalo imposible de ignorar) cuando detecta electricidad estática en un lugar donde no debería haberla, y corrige la anomalía.

Cuando trabajaba en su dispositivo le preguntaron que para qué invertía tiempo y esfuerzo en diseñar un artefacto que ya estados Unidos lo fabrica y lo vende desde hace años. “Precisamente”, respondió Reales: “¿Hasta cuándo vamos a estar comprándoles a los gringos un aparato que podemos hacer aquí en Venezuela?”.

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3 comentarios

Esteban Reales 28 febrero 2022 - 21:17

Apoyar la inventina nacional ,es adquirir las invenciones que algunnos innovadores estamos desarrollando,para que el pais tenga tecnologia propia

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Fran morales 6 noviembre 2022 - 15:49

donde se consigue la maquina de hacer casabe

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Esteban Jose Reales Vides 16 noviembre 2022 - 12:24

Esto lo he hecho porque en la vida hay que sembrar ,hacer,corregir y aportar soluciones para el bien de la humanidad y el medio ambiente aun quedan mas innovaciones,Dios mediante.

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