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“La papa es el cultivo de resistencia”

por Jose Roberto Duque
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**Hay que hacer todo lo posible por no permitir que retrocedamos otra vez al cuento de importar semilla de papa de Canadá ni de ningún lado
**Hay papas que responden al perfil del agricultor, y que tiene los nombres del agricultor, por ejemplo hay una papa negra Dorilera, porque es del señor Dorilo, solo la tiene él

Roberto Malaver / Fotos Jesús Arteaga

Liccia Romero va sembrando el conocimiento a lo largo de su exposición. Es Bióloga. Graduada en la Universidad Simón Bolívar –USB–. Con una maestría y un Doctorado en Ecología Tropical. También es profesora universitaria. Una caraqueña que se quedó a vivir en Mérida.

¿Por qué se les llama Abuelas rebeldes?

–Eso es una manera de referir lo que fueron los actos de resistencia que tuvieron las señoras ya mayores, o abuelas, ellas fueron las personas responsables de familias con hijos pequeños, en una época que comenzaba la modernización en los Andes venezolanos. Esa modernización incluyó para el sector agrícola un cambio importante en el patrón productivo. El nuevo patrón productivo llevó a las familias de los altos Andes, específicamente de los páramos, a cambiar lo que era su modelo tecnológico de producción, que se basaba en la agricultura con descanso. Ellas fueron rebeldes porque en primer lugar no abandonaron la agricultura con descanso, no solo no la abandonaron sino que se la enseñaron a sus hijos, y mantuvieron eso como un sistema que pervive todavía en buena parte de esos páramos, y además de su sistema productivo conservaron los materiales de las semillas nativas, no solo de papa sino también de otros tubérculos de origen andino. Incluso conservaron variedades que no son nativas pero son históricas, como trigos antiguos, habas antiguas, y todo eso hoy, dentro de de la crisis de ese modelo moderno, ha venido a ser una alternativa para ellos mismos y para otras comunidades.

¿Por qué usted dice que ellas descubrieron la trampa?

–Claro. Ellas descubrieron la trampa que era quedarse sin la semilla, porque significa que continúas siendo agricultor pero al cambiar ese patrón, una de las cosas que cambia es el tipo de semilla, es decir de tubérculo. En este caso se usan tubérculos de variedades o de híbridos más bien, de crecimiento rápido que ya no están bajo su control de producción, sino que vienen de afuera, por una vía comercial. Ellos necesitan dinero para poder acceder a esa semilla, y no solamente la semilla, sino a todo el paquete de agroquímicos con el cual esa semilla convive para poder crecer, para poder fructificar y tener cosecha abundante. Entonces, qué pasa, que ellas se dieron cuenta de que si se quedaban sin esa semilla, iban a quedarse ellas sin comida, porque además, estamos, para esa época, con un ambiente con un fuerte sesgo patriarcal, los que iban a trabajar afuera eran los hombres, y los que iban a ganar dinero eran los hombres, por lo tanto ellas iban a quedar más dependientes de los hombres, del salario de los hombres, porque entraron a un régimen salarial. Ellos antes trabajaban sobre todo con figuras de intercambio, esa figura de trabajo solidario colectivo, con los cuales se podían apoyar, y teniendo la semilla, el trabajo y el agua, y los nutrientes los provee el suelo, estaban allí. Al quedarse sin la semilla se quedaban sin su propio paquete productivo y pasaron a depender de terceros. Entonces fue muy inteligente quedarse con la semilla porque no renunciaron a su autonomía de producción alimentaria.

¿Fue un proceso de resistencia?

–Sí. Resistencia, porque no fue que ese cambio hacia la modernización agrícola fuese en unos términos amables para ellas, eran unos términos en los que sus formas productivas comenzaron a ser etiquetadas de formas atrasadas, improductivas, interpretaban que era un dispendio territorial, porque la agricultura con descanso dejaba, bajo la visión ignorante del modernismo, las tierras abandonadas, o tierras en descanso, como la llamamos nosotras. Para nosotros desde la ecología son procesos de generación que están ocurriendo allí y eso es parte del proceso productivo, la regeneración.

Y ¿esos saberes se están trasmitiendo en este momento?

–Sí, claro. Esos saberes van pasando de sus hijos a los nietos. La intervención nuestra viene en un momento en que nosotros nos encontramos con los hijos de ellas para reforzar frente al discurso que reciben sus nietos, o los hijos de sus hijos, viabilizados principalmente a través de la escuela, que en la escuela les enseñan con estos términos: “si no quieres ser un campesino como tu papá, tienes que estudiar y ser alguien, o sea, dejar de ser campesino”. Nosotros venimos a intervenir para crear ese puente y que los que recibieron esa enseñanza se levantaran sobre ese discurso subestimatorio y fueran capaces de trasmitirlos a sus hijos, y eso es lo que está ocurriendo ahorita.

Y ¿qué es el tinopó?

– El tinopó es una forma del manejo de la papa. Es una manera en la que la semilla queda en la tierra. Tienes la parcela de cultivo, cosechas una parte de la papa, la arrancas, pero hay una parte que queda en el terreno, pero no queda porque son descuidados, como pensaban los otros, “esos son descuidados y dejan la papa en el terreno”: ellas la dejan ex-profeso, o sea, la dejan para que siga un ciclo reproductivo en tierra, y puedan manejar simultáneamente una parcela que produce para el consumo y un semillero. Pero además, fíjate cuál es la importancia del tinopó dependiendo dónde esté ubicado: puede estar ubicado al lado de la casa, y entonces es un sitio donde tú tienes papa todo el año, porque es una manera de defender en el tiempo la papa que está disponible para el consumo. Mantienes la semilla. Pero si ese tinopó está ubicado en terrenos alejados, a varias horas de camino, incluso, en zonas más altas, donde hay áreas silvestres que lo rodean, esas papas que están allí, comienzan un proceso de progresión genética, comienzan a cruzarse con la papa silvestre, y allí es donde se genera la diversidad. Entonces ellos suben, arrancan papas de ahí, traen, la seleccionan y vuelven a crear nuevas variedades, es un laboratorio de diversificación

Bernabé Torres, guardián de semillas de Gavidia

¿Esa papa es patrimonio alimentario de los Andes?

–En el caso del IPC –el Instituto del Patrimonio Cultural– en el 2015 creó una declaratoria, hizo un decreto, pues, que se llama declaratoria del Patrimonio Cultural Inmaterial de los saberes sobre las semillas nativas de la comunidad de Gavidia. Esa declaratoria reconoce los saberes, los materiales físicos, biológicos, y están protegidos más que todo por la ley de semillas, que también se aprobó por cierto en el 2015. ¿Qué es lo que tiene de resaltante esa declaratoria? que establece lo que se llama el plan de manejo, que es todo lo que hay que hacer para que ese patrimonio cultural e inmaterial, se transfiera y continúe su proceso de enriquecimiento a generaciones futuras. Por eso también tenemos un componente educativo fuerte allí, a través de las comunidades de aprendizaje nos aliamos con el sistema nacional de estudios abiertos y tenemos allí una comunidad de aprendizaje. Entonces en esa comunidad de aprendizaje el eje vertebrador de la columna son los saberes, claro, después cada quien se inserta desde el punto de vista particular, salud, turismo, acuicultura, pero lo que transversa allí esa comunidad de aprendizaje es eso: saberes que forman parte de ese plan de manejo que estamos siguiendo en el sitio.

¿Todo eso se produce en Gavidia?

–El centro es Gavidia. Gavidia está en un parque nacional, entonces no puede ser un espacio de producción intensiva, es un espacio de diversificación y creación de opciones de diversificación. ¿Qué es lo que estamos haciendo?, llevando esos materiales a todo el proceso que está llevando adelante la asociación campesina, el que lleva la voz cantante es Proinpa, la Asociación de Productores Integrales del Páramo, que tiene un laboratorio que se llama CEBISA, en Mucuchíes, y allí, planificando técnicas de cultivo de tejidos, y propagación invitro, se reproduce esa semilla para poder tener una cantidad de semillas para reproducir y masificar, y escalar. Lo que no se puede hacer es escalar, porque tú no puedes ir a talar todo un montón de terreno para sembrar montones de papa, sino especializar.

Y ¿cómo escalas entonces si no puedes hacerlo en Gavidia?

–Tienes que bajar la papa de piso para donde haya extensiones de áreas que no sean áreas protegidas, que tengan aptitud para producir semillas, y por eso estamos haciendo todo ese tejido de los núcleos semilleristas para que haya organización social, responsabilizada y especializada en la semilla.

Usted citaba a Bernabé, un campesino que parece que se las sabe todas…

–Bernabé es uno de mis compañeros más queridos. Él fue la persona con la que comencé a trabajar, tuvo mucha apertura y tenemos una identidad muy grande. Él es campesino, y todos ellos son especiales, cada uno tiene su personalidad, él es un domesticador. Esas papas que están en esos tinopó hay que hacerles como un proceso de domesticación, porque ellas están “asilvestradas”, entonces él les va creando lo que se llama un paramito, él las va bajando de piso, y ellas van teniendo una transición en varias vueltas de cosecha, hasta que ya las trae a la parcela donde él las va a multiplicar masivamente, y las va a seleccionar, y las va a tratar de unificar fenotípicamente como papa con un nombre, él les pone un nombre y la bautiza. Ese proceso de domesticación, que por cierto, la gente que trabaja en las corporaciones que se dedica, no a diversificar la papa sino a homogenizar la papa, y los cultivos en general, no lo conocen. Es una habilidad y un saber que no lo tiene cualquier persona… reconstruir con él todo ese proceso y ayudarlo a él, e interactuar juntos en que él se hiciera consciente de que eso es un saber muy poderoso, ha sido una de las cosas que a mí más me ha encantado en esta vida, de verdad.

Ejemplares de papa negra cosechados por Benabé Torres (Gavidia, diciembre 2021)

¿Cómo se benéfica el país de esa papa?

–¡Imagínate! Potencialmente tiene un montón de genes para crear la papa, la superpapa que tú quieras. Todos esos son genotipos que una vez que se expresen van a tener potencialidades para muchas cosas.

¿Es decir que nosotros podemos resistir una guerra comiendo esa papa?

–Eso es como a futuro. En la historia de los Andes la papa es el cultivo de resistencia. La papa es un órgano de almacenamiento, órgano de resistencia. La planta guarda sus reservas energéticas para sacarlas cuando ella las necesite. Pero además, estas papas negras, que ellos no la llaman negra solo por el color, sino también la llaman papas de año. Son papas que demoran mucho en la tierra para salir, no salen a los 90 días como la papa blanca. Yo pensaba que el adjetivo de papa de año, era porque se echaba un año para recoger, pero no, las abuelas me aclararon eso: se llama papa de año porque usted la puede guardar en un cuarto hasta un año, y tiene comida, o sea es de alta resistencia.

Hay muchas variedades de papa…

–Claro. Lo que pasa es que nos han educado para que comamos solo las que son más comerciales. Esa que llaman la papa amarrilla, o colombiana, está bien que le digan colombiana porque si pensamos en la Gran Colombia, bueno, de la Gran Colombia bolivariana sí, porque también es de los Andes del norte, donde también estamos nosotros históricamente. En nuestros páramos esa papa se llama papa reinosa, y hay varios tipos de reinosa: de flor blanca, de flor morada. Hay una diversidad, entonces nosotros creemos que esa es la papa de los colombianos, pero no, esa papa es nuestra.

Y ¿qué pasa con la papa negra, o arbolona negra?

–Si tú te reconoces como un cultivador de papa negra, es porque tienes las papas nativas, y entonces hay especialidades, por ejemplo, hay papas que responden al perfil del agricultor, y que tiene los nombres del agricultor, por ejemplo hay una negra Dorilera, porque es del señor Dorilo, solo la tiene él.

¿Esa papa abunda ahí?

–Hoy día abunda en Gavidia, porque nosotros nos hemos encargado. Eso estaba incluso restringido a algunas familias de Gavidia.

Que se daban el lujo de comer esta papa…

–Inicialmente ellos no lo veían como un lujo, ese era el problema, ellos lo veían como los que nos quedó. Cuando se hicieron conscientes de que era un privilegio fue cuando comenzamos a inventar todo eso del Eco Festival de la Papa Nativa. Vamos a llevar nuestra papa a otra gente, de la iniciativa de venir a proponer que se creara esta declaratoria como patrimonio cultural inmaterial porque la idea era, bueno, saquémosla, pero necesitamos mecanismos de protección, porque ni cortos ni perezosos, en lo que comenzamos a hacer medio bulla con esto, adivina quién nos cayó: Frito Lay, su representante en Canadá me llamó personalmente, diciéndome que quería tener acceso al germoplasma nativo, entonces acudimos a esta declaratoria como un mecanismo de protección contra la privatización y sus posibles intentos.

¿Y Liccia Romero sigue sembrando con fe?

–Sigo trabajando con ese grupo de familias y esa relación de hermandad que nos dice que estamos juntos en una causa, y que somos solidarios en esa causa. Y con la Alianza Científico-Campesina estamos más fuertes. Y hemos recibido mucho apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la comprensión de la dimensión de este trabajo la encontramos en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, no así en el Ministerio de Agricultura y Tierras. La dimensión de las inversiones que ha hecho el Ministerio de Ciencia y Tecnología para toda esa estructura de laboratorios que hay en Mucuchíes, se pierde de vista. Eso es un potencial enorme. Por eso yo proponía la gestión enraizada en comunidades, porque tú tienes en el territorio todos los componentes para esa gestión, tienes los campos de diversificación con la sabiduría ancestral, desde donde sale todo ese potencial de diversidad, en la operatividad agroecológica requerida, porque, por ejemplo, el Centro Internacional de la Papa, también tiene su banco de germoplasma, pero todos esos bancos de germoplasma son como fotos de la evolución agroecológica que se detienen ahí. Ellos tienen que sacar esos materiales a refrescarlos, para que sean vivos otra vez, y vuelvan a hacer lo que hace el tinopó. Eso ahí es como una foto detenida, entonces esta gente hace ese trabajo, esa es su vida… Tienes el laboratorio de tecnología ahí, formado con gente de ahí, y tienes la red social de multiplicadores de esas papas, pisos abajo, donde en forma mucho más apropiada se puede hacer esa masificación, ahora lo que necesitas es una política que apañe y afiance todo eso. Y que por ejemplo no permita que retrocedamos otra vez al cuento de importar semilla de papa de Canadá ni de ningún lado.

Ahorita no lo estamos haciendo.

–No lo estamos haciendo pero hay fuertes presiones para arrinconar a nuestros gobernantes para que vuelvan otra vez con la cosa de las importaciones. En la época de oro de la importación de semillas de papa, hay anécdotas de personas que nos contaron que viviendo en Canadá se hicieron millonarias, escúchame bien, fabricando las cajas de pino de las semillas que importaba Venezuela. Chávez contó, lo recuerdo como si fuera hoy, en uno de sus primeros Aló, Presidente, que el primer ministro de Canadá lo había llamado para felicitarlo por su investidura, y que el juraba que era para eso, y no era para eso, era para recordarle que firmara el acuerdo de renovación del contrato de importación de semilla de papa en Venezuela.Hay en este momento una incorporación de nuevos actores que son los hijos de los hijos, que están empezando a asumir la coordinación de la cooperativa. Y creo que se está creando una oportunidad de fortalecimiento y recreación de todos esos saberes en las nuevas generaciones.

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1 comentario

José Aguiar 15 marzo 2022 - 14:41

Excelente entrevista y la entrevistada una persona hermosa, comprometida con las cosas bellas de la vida

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