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Simón Rodríguez y la química

por Jose Roberto Duque
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Alí Ramón Rojas Olaya

La tabla periódica es una matriz, publicada en 1869 en Alemania por el ruso Dmitri Mendeléyev (1834-1907), en la que se ordenan los elementos químicos. El filólogo alemán Theodor Benfey (1809-1881) decía que los elementos de la tabla “son el corazón de la química, comparables a la teoría de la evolución en biología (que sucedió al concepto de la Gran Cadena del Ser), y a las leyes de la termodinámica en la física clásica”.
Simón Rodríguez no la conoció, pero sí estudió la obra de Antoine Lavoisier (1743-1794): “…Permanecí en Europa por más de veinte años; trabajé en un laboratorio de química industrial, en donde aprendí algunas cosas”. El estudio de la tabla periódica de los elementos es vital para entender la geopolítica, ya que los imperios se hacen poderosos en la medida en que saquean las riquezas naturales de los territorios que invaden. Estados Unidos necesita colocar títeres en las neocolonias de su “patio trasero” (o “patio delantero” según Biden) para facilitar el latrocinio.
Gobiernos con fantoches como los venezolanos Juan Vicente Gómez, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Carlos Andrés Pérez, el boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, la nicaragüense Violeta Chamorro, los neogranadinos Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Ivpan Duque, los mexicanos Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, el panameño Ricardo Martinelli, el guyanés David Granger, el chileno Sebastián Piñera, el argentino Mauricio Macri, los brasileños Michel Temer y Jair Bolsonaro y el peruano Pedro Pablo Kuczynski, entre muchísimos otros, ponen en bandeja de plata los caudales de los subsuelos de los territorios de sus pueblos.
No sólo en Latinoamérica y el Caribe Estados Unidos coloca sus fantoches, también lo hace en Europa, Asia y África como es el caso del judío pronazi Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, Andrzej Duda, presidente de Polonia. el rey de Arabia Saudí Salmán bin Abdulaziz y el rey Mohamed VI de Marruecos.
En 1836 Estados Unidos continuó sus ansias expansionistas en territorio mexicano. El primer paso fue crear una campaña mediática en Texas propiciando un falso regionalismo. Luego colonizaron algunos lugares despoblados con la raza blanca (para evitar esto uno de los puntos del proyecto de Simón Rodríguez es “colonizar el país con sus propios habitantes”).
El ejército estadounidense invadió por la zona comprendida entre el río Nueces y el río Bravo y por los estados mexicanos de Alta California y Nuevo México. Como resultado Estados Unidos crea la República de Texas que existió entre el 2 de marzo de 1836 y el 29 de diciembre de 1845, cuando se produjo la anexión oficial de Texas a los Estados Unidos de América. En 1848 Estados Unidos no solo le arrebata a México Alta California y Nuevo México e impone los estados de Nuevo México, Arizona, Nevada, Colorado y Utah, sino que demanda al gobierno mexicano una indemnización por los daños causados en Texas durante “su guerra de independencia”. Estados Unidos le arrebata a México el 55% de su territorio preñado de oro, plata, cobre, petróleo y plomo. El 26 de noviembre de 1847 Simón Rodríguez escribe: “los angloamericanos se tragaron a México como un pastelito”.
¿Por qué Vietnam? Porque en la patria de Ho Chi Minh hay hierro, zinc, cromo y estaño. ¿Por qué Afganistán? Porque allí hay grandes yacimientos de litio. ¿Por qué Ucrania? Porque tiene gas, es el quinto país productor de titanio en el mundo y el décimo en poseer acero. ¿Por qué Yemen? Porque Yemen, Djibuti y Eritrea comparten el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los puntos más importantes del mundo en lo que se refiere al petróleo por los millones de barriles con que Arabia Saudita inunda el mercado europeo y asiático. ¿Por qué Siria? Porque posee reservas de gas natural, sal gema y fosfatos, y sus oleoductos la sitúan en una posición estratégica entre el Medio Oriente y Europa.
¿Por qué Latinoamérica y el Caribe? Porque en esta vasta región circula 25% de todos los recursos naturales y energéticos que necesita Estados Unidos: 27% del carbón, 24% del petróleo, 8% del gas, 5% del uranio y casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata. Bolivia tiene 65% de las reservas mundiales de litio y Chile 25%. Los principales productos mineros del Perú son la plata, el cobre, el zinc, el estaño, el bismuto y el teluro. La patria de Neruda es el mayor productor de cobre del orbe. Paraguay es considerado uno de los primeros países con industria minera de Sudamérica, porque en el siglo XIX ya producía hierro, magnesio, arcillas caolínicas, calizas dolmitizadas, rocas ornamentales, piedras semipreciosas y materias primas para fertilizantes inorgánicos. Las cuencas acuíferas de Nuestra América contienen 35% de la potencia hidroenergética mundial.
¿Por qué Venezuela? Porque la Faja Petrolífera del Orinoco almacena la mayor cantidad de petróleo del mundo, porque en su subsuelo hay gas, porque en el arco minero hay oro, aluminio, cobre, níquel, hierro, plata, plomo, zinc, mercurio, calcio, magnesio y manganeso. Además, Venezuela es el quinto productor del mundo de torio (Th), elemento químico radiactivo definido como un ‘combustible nuclear limpio’ llamado así en honor de Thor, el dios nórdico del relámpago y la tormenta.
¿Por qué Estados Unidos anda detrás del torio venezolano? Porque sirve como combustible nuclear, de catalizador en química orgánica y de agente de aleación en estructuras metálicas, con él se fabrican electrodos especiales para soldadura, filamentos de lámparas eléctricas y lentes de alta calidad para instrumentos de precisión ya que el óxido de torio añadido al vidrio mejora sus propiedades difractivas. El criptoactivo Petro está respaldado por los elementos de la tabla periódica que están en el campo número uno del Bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez.
¿Por qué Ucrania? Porque este país del centro de Europa cuenta con importantes reservas de minerales como titanio, hierro y galio, muy importante en la fabricación de semiconductores.
Los libros, dice Simón Rodríguez, “no son para ostentar ciencia con los sabios, sino para instruir a la parte del pueblo que quiere aprender, y no tiene quien la enseñe”. Esto aplica al conocimiento que debemos tener de la tabla periódica de los elementos. “Conocer la naturaleza en cuanto nos es permitido es un deber porque estamos rodeados de cosas, y sorprendidos por accidentes, que llamamos circunstancias, y viendo fenómenos que podemos, y que, en muchos casos, nos conviene saber explicar.
Dependemos de las circunstancias, luego, es menester acostumbrarnos a obedecerles. Si en el colegio se enseñaran ciencias exactas y de observación, los jóvenes aprenderían a apreciar lo que pisan, y se abrirían muchas carreras. Con Latín, Leyes y Teología, no ganarán de que subsistir, o subsistirán entre privaciones y escaseces. Con Conocimientos en Historia Natural, apoyados en los de Física y Química, serían agricultores instruidos — arrendarían las haciendas del colegio, y otras — tendría el colegio sus rentas seguras y ellos preferirían la vida del campo a la de los poblados, porque se distraerían con utilidad.
Conociendo los minerales, podrían emprender cateos de metales más útiles que el oro y que la plata, como hierro, plomo, estaño, cobre, zinc, platina, manganesa y otros. La plata y el oro halagan la avaricia, y al cabo empobrecen al minero: porque, las vetas se pierden o se agotan, y él sigue buscándolas, como perro hambriento, que, después de haberse tragado el bocado, se queda olfateando el lugar donde lo halló”. Esto aplica a las potencias imperiales: “España y Portugal se atrasaron por estar esperando riquezas: la una de México y el otro del Brasil”. Como estos perros hambrientos quedarán los transnacionales si siguen enfermas de esa “sed insaciable de riqueza”.

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