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“Nanoejércitos”: agroecología para la liberación

por Jose Roberto Duque
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A Wilfrido Gil lo captó en su juventud la agroindustria más tóxica, pero decidió poner su saber y talento al servicio del planeta

Nelson Chávez Herrera / Fotos: Leorana González

A diferencia de los biólogos mortíferos, interventores malintencionados del genoma de las semillas vegetales, adaptadores de químicos como el “agente naranja” o el glifosato para fines agrícolas, sirvientes de las trasnacionales y la dominación de su tóxica agroindustria, Wilfrido Gil ha dispuesto sus investigaciones para mejorar la vida en el planeta, producir alimentos sanos, recuperar las semillas culturales ancestrales y liberar al campesinado de la dependencia químico sintética. Ha probado que es posible producir agroecológicamente en grandes extensiones, apoyado en un ejército de hongos cultivados, desarrollados e inoculados por él mismo: los Bioprotectores. Protectores contra los hongos malos y los agentes contaminantes, orientadores de la fertilidad de la tierra hacia la biodiversidad de sus orígenes.

La defensa territorial y el proceso de liberación ha sido llevado por Wilfrido Gil hasta el plano biológico. ¿Soberanía alimentaria?: sustituir la agricultura tóxica es un asunto de supervivencia.

Desde Tovar hasta el final del rapto

En su traza parecen acumuladas la agricultura entendida como el amor por la tierra y su defensa, la educación liberadora, el razonamiento del científico, la lógica militar, la mirada atenta en los caminos. Wilfrido Gil Contreras nació el 28 de febrero de 1965 en la ciudad de Tovar, Mérida, en tierra de guaraques, timotes, cuicas, agricultores ancestrales y guerreros bailadores. Su madre, Pastora Contreras, sigue siendo educadora; su padre, Gustavo Gil Suárez, era “médico mecánico”, equivalente de la época a ingeniero. En línea materna su tatarabuelo fue Eleazar López Contreras; por genealogía paterna viene de familia de arrieros, y su linaje entronca con el Mecho Gil, uno de los revolucionarios de Maisanta.

Entre Tovar, Mérida y Caracas, Wilfrido Gil se hizo bachiller. Llegó a la capital del país a los 14 años, y a los 16 ya estudiaba biología en la Universidad Central de Venezuela. Se graduó de licenciado en 1989, vivió el Caracazo, e inmediatamente una trasnacional de alimentos llamada Randolf, lo sustrajo del país. Se lo llevó a Europa para emplearlo como “supervisor de lote” en una planta productora de alimentos cultivados en invernaderos y establos, donde demostró su inteligencia aumentando la producción de lote, de un 0,01 por ciento progresivamente, hasta llegar a un 3 por ciento –cifra astronómica en trasnacionales.

Llegó a manejar 21 módulos de producción de hortalizas, a coordinar el trabajo de 17.000 personas. Pero al muchacho no lo habían “cogido a lazo”. Wilfrido Gil entendía perfectamente el significado de la expresión “fuga de cerebros”: un secuestro. “Qué te puedo decir yo del extranjero. Esas empresas te encierran, te aíslan, te llenan de trabajo para evitar que tengas compañía, que tengas contactos, que puedas filtrar información. Ellos me saturaban de trabajo para que no me quedara nada, pero yo los saturé con que quería seguir estudiando. Antes que ellos me explotaran, yo los exploté a ellos”.

Por cuenta de la compañía Wilfrido estudió varios posgrados. “Alta producción a nivel de horticultura”; “Cultivos flotantes: siembra de hortalizas y peces en aguas territoriales del Pacífico”, los dos en la Universidad de Vigo; más uno en “Ictiopatología” (enfermedades de peces), en la Universidad de Algarbe (Portugal).

“Lo primordial para innovar es preguntarse por el porqué de las cosas. ¿Por qué estudié ictiopatología? Porque las enfermedades de los peces son idénticas a las de las plantas. Necesitaba más sapiencia sobre los endopatógenos y podía avanzar más sabiendo cómo se comportan en el agua, donde son más difíciles de controlar. El desarrollo de patógenos en el agua es de minutos, en tierra puede tardar días. En el mundo acuícola todo es mucho más acelerado: el engorde, el desarrollo, la reproducción, el cuido de ovas, larvas, alevines. Cuando di el paso del agua al suelo todo fue más fácil”.

Sus estudios de profesionalización hicieron avanzar la producción de la compañía con nuevas ideas, nuevos conceptos, pero Wilfrido Gil tenía expectativas más grandes y humanitarias. “Yo le renuncié a la compañía cuando vi que no podía avanzar más”. Era el momento de regresar. Afortunada o calculadamente se había cuidado de no extrañarse o enajenarse del producto esencial de su trabajo: trajo de vuelta consigo todo el saber acumulado. Verdadera repatriación de capitales.

Los Bioprotectores entran en combate

La creación principal de Wilfrido Gil son los Bioprotectores. Estos hongos se encuentran en la naturaleza, pero él los cultiva, los reproduce e inocula con bacterias compatibles, velando la preservación de las especies, generando su simbiosis para un fin determinado. Los Bioprotectores pertenecen al complejo mundo de las nanociencias y nanotecnologías; un mundo microscópico (un nano -nm- equivale a la millonésima parte de un milímetro) donde se han logrado en los últimos años importantes avances en las ciencias de la salud, la información, la comunicación, los nuevos materiales.

Los Bioprotectores actúan en la tierra de cultivo como una multitud de nanocampesinado, nanocombatientes o nanoduendes. Después de caer en la tierra arada para la siembra, por la humedad y su constitución como organismos unicelulares, los Bioprotectores se multiplican de uno a dos millones, toman control del territorio, equilibran el ecosistema, preparan la defensa contra el ataque de los hongos malos y estimulan los micronutrientes naturales presentes en el suelo.

“En Venezuela se han tipificado alrededor de 136 hongos buenos de los cuales se han desarrollado hasta el momento alrededor de 47. Si vamos a las selvas nubladas de Mérida o del Amazonas encontramos los mismos hongos con las mismas propiedades, protegiendo la naturaleza. De muchos todavía no se conoce el uso, pero en general operan en beneficio de la biodiversidad, en beneficio de la salud humana, de hecho, algunos como los bacilos, son utilizados en medicina. ¿Por qué, viendo este ejemplo, no lo aplicamos a los cultivos? Yo he recopilado unos treinta y cinco tipos de hongos, pero no solamente los he recopilado, hice lo más difícil, pude unirlos para que trabajen en un mismo fin, sin que uno se coma al otro. ¡Cuando tú no tienes recursos, tienes que fabricar tus recursos!”

Estos hongos se reproducen en cápsulas de laboratorio especiales para el cultivo de bacterias, pero Wilfrido sustituyó estas “tasas” importadas, por frascos de mayonesa purificados con un esterilizador de teteros. En estos envases cultivó los patógenos que, posteriormente, inoculó en granos de arroz para reproducirlos. La inoculación ocurre cuando un agente patógeno entra en un espacio de hábitat firme, apto para su reproducción. Los granos de arroz son especiales para esto porque, además de contener azúcares, mantienen la humedad.

Foto: cortesía de Wilfrido Gil

Sin embargo, esto es pasado para nuestro biólogo inventor. De la etapa de laboratorio –confiesa sonriente– solo le queda la joroba, por andar agachado tantos años frente al microscopio. Ahora inocula los Bioprotectores en terreno, en un material parecido a la arcilla, donde los hongos o patógenos se multiplican hasta hacerse millones de Bioprotectores que luchan sin tregua contra los hongos dañinos y los insectos perjudiciales para la siembra, mientras estimulan los micronutrientes naturales del suelo, liberan la tierra de agentes contaminantes y los transforman en nitrógeno, un fertilizante natural.

El proyecto de vida de Wilfrido Gil Contreras se llama “Frutos frescos, sanos”, básicamente porque la producción agroecológica no contiene químicos. Guiado por estos fundamentos y objetivos, ha producido y produce agroecológicamente desde hace varios años, en la Mesa de Guanipa, cultivos extensivos de patilla, pimentón, tomate, cebolla, ajo, papá, maní, con resultados sorprendentes. “Cultivar con Bioprotectores es 10 veces más económico que sembrar con agrotóxicos. Los productos son mejores, pueden producirse cantidades suficientes para satisfacer la demanda nutritiva nacional sin problema e incluso, podría exportarse, pues en el mercado exterior, estos productos son mejor valorados”.

Foto: cortesía de Wilfrido Gil

“Si yo puedo generar frutos frescos, sanos, estoy generando salud. Yo he desarrollado en forma de productos treinta y cinco Bioprotectores que harían cambiar la vida en el planeta, la forma de producir, la manera de alimentarnos, la forma de pensar. Si naciste en este planeta, por qué no conservar el hábitat. Porque díganme: ¿cómo se come el cemento? Si alguien me dice cómo se come el cemento, si se comprueba que el plástico y el cemento son alimento, yo estoy perdiendo el tiempo…”.

En una próxima entrega sobre este tema y sobre el trabajo de Wilfrido Gil Contreras, se describirá paso a paso el método de siembra agroecológico desarrollado con los Bioprotectores. Conoceremos su dictamen sobre las semillas intervenidas genéticamente y sobre la producción o generación de una semilla criolla, cultural, ancestral. Así como su opinión sobre los principales obstáculos para la implementación del cultivo agroecológico actualmente en el país. Luego de esto compartiremos sus contactos, para quienes deseen empezar a liberarse de los químicos sintéticos, ahorrarse unos reales y producir alimentos frescos, sanos, libres de venenos cancerígenos.

Foto: cortesía de Wilfrido Gil
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