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Sinfonía del sobreviviente: coraje sobre ruedas

por Jose Roberto Duque
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Una bala lo redujo a una silla de ruedas hace 42 años. Ahora, a los 72, se desplaza por Maracay en un triciclo motorizado hecho por él mismo. Ha hecho otros para sus amigos con discapacidad. Su innovación puede mejorarle la vida a miles de personas en su condición

José Roberto Duque / Fotos: Leorana González

Cecilio Berroterán, nacido en 1949, fue taxista en Maracay durante buena parte de su juventud. En los años 70 llegó a tener cuatro carros con los que se rebuscaba, y no le iba nada mal. Un día de 1980, estrenándose en los 30 de edad, iba en su Ford viejito pero respondón, y atendió a la seña de un hombre que le pidió una carrerita; negoció un precio con el pasajero y emprendió el recorrido hacia la avenida Francisco de Miranda. Se detuvo frente a la luz roja de un semáforo cualquiera, y ahí tuvo lugar el drama que le cambió los planes, la vida, el ritmo, la perspectiva del mundo.

“Yo creo que ese muchacho estaba nervioso”, recuerda Cecilio 42 años después, ya sin una gota de dolor, rencor o tristeza, “porque yo hice todo lo que me dijo: abrí la puerta, me bajé, me iba a alejar del carro como él me ordenó, pero igual me pegó un tiro que me entró por el lado derecho. Lo más seguro es que se le haya escapado ese tiro”.

El proyectil le lesionó una vértebra lumbar, y a partir de entonces ya no volvió a tener el control de la parte baja de su cuerpo.

Si me hubiera quedado en la cama…”

No estaban programados el encuentro ni la entrevista. Simplemente, de pronto, en la resolana de un domingo a fuego maracayero, lo rebasamos mientras rodaba en su insólita moto-triciclo-silla de ruedas por una avenida del sector Coropo, y nos paramos más adelante a esperarlo. Cecilio se fue acercando, desplegó una sonrisa amistosa cuado le hicimos una seña para que parara (otra vez, un desconocido invitándolo a parar). Le pedimos permiso para hacerle fotos y videos, y el verbo del hombre fluyó sereno y franco.

Hace diecisiete años fabricó su primer modelo, a partir de una silla de ruedas; cambió las dos ruedas de atrás e hizo una modificación para ponerle una tercera rueda, un metro más adelante. Le adaptó un motor de moto (dos tiempos) y un mecanismo de coronas y cadena como el de las bicicletas, que en este caso se acciona con las manos: “Cuando se me acaba la gasolina le doy con esto. En ningún lado me voy a quedar, de que llego a mi casa, llego”. Vive en Brisas del Lago, a media hora del lugar donde nos encontramos. “El problema es el gasto de aceite y gasolina, yo vivo de los bonos que manda el gobierno y a veces no me alcanza”.

El caballero muestra con orgullo las partes y “trucos” de la trici-moto-silla; la palanca de cambios, el acelerador, y una palanca grande que levanta la silla desde atrás y las ruedas quedan suspendidas, levantadas; hace esa sencilla demostración y acelera; las ruedas giran pero la moto no se mueve, como si estuviera en neutro.

Tiene dos hijos, seis nietos y ocho bisnietos; su mamá tiene 96 años. Vive con una de sus nietas (Jhorlianys), los demás están también pendientes. No resistimos las ganas de felicitarlo, por su creatividad y por su voluntad de salir al ruedo a pesar de su lesión. “No señor, yo no me quedé en mi casa, yo salgo, yo me muevo. Si me hubiera quedado acostado en una cama no los hubiera conocido a ustedes”.

Otras para sus amigos

Después del accidente se dedicó durante varios años a trabajar la zapatería, pero poco a poco ha ido cambiando de ramo; ahora repara electrodomésticos. “Me acuesto bocabajo en la cama, y en el piso tengo las herramientas y los aparatos. Me di cuenta que trabajando en esa posición evito que me salgan escaras”.

En total ha fabricado cuatro prototipos de su trici-moto-silla: dos para amigos suyos en igual condición de discapacidad, y dos para su propio uso. “La que tiene el motor la uso para recorridos largos, pero cuando tengo diligencias en el centro de Maracay, que me queda cerca, voy con una que es de pedales. El solo motor pesa 15 kilos, la otra es más liviana y con ella entro a todas partes, al banco, a casas, a oficinas”.

Ha estado pensando en cuál sería su vehículo ideal, y ha llegado a la conclusión de que tendría que ser eléctrico. “Pero las baterías que necesito son caras, y creo que no es tan fácil conseguirlas. También puedo hacer otras con otros tipos de motores”.

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