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Bioprotectores contra transgénicos: la batalla por la semilla ancestral

por Jose Roberto Duque
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Segunda parte del encuentro con Wilfrido Gil en la Mesa de Guanipa: Bioprotectores contra transgénicos

Nelson Chávez Herrera

La impresión actual cuando se viaja de Barcelona hacia El Tigre suele ser la misma del narrador de Oficina No. 1. La resequedad exterior del terreno nos arrastra a suponer que estamos ante una tierra sin valor, donde solo crecen chaparrales. Juicio por demás apresurado, pues cuando los extranjeros de países imperialistas o de tradición comerciante, cuando las transnacionales se mueven hacia un sitio, es porque ese suelo, arriba o abajo, alberga riquezas. En tiempos de la novela había petróleo; hoy, sabemos, hay petróleo, aluminio, gas, pero también agua, el más valioso mineral del futuro. La Mesa de Guanipa resguarda un acuífero gigantesco, con agua se extrae petróleo, se hace minería o se cultiva.

Asiento de ciudades establecidas en torno a la actividad petrolera, pocos lo saben, la Mesa de Guanipa ha sido tierra manicera desde hace decenios y ostenta un récord nacional de producción de papa. El dato sorprende porque consideramos el cultivo de este tubérculo cualidad exclusiva de los estados andinos; la explicación ofrecida por Wilfrido Gil es sencilla: “Pensamos la producción agrícola del suelo hacia arriba, cuando lo correcto es pensarla del suelo hacia abajo. La Mesa de Guanipa puede ser un sustituto de los Andes, por el reservorio de agua subterráneo, porque el suelo tiene poca arcilla y mucho sílice, percola rápido, no permite que se estanque el agua ni se pudran las raíces. En los Andes cuando hay exceso de lluvia muchas plantas se dañan, muchas cosechas se pierden. Si acondicionas este suelo puedes sembrar ajo, remolacha, zanahoria, papa, cebolla, en grandes extensiones, por supuesto, agroecológicamente”. Tal como él lo viene haciendo desde hace varios años con su nanoejército de Bioprotectores en terrenos que, valga señalar, no son de su propiedad, ni de su posesión.

Foto: Wilfrido Gil

Cambiar costumbres: primera estrategia para liberarnos

Tenemos un terreno, la pregunta es: ¿compramos agrotóxicos o trabajamos con Bioprotectores? “Cultivar con agrotóxicos equivale a reproducir, para el suelo y para la humanidad, un gen de cáncer.  El primer paso es mental, espiritual: entender nuestra semejanza con la tierra, con el agua. Como organismos vivos requerimos los mismos nutrientes que un suelo (nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, manganesio, zinc). Comprender este principio es fundamental para cambiar ciertas costumbres y aplicar apropiadamente el método agroecológico”. 

El primer paso técnico es un analisis de suelos. Indispensable para conocer su riqueza y proyectar una buena cosecha. “Porque puede ser que tu abuelo haya sembrado yuca y los terrenos no sean aptos para yuca, el abuelo sembró y se le daba bien, pero ¡ajá!, ¿cuántas matas sembraba, dos, tres? Era conuco, no siembra extensiva, la población era de un 1 millón, hoy es de 37 millones de personas. Ahí está un primer tropiezo de lo ancestral con lo moderno, pero lo importante es conservar el principio. Nuestra agricultura ancestral se basaba en el urao como nutriente y el picante como insecticida. La quema era nuestro matamaleza, evitaba insectos porque es rica en fósforo, controlaba patógenos. Conuco o cultivo extensivo son viables, el punto es que sea sano, porque muchos llevan su conuco con adáficos (fertilizantes granulados agrotóxicos). ¿Entonces, cuál sano?”.

Luego del análisis del suelo viene el arado. Se dejan caer sobre la tierra removida los Bioprotectores para su reproducción de uno a dos millones, estos trabajan en la descontaminación del suelo, equilibran su grado de acidez, nitratos, oxígeno, antes de aplicar con estos a la tierra un baño nitrificante. Fertilizado de manera natural el terreno está preparado para recibir la semilla. El nanoejeŕcito tendrá entonces una nueva tarea: proteger la germinación, neutralizar una bacteria común en nuestros suelos, los nemátodos, unos bichitos devoradores de raíces conocidos como “perros de agua” que impiden la absorción de los nutrientes necesarios.

Seguidamente se hace una fertilización completa del suelo con los mismos nutrientes y vitaminas requeridos por el cuerpo humano (nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, manganesio, zinc); paso imprescindible, pues luego de siete días de germinación vendrá el ataque de las plagas e insectos nocivos. Los más comunes, los áfidos, piojos o pulgones que atacan los cultivos verdes (todas las plantas nacen verdes), les chupan la savia, los nutrientes.

Nuevamente el nano ejército de Bioprotectores entra acción conjunta con los micronutrientes para eliminar los áfidos, así como los patógenos u hongos dañinos aparecidos por causa de fenómenos climáticos, lluvias ácidas, efecto invernadero: ciertas viruelas, la fitosftora, por ejemplo. En la etapa final o de fructificación se recomienda aplicar al cultivo otra serie de micronutrientes indispensables para potenciar color, dulzor, acidez, tamaño, sabor de los frutos u hortalizas (magnesio, manganesio, azufre, zinc, boro, calcio). “Si puedes nivelar los micronutrientes adaptándolos a una fertlizacion efectiva, te sirves de los Bioprotectores para el control de plagas y patógenos, la buena cosecha agroecológica está garantizada”.

Foto: Leorana González

Proteger y crear la semilla ancestral

“Toda semilla al tocarla el ser humano resulta intervenida”. Las transformaciones genéticas son otra cosa: eso son los transgénicos. “Hay transgénicos que se basan en una regulación (soya) y hay transgénicos que no (maíz). Basarse en una regulación significa no hacer intervenciones en el ecosistema, porque al esporular, el sistema de polinización, si la semilla es modificada con genes de animales va a modificar todo, pero si es modificada a nivel vegetal no modifica. El transgénico modificado con genes de animales no sirve como semilla. El modificado con genes vegetales sí. Hay muchos tipos de transgénico.

“Incluso, podríamos darle una vuelta. Si para realizar un transgénico baso todo en el sistema ecológico, puedo transformar una semilla intervenida. Con los micronutrientes de la tierra potenciados, más la acción descontaminante de los Bioprotectores, puedo llevar la semilla intervenida a un estado natural ancestral. Ejemplo: podemos reproducir las variedades de maíz azul, morado, negro, fucsia, y crear una semilla propia. Si nosotros llevamos eso a un estado gourmet el paladar se vuelve loco con los sabores. En los Andes todavía puede comerse una arepa negra, una arepa de maíz morado, una papa picante, una papa arepa, hay espacios donde se conservan estas semillas y podemos reproducirlas. La única forma de ser independientes es creando nuestra semilla y teniendo un plan de siembra ecobiológico. El Plan de la Patria así lo contempla”.

Bioprotectores contra transgénicos. Mudanza segura hacia el cultivo agroecológico

Quienes deseen iniciarse en el cultivo agroecológico no deben preocuparse si su terreno está lleno de residuos agrotóxicos o contaminado de transgénicos. Una de las potencias de los Bioprotectores reside en su capacidad de transformar todo agente contaminante en nitrógeno, bloquear los genes modificados de la semilla y llevar su embrión hacia un estado natural. La pregunta sería: ¿qué ocurre si se implementa un cultivo agroecológico junto a una siembra de transgénicos?

“Imagínate que estoy rodeado por los cuatro puntos cardinales. Por el frente una siembra con transgénicos, por atrás con agrotóxicos, por la derecha unos locos que utilizan formol, creolina y cloro, porque no les importa nada, y por el otro lado una persona que no sabe ni lo que está haciendo y usa transgénicos, químicos, tóxicos, venenos. Nuestro cultivo está en el centro y amenazado. Pero resulta que el escenario más difícil es el más fácil, porque los Bioprotectores controlan todo lo dañino. Quienes no van a quedar muy contentos son los vecinos, porque en vez de que el transgénico me haga una transformacion en mi cultivo, yo le voy a ocasionar un problema al transgénico, porque lo voy a convertir en algo más sano. Al cultivo agrotóxico los Bioprotectores le neutralizan los contaminantes y lo ayudan a producir más sano. A quienes cultivan con creolina y formoles los Bioprotectores les transforman esos contaminantes en nitrógeno, y el cultivo del que no sabe ni lo que está haciendo también resulta beneficiado de la misma manera. Los Bioprotectores van a descontaminar y beneficiar todo el entorno y cuando esto ocurra, a ese ecosistema orientado en favor de la naturaleza van a llegar la abejita, el abejorro, los controladores naturales. Tarde o temprano los Bioprotectores van a propagarse, como una celula”.

Si todo cuanto nuestro biólogo ha expuesto es verificable, no es difícil deducir quiénes son los principales enemigos del cultivo agroecológico: las trasnacionales de agrotóxicos; sus agentes intermediarios, los importadores, los funcionarios corruptos beneficiarios de sus comisiones, seres o entidades a quienes nada les importa destruir un ecosistema o reproducir un gen de cáncer porque también eso es negocio. Tampoco parece complicado inferir el sinnumero de peligros pendiendo sobre nuestro biólogo creador por oponerse a los intereses de indivíduos sin escrúpulos y poderosas corporaciones.

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