Inicio Opinión y análisis Como la vida misma | ¿Otra conservación es posible? (1/2)

Como la vida misma | ¿Otra conservación es posible? (1/2)

por Jose Roberto Duque
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Éder Peña

Si todas las áreas protegidas (AP) del mundo estuvieran en el continente americano ocuparían cerca de la mitad de su espacio, en África ocuparían ⅓ y harían falta dos Europas para igualarlas, sin embargo… ¿Qué pasa que sigue la crisis ambiental?

Los 20 millones de km² de AP parecieran no ser suficientes, conforman el 15 por ciento de los entornos terrestres y de agua dulce, mas el 7 por ciento de los mares, abarcan parcialmente lugares importantes para la diversidad biológica.

Pero a veces es hasta sospechoso el consenso en torno a ellas, más cuando rueda por la televisión en streaming un programa del genocida Barack Obama llamado “Nuestros grandiosos parques nacionales”.

No vamos a hablar de los 6 mil civiles asesinados por los bombardeos del primer presidente negro de Estados Unidos sino de los Parques Nacionales, que forman parte de un sistema de categorías de manejo propuesto por la red global llamada Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en el que el mundo gasta solo 8 mil 700 millones de dólares anuales para gestionarlos.

La mitad del territorio venezolano (57 por ciento) se encuentra bajo AP, se asumen como elementos estratégicos para la vida, la defensa, la seguridad y la soberanía. Se trata de 247 Áreas Bajo Régimen de Administración Especial con fines protectores, científicos, educativos y recreativos y el Sistema de Áreas Protegidas Marino-Costeras (APMC) cubre un 17,56% de superficie, supera la meta propuesta por el Convenio de Diversidad Biológica en Aichi (2010) que es un 10 por ciento.

El informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, 2019) señala que no es suficiente para frenar los impulsores directos e indirectos del deterioro de la naturaleza, que significa nuestro deterioro como especie y el de miles de culturas.

Los impulsores directos son el cambio de uso de la tierra y el mar, la explotación directa de los organismos, el cambio climático, la contaminación y el avance de especies invasoras. Sin embargo, las figuras legales como los parques nacionales han causado impactos socioculturales en las poblaciones nativas de varios lugares, como las que muestra el libro de John Mbaria y Mordecai Ogada llamado “The Big Conservation Lie: The Untold Story of Wildlife Conservation in Kenya” (La gran mentira de la conservación: la historia no contada de la conservación de la vida silvestre en Kenia).

La obra relata casos de expulsión o manipulación de las poblaciones autóctonas enmascaradas de buenas intenciones, se presenta como “un llamado a los nativos africanos a reclamar su lugar en la mesa donde se discute la gestión de sus recursos naturales e invita a los donantes bien intencionados a mirar más allá de las imágenes románticas y detectar el posible papel de su dinero en la privación de derechos de un pueblo”.

¿Debemos inventar otra manera de conservar? Es una pregunta esencial como la vida misma.

(Continúa)

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