Inicio Opinión y análisis Como la vida misma | Venezuela es una casa sobre las aguas (2/2)

Como la vida misma | Venezuela es una casa sobre las aguas (2/2)

por Teresa Ovalles
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Éder Peña

Cuenta nuestra mitología indígena que Amalivaca y su hermano Uochi sobrevivieron a un cataclismo provocado por Lalikilpará, enorme anaconda de las aguas que habitaba en uno de los tres mundos que existían para el extinto pueblo de los tamanacos.

Desde ese mundo subterráneo y subacuático; habitado por demonios, duendes, los muertos, los dueños de las aguas y los animales acuáticos, la anaconda provocó un enorme diluvio que inundó toda la tierra, destruyendo a los hombres, sus templos y ciudades. Estaba cansada del ruido de quienes habitaban las riveras de sus dominios.

Ambos hermanos sobrevivieron y luego preguntaron a los dioses qué debían hacer para poblar de nuevo la tierra y evitar otra calamidad, estos les encomendaron repoblar el mundo sembrando las semillas de moriche que habían traído en su canoa, desde las tierras del sur.

Lo hicieron y de esas semillas nacieron humanos, crearon los ríos incluyendo al Orinoco, poblaron los ríos de peces y la tierra de cacao, maíz, papas, yuca, animales y aves. Los nuevos hombres ahora pescaban y recolectaban sin maltratar la Madre Tierra.

Luego de un largo tiempo, cuando se despidió de ellos, les auguró vida eterna diciendo “uopicachetpe mapicatechí (mudarán únicamente la piel)” pero, como una anciana dudó de su palabra, se enojó y les dijo “mattageptchí (morirán)”.

Como este, muchos mitos y leyendas acerca del origen de la vida incluyen al agua. Es nuestra vida eterna, siempre se renueva, siempre fluye, siempre nos rejuvenece y, aunque decimos que un vaso de agua no se le niega a nadie, en diciembre de 2020 nos enteramos formalmente de que ya tiene precio.

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De ella eclosiona el genio, el inventor Don Luis Zambrano desarrolló plantas generadoras de electricidad accionadas por caídas de agua que también se usaron para mover los instrumentos mecánicos de una carpintería, como el torno y la cepilladora. Su casa estuvo iluminada por luz eléctrica generada por una turbina hecha por él mismo, porque nuestra especie ha podido controlar la fuerza de ese líquido que nos da plenitud.

Las primeras expresiones de Poder Popular de la era bolivariana fueron las Mesas Técnicas de Agua, las cuales el presidente Maduro ha pedido reactivar debido a que, en el programa 1×10 del Buen Gobierno, buena parte de las denuncias están relacionadas directamente con el servicio hídrico en Distrito Capital, Zulia y Miranda.

Se han publicado tres volúmenes de la colección “Ríos en Riesgo de Venezuela” con trabajos científicos que muestran un panorama detallado de la situación de nuestros cuerpos de agua dulce que constituyen la 4ª reserva en América Latina y la 11ª en el Mundo.

Nuestro imaginario de “progreso” y acumulación sigue siendo una amenaza a la disponibilidad de agua, así como Amalivaca sentenció a los humanos de la leyenda por negarse a cambiar, el dios progreso nos sigue convenciendo, sin pruebas, de que todo cambiará para mejor.

Quizá haya semillas en nuestros sures, quizá no debamos olvidar que seguimos siendo aquellos palafitos que, en su fragilidad, determinan nuestra esencia, quizá nos espere la oportunidad para fluir, como la vida misma.

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