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Ciencia y comunidades contra el cáncer de cuello uterino (I/2)

por Jose Roberto Duque
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Una dura batalla contra el cáncer asociado al VPH está pasando desapercibida. Es hora de visibilizar a las heroínas de esta gesta.

Teresa Ovalles M./ Fotos Candi Moncada

La Ruta de la Cayena es el nombre que dan las mujeres de la Comuna 5 de Marzo Comandante Eterno a sus políticas y acciones feministas que tienen que ver con la salud sexual y reproductiva.  Por su parte, el grupo que integra el sistema de diagnóstico molecular de VPH, vinculado al Mincyt, también tiene como símbolo el útero que señala con la flor de la cayena los puntos neurálgicos del órgano reproductivo femenino.

Pero no solo en este aspecto coinciden la Comuna, el Mincyt, el Instituto de Oncología y Hematología del Ministerio del Poder Popular para la  Salud, el Servicio Autónomo  del Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit y la Escuela Vargas de la UCV: también tienen en común el proyecto de prevención del cáncer de cuello uterino asociado a la infección por VPH. 

Se trata de una motivadora sinergia, bajo los auspicios y apoyos del Fonacit y de las instituciones antes mencionadas, que tiene lugar en El Valle (Caracas) para llevar a la comunidad divulgación acerca de las medidas de prevención y concientización en torno a las consecuencias de contraer infecciones y enfermedades de transmisión sexual, especialmente el VPH.

Así es como el encuentro organizado por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, Mincyt, en marzo pasado de este año, en Sartenejas, relacionado con la mujer y la ciencia, está dando resultados. El encuentro sirvió para que se contactaran las biólogas del Instituto de Oncología y Hematología, ubicado en la UCV, con mujeres lideresas de la Comuna 5 de marzo Comandante Eterno, de El Valle. 

La Ruta de la Cayena llaman las mujeres de la Comuna a sus acciones en materia de salud sexual y reproductiva.

Comunas y genética molecular

Aislar una molécula de ADN en el laboratorio del Instituto de Oncología y Hematología le cambio la vida a la profesora y bióloga María Correnti, porque la molécula de la vida, de la herencia, la más importante, la tenía frente a sus ojos en un tubo de ensayo. Allí está contenida toda la herencia, la información propia y la de nuestros ancestros. “Eso que aparentemente es una simpleza me aportó una parte espiritual como para entender que al final tu salud depende de lo que sientes, de lo que piensas, de lo que te alimenta y de tus vivencias, no solamente de la genética”. 

La otra madre de este proyecto es la también bióloga Maira Ávila, Coordinadora del Laboratorio de Genética Molecular. Dos años pasarán estas aplicadas biólogas junto a un equipo de investigadoras que participan en este Proyecto, en la realización del diagnóstico de la infección por VPH en un grupo de mujeres, que incluye distintos centros hospitalarios y comunidades. 

Las biólogas María Correnti y María Eugenia Cavazza son dos de las madres del proyecto Sistema de vigilancia Epidemiológica del Virus Papiloma Humano (VPH) y su vinculación con el cáncer de cuello uterino en Venezuela, cuya ejecución será hasta febrero–marzo del 2024. Correnti dirigió durante más de 27 años el Laboratorio de Genética Molecular del Instituto de Oncología y Hematología. 

Interactuar con las comunas directamente ha sido también un aprendizaje para ellas, que vienen de trabajar con proyectos similares en los estados Cojedes, Mérida, Sucre y Zulia para darle continuidad y desarrollar un sistema de vigilancia epidemiológica del VPH.

La doctora María Correnti es asesora e investigadora del Laboratorio de Genética Molecular del Instituto de Oncología y Hematología

La enfermedad

El cáncer de cuello uterino ocupa en Venezuela la segunda causa de muerte oncológica en mujeres con edades comprendidas entre 25 y 65 años. Esta patología es considerada un importante problema de salud pública debido al número de muertes que produce cada año. La incidencia más significativa se da en mujeres jóvenes en edades productivas y por lo general con una carga familiar alta, lo que ocasiona que muchos de nuestros niños y niñas queden en condición de vulnerabilidad, de allí la importancia de realizar ese tipo de estudios con la finalidad de que podamos identificar las infecciones que circulan en nuestra población y su asociación con lesiones potencialmente malignas. 

Maira Ávila nos explica:

–El cáncer de cuello uterino es una patología prevenible y curable. Solamente un bajo porcentaje  de mujeres infectadas con un virus de alto riesgo oncogénico van a progresar hacia un cáncer de cuello uterino. Se estima que desde el momento en que ocurre la infección inicial con un virus de alto riesgo oncogénico que se hace persistente en el tiempo, pueden transcurrir entre 10 a 15 años, de manera que ese periodo desde que ocurre la infección inicial hasta unos 10 o 15 años permite a las investigadoras y a los médicos tratantes, diseñar estrategias para lograr la detección del virus e identificar de manera precoz las lesiones preinvasoras que pueden posteriormente progresar hacia un cáncer de cuello uterino. De allí la importancia de este tipo de proyectos. 

Científicas y activistas de la Comuna 5 de Marzo, en El Valle

María Correnti complementa:

–A escala mundial se ha reportado como el más prevalente el genotipo 16, considerado de alto riesgo oncogénico. En los estudios previos realizados en el laboratorio también hemos observado que este genotipo es el más prevalente en nuestra población. Es importante destacar que una infección persistente con un virus de alto riesgo oncogénico como el 16  indica que esa mujer probablemente está en riesgo de progresión hacia un cáncer de cuello uterino. 

El Programa de prevención

“Queremos mejorar los programas de prevención. Lo podemos hacer si además de las pruebas estándar como la citología o el Papanicolaou, se emplea una prueba de biología molecular para la detección de VPH que mejora sustancialmente el diagnóstico y permite ubicar a la mujer que está en riesgo de tener una lesión, para poderla tratar tempranamente antes que avance a una lesión premaligna o un cáncer”, indica María Correnti.

–Ese es el primer objetivo del Proyecto, poder mejorar la pesquisa,  mejorar los programas de prevención, pero también la intención es empoderar a la mujer del conocimiento de lo que es esta infección y que una mujer sexualmente activa y joven sepa cómo protegerse del virus.  Cómo se contagia el virus, cuáles son las consecuencias de esa infección y cómo lo podemos prevenir. Eso empodera a la mujer de su propia sexualidad y de su salud. Es decir, que nosotras además de estar en el laboratorio procesando las muestras, ofrecemos el servicio de la detección molecular del virus a las comunidades y dictamos talleres y charlas.

La Comuna apropiándose del conocimiento científico: saber y autodefensa

–¿Y cuáles medidas se deben tomar en las mujeres afectadas con el virus?

Explica Correnti:

–Nosotros nos dedicamos al diagnóstico de la infección. Tenemos que poner en el tapete la importancia de la detección del virus bien sea en el cuello uterino, en la vagina, la vulva o el ano de la mujer. Porque toda esa región anatómica, como también la boca, son propensas a la infección. No toda mujer que tiene una infección por VPH va a desarrollar un cáncer de cuello uterino, pero de las mujeres que tienen cáncer, alrededor de un 95% de ese cáncer está asociado al VPH. Entonces, saber cuál es el virus que esa mujer tiene es importante porque esos virus se han dividido en dos grandes grupos: virus de bajo riesgo y virus de alto riesgo oncogénico. Cuando decimos oncogénicos queremos decir que el virus tiene el potencial de cambiar una célula normal a una célula transformada y propiciar la progresión de las lesiones hacia un cáncer. Si una mujer tiene una infección por un virus de bajo o alto riesgo oncogénico asociados a lesiones de cuello uterino debería tener un chequeo más estricto. 

–¿Cuando van a las comunidades toman muestras?

–El proyecto tiene incluida la evaluación de un número de muestras que se tomarán tanto para citología como para el diagnóstico molecular del virus. Estas muestras se tomarán con un hisopado del cuello uterino y serán procesadas en los laboratorios para hacer la detección molecular y el correspondiente reporte al ginecólogo si el virus es de alto o bajo riesgo. En la consulta clínica se indicarán las pautas a seguir.

–¿Hay alguna asociación de ustedes con un centro para hacer seguimiento a los casos?

–Hemos evaluado muchas muestras en el Hospital Universitario. También trabajamos con la Organización de Bienestar Estudiantil de la UCV y con la consulta de Ginecología de la Universidad Bolivariana. Desde 1993 se creó el laboratorio de genética molecular en el Instituto de Oncología y Hematología, donde se estableció como línea principal de investigación y diagnóstico, el cáncer de cuello uterino por su asociación con el VPH además del cáncer de mama y otros. 

Vehemencia y pedagogía: María Eugenia Cavazza

“Tenemos 27 años trabajando con la detección del virus. En este momento es el quinto proyecto que nos aprueban por el Ministerio del PP de Ciencia y Tecnología a través del Fonacit. Desde esa fecha, 1993, nosotras hemos logrado estandarizar la mayoría de las pruebas moleculares que se han ido desarrollando a escala internacional. En el anterior proyecto logramos crear una red para el estudio de VPH y se logró incluir a los estados Mérida, Zulia, Sucre y Cojedes. Logramos que en esas regiones se procesaran muestras con el fin de establecer porcentajes de infección y cuáles son los genotipos que circulan en Venezuela. Determinamos que el tipo 16 es el más prevalente (el más oncogénico). El 16 está involucrado en el 70% de los casos con cáncer de cuello uterino a escala mundial. Luego, en menor proporción, viene el tipo 18 asociado a los adenocarcinomas y después vienen los otros tipos, 31, 33, 35, y el 45, que son genotipos que circulan mundialmente y también son los que se consiguen en el país”. 

Maira Ávila destaca que los Proyectos no solamente han permitido financiar investigación, “hemos podido equipar laboratorios de biología molecular como el que tenemos aquí en el Instituto de Oncología y Hematología y en otras regiones. También nos ha permitido hacer una parte asistencial mediante la compra de reactivos y estuches comerciales para hacer la detección y tipificación del virus. Aquí recibimos muestras de instituciones públicas como la Maternidad Concepción Palacios, el Hospital Universitario de Caracas, el Oncológico Luis Razzeti, el Oncológico Padre Machado. Y se procesan en el Instituto sin costo alguno”. 

–¿Cuántas pruebas han hecho con los Proyectos?

–Hemos evaluado alrededor de 10 mil muestras, entre 5 biólogas con un alto nivel académico. Otra variación importante del cáncer de cuello uterino en nuestro país a diferencia de otros países es que, hemos observado mujeres muy jóvenes con esta patología, lo  que sugiere que nuestro despistaje debemos bajarlo a los 25 años de edad.

Maira Ávila y María Correnti

Cifras en el mundo

Añade Maira:

–En el año 2020 la OMS lanzó una estrategia para minimizar el impacto de esta patología en países de bajos y medianos ingresos. La estrategia se llama 90, 70, 90 y consiste en que el 90% de las niñas hasta los 15 años estén vacunadas para prevenir la infección. Que el 70% de las mujeres a partir de los 30–35 años se les haya realizado una prueba de biología molecular altamente sensible para detectar el tipo de virus y que el 90% de las mujeres que tengan lesiones con potencial de malignidad o que tengan un cáncer de cuello uterino invasivo puedan ser tratadas. Esa estrategia tiene en la mira el año 2030 para tratar de minimizar el impacto de la patología y como país debemos incorporarnos a esa estrategia. La vacuna aún no ha entrado en los programas de inmunización en Venezuela pero está en discusión para que también se pueda implementar y vacunar a esas niñas entre 9 y 14 años. Pero mientras nuestra población se pueda beneficiar con esa estrategia nosotras estamos haciendo este gran aporte como es el diagnóstico de la infección y la aplicación de programas de prevención para que las mujeres no se infecten y para que se empoderen de su salud.

–¿Aparte de la educación en el área, qué recomendaciones dan a las mujeres?

–Esta infección por sí sola no causa una lesión maligna o pre maligna, tiene que haber una infección persistente. Hay cofactores que aumentan esa posibilidad. Esos cofactores son el inicio de las relaciones sexuales a muy temprana edad porque el tejido no está totalmente maduro en una niña. El número de parejas: mientras más parejas, mayor probabilidad de adquirir la infección; fumar, beber alcohol y no usar el método de barrera para protegerse. Se recomienda a los muchachos usar preservativos cuando tienen relaciones en el caso de que no haya lesiones en otras partes, ya que solo protege la zona cubierta. Las jóvenes piensan que se protegen porque usan pastillas anticonceptivas pero eso la protege de un embarazo, no de adquirir el VPH. El método más sencillo es el uso del condón.

Recomienda Maira:

–Es importante recomendar a las mujeres que acudan regularmente a la consulta ginecológica porque es la única forma que tienen los médicos de verificar si hay una posible infección y lesión en el cuello uterino. De otra manera puede pasar desapercibida si la mujer no va al médico. Es importante señalar que es una infección que también se puede originar en genitales externos como la vulva, vagina, y en el caso de los hombres en el glande, el pene y el ano con la aparición de los condilomas, que son por lo general lesiones asociadas a tipos de VPH de bajo riesgo oncogénico. A diferencia de lo que ocurre con cuello uterino que por lo general son lesiones visibles solamente con el colposcopio, que es como una lupa donde se puede ver en aumento el cuello uterino.  

“Cuando una mujer llega a un estadio avanzado por lo general es porque tiene mucho tiempo sin acudir a su ginecólogo y cuando asiste es porque hay sangrado y ese es uno de los síntomas que sugiere la presencia de un cáncer de cuello uterino invasivo y ya es poco lo que se puede hacer”. 

“Hay lesiones en mujeres jóvenes, entre 18 y 30 años, que pueden llegar a desaparecer, porque tienen un sistema inmunitario que responde adecuadamente y en los que a lo mejor no hay presencia de otros factores de riesgo. El problema es cuando esa infección se hace persistente originando una lesión. Una mujer que no tenga infección y lesiones pre malignas se puede realizar una citología a los tres años, en caso contrario los controles son más estrictos, rigurosos y frecuentes.  Se establece un seguimiento y vigilancia más corto.

La doctora María Eugenia Cavazza, muestra el folleto de la Ruta de la Cayena.

–¿Qué las llevó a presentar este proyecto al Fonacit?

–En primer lugar la experiencia que tenemos de muchos años trabajando con el virus; segundo, que los resultados que hemos obtenido son muy motivadores para continuar esa línea porque hemos ayudado a muchas mujeres a resolver su problema de lesión en sus genitales antes de que pudiera avanzar hacia una lesión pre maligna o un cáncer. Por ello consideramos que se trata de un aporte social importante. Ahora estaremos solo en Caracas tomando muestras para la detección del virus aplicando metodologías moleculares que son pruebas muy costosas. El procesamiento de una muestra en un laboratorio privado puede llegar a costar más de cien dólares, dependiendo de la tecnología que se use. Hay pruebas que detectan solamente 4 genotipos, que son más económicas pero hay otras que detectan hasta 28 genotipos, además de la cuantificación de la carga viral. Hasta ahora en el laboratorio estas pruebas se ofrecen de manera gratuita. Tenemos planteado un trabajo en el Materno Infantil de La Guaira, en La Maternidad Concepción Palacios, en el Domingo Luciani, además de la Comuna 5 de marzo y en otros centros de salud de Caracas.

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