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De la tierra a la tierra

por Teresa Ovalles
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Lo de “polvo eres y polvo te convertirás” no es solo una frase profética, somos parte de ciclos en los que materia y energía viven en constante transformación, como lo que facilita la producción de nuestros alimentos desde que dimos con la agricultura.

Hay un sistema que produce la comida con agrotóxicos, fertilizantes sintéticos y cantidades exageradas de energía, no tiene más de 100 años existiendo, mientras que nuestra especie cultiva de otra manera desde hace poco más de 8 mil años.

Dice la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) que más de 1/3 de la superficie terrestre del planeta y casi 3/4 de los recursos de agua dulce disponibles se destinan a la producción agrícola o ganadera.

Asimismo, la producción agrícola ocurre en casi el 12 % y el pastoreo en cerca del 25% del total de las tierras no cubiertas por el hielo. Un 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del planeta provienen de la deforestación o desmonte de tierras, la producción agrícola y la fertilización, y de ese total un 75 % corresponde a la producción de alimentos de origen animal, este modelo agrícola es responsable de buena parte del 47% de los ecosistemas que se han degradado.

De ese sistema agro-urbano-industrial se beneficia una ínfima minoría mientras desde la educación hasta la prensa dicen que el que destruye es “el hombre”, no sin antes mostrar la imagen de un labriego con una motosierra. Según datos de Vía Campesina, entre el 44 y 57 % de todas las emisiones de GEI provienen de esa cadena agroalimentaria industrial, entre las que se encuentran la deforestación, agricultura, procesamiento, embalaje, negocio minorista, transporte, refrigeración y desperdicios.

Ello se debe a las grandes plantaciones de monocultivos como la palma africana, la caña de azúcar, la soja; utilizando grandes cantidades de químicos y semillas transgénicas, a esto se suma la ganadería extensiva y los comestibles ultraprocesados que no solo son dañinos para la salud si no que, a través de los tratados de libre comercio, importan millones de toneladas de alimentos utilizando muchísimo combustible.

Mientras el sistema agroalimentario industrial provee alimentos al 30 % de la población mundial utilizando un 75 % de los recursos agrícolas, los agricultores a pequeña escala alimentan a más del 70 % de la población mundial utilizando el 25 % de los recursos agrícolas.

Al sembrar o criar una misma especie o variedad agrícola en un monocultivo se producen desequilibrios en los ecosistemas, desde los microorganismos del suelo hasta la fauna u otras plantas oportunistas reaccionan de manera también desequilibrada generando efectos en la producción alimentaria por ataques de plagas o pérdida de materia orgánica en el suelo.

Se fuerza a la naturaleza, que es diversa, a especializarse en un solo tipo de raíces que interactuarán con un mismo tipo de microorganismo, un mismo tipo de insecto, un mismo tipo de hongo…

Pero de las mismas mentes que la academia pare como moscas se diseña un mismo tipo de música, de baile, de literatura, de enseñanza-aprendizaje, de conocimiento, de saber… y hasta de lucha!

Volvamos: Es conocido el impacto de los agrotóxicos en cuerpos de agua aledaños, el aire y en la salud de poblaciones humanas, hoy se sabe que sus impactos son multidimensionales. Afectan a lo largo del tiempo de múltiples maneras causando enfermedades, erosión cultural y desempleo en países que son convertidos en minas de agroexportación.

Una alternativa son los llamados bioinsumos, se trata de fertilizantes o plaguicidas vivos que trabajan en simbiosis con las plantas y generan vida en el suelo.

Su uso puede tener diversos objetivos o acciones para actuar en esos desarrollos desequilibrados de los agroecosistemas como aumentar la fertilidad natural de los suelos con probióticos o microorganismos que segregan sustancias benéficas pero que aumentan las defensas de los cultivos ante patologías determinadas.

Otros que contienen sustancias bioestimulantes para las distintas etapas de la vida de la planta hacen que desarrollen determinadas características si se aplican en el momento correcto. Hay otros que se aplican sobre las semillas, con el objetivo de favorecer la germinación y el desarrollo de raíces. Adivina: Ya hay quien los quiere estandarizar, cuadricular y convertir en mercado, acciones y todo eso… Todo mal.

Hay 8 mil años de saberes y sabores que recorren nuestra memoria, la crisis ambiental nos pone en la encrucijada para decidir entre futuro y colapso. Sembrar diversidad es sembrar cultura y humanidad, como la vida misma.

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