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El Fruto vivo de una revolución

por Teresa Ovalles
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El maestro de la arquitectura Fruto Vivas Vivas pasó a otro plano de vida fundido con flores de mastranto, mariposas y con todos los árboles del planeta.

Teresa Ovalles Márquez

Nuestro Fruto era el más arquitecto de los venezolanos. Comenzó la edificación de casas desde niño construyendo las de los pesebres de su mamá. Las hacía de barro para luego cocerlas en el horno de la panadería que tenía su familia, por allá por La Grita. Tuvo al pueblo como maestro. Llegó a confesar que en honor a ese pueblo bonito escribió el libro Las casas más sencillas. Nació en La Grita, estado Táchira, el 21 de enero de 1928 y vivió físicamente hasta la madrugada de este martes 23 de agosto de 2022. 

Los venezolanos y las venezolanas podemos disfrutar, tocar y palpitar con sus obras. La flor de Venezuela, ubicada en Barquisimeto, brinda a los visitantes inmensas fotografías que exaltan las bellezas naturales de la geografía de nuestra amada Patria. En ella se reseñan descubrimientos que reposan en el Museo Arqueológico de Quíbor, y da las claves del lenguaje, a través de utensilios, de nuestros aborígenes, además de la vista crepuscular del horizonte guaro que ofrece a todos aquellos que penetran en los pétalos voladores de esta enorme orquídea, que ya es símbolo de la capital larense, junto al Obelisco. Ello recuerda la viveza de nuestro Fruto.

El maestro fue también un garabatero desde su militancia en el Partido Comunista de Venezuela. «Garabato» fue su aporte a la causa guerrillera en 1963. Por allá por Los Teques se mantuvo clandestino desde fábricas de la artillería del pensamiento de la izquierda universal. Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), escisión del PCV y el Partido de la Revolución Venezolana (PRV), fueron sus trincheras políticas por aquel tiempo.

Ya cerca de su evolución a otro plano de la existencia se hizo militante de la causa chavista. Diseñó la Flor de los Cuatro Elementos, en el Cuartel de la Montaña, en Catia, donde reposan los restos del Comandante Chávez. Allí selló con su diseño arquitectónico su convicción política y la fe en otro mundo posible más justo, junto al otro maestro eterno consagrado a los desposeídos, el revolucionario Hugo Chávez Frías.

De las estructuras más avanzadas que diseñó está el Club Táchira y la obra “El árbol para vivir”, que es referente de la arquitectura bioclimática pasiva realizado en 1994 en Lecherías, estado Anzoátegui. Sus colegas arquitectos lo reconocen como el genio consagrado a su pueblo y al respeto a la naturaleza. Entre otras de sus obras sencillas está la sede de la Biblioteca Luis Beltrán Prieto, en la Asunción, isla de Margarita, en la que destaca, dentro de la estructura arquitectónica, un enorme árbol que eleva su ramaje al cielo.

Qué más decir del Club Táchira en Caracas, esa suerte de Concha iluminada en las noches que se ofrece amable y seductora. Polémica e innovadora para su tiempo. 

En 1987 recibió el Premio Nacional de Arquitectura de Venezuela. En 2009 recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela y en 2011 recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET).

El presidente Nicolás Maduro anunció en marzo de 2017 la creación de la Universidad Popular del Ambiente Fruto Vivas, que se encuentra en el piso 14 del Centro Simón Bolívar en Caracas. Sede también del Taller de Innovadores y Tecnólogos llamado «Garabato».

Foto cortesía de Audio Cepeda, Premio Nacional de Fotografía.

El maestro Fruto Vivas en su vida física supo edificar sueños a partir de la arquitectura. Llegó a plantear la construcción, en vez de un puente, de un teleférico desde tierra firme a Margarita a cinco metros sobre el nivel del mar, con funiculares que debían ser pintados como pájaros, para que las aves no se estrellaran. Y en su poesía de vida planteaba que los seres humanos en vez de depredar, debíamos actuar con respeto a la naturaleza y no ser más que “la flor del mastranto o una mariposa”.

Ahora, él se irá fundiendo con esas flores de mastranto, con esas mariposas y con todos esos árboles de la vida que tanto respetó, para seguir trascendiendo con el Universo.

Vayan para sus frutos y esposa nuestras palabras de amor y solidaridad.

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