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Observatorio Astronómico Nacional: ciencia del espacio y vínculo social terrestre

por Jose Roberto Duque
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Nelson Chávez Herrera / Fotos: Candi Moncada

Mientras las hegemonías se desvelan por buscar en el espacio sideral formas de vida “inteligente” (de esas que defecan en el agua que deben tomarse y crean naves monstruosas para la guerra) el astrofísico de Mérida se ocupa de las comunidades con tanta pasión como de la exploración del firmamento

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Desde la infancia se nos señala el cielo como el lugar donde moran las divinidades, nos fascina la luna, deseamos observar eclipses, disfrutamos viendo las estrellas en el firmamento y la pregunta por la vida en otros planetas nos asalta cuando contemplamos la inmensa bóveda celeste. Empero, cuando en un país como el nuestro, donde todavía se lucha por garantizar derechos fundamentales y satisfacer necesidades básicas, se invierte dinero del erario público en observar los cielos, tendemos a cuestionar el para qué, la pertinencia de un Observatorio Astronómico. 

Tal como les ocurrió a los habitantes de la comunidad merideña de Llano del Hato (el pueblo más alto del país, 3.600 msnm) cuando un día vieron asentarse, como advenidas del espacio, cuatro inmensas cúpulas que, según se comentaba, resguardaban gigantescos telescopios especiales para descubrir u observar astros, mientras las personas de la comunidad eran asumidas por las autoridades y las personas de ciencia como si fueran invisibles: no se les pidió opinión, ni permiso, ni se les explicó nada. No entendían para qué invertir los reales del pueblo en observar el cielo oscuro, ni por qué les estaba vetado el acceso a las instalaciones del imponente Observatorio Astronómico que le habían sembrado en sus antiguas tierras de cultivo. 

Por qué en Llano del Hato

Cuenta el actual presidente del Centro de Investigaciones de Astronomía (CIDA), el Doctor en Física, Pedro Grima, que a mitad de los años cincuenta del siglo pasado, a un destacado científico criollo de nombre Eduardo Rohl se le ocurrió la idea de tener en nuestro país un Observatorio Astronómico y logró convencer al dictador presidente Marcos Pérez Jiménez de su importancia. Seguidamente fue enviado hasta Alemania, donde adquirió los mejores equipos y telescopios de la época, que se trajeron al país con la intención de instalarlos en el Observatorio Cajigal, pero la contaminación lumínica de Caracas ya era tan grande que todos esos equipos se quedaron empacados en sus cajas, arrumados como corotos viejos en el Observatorio Cajigal, por mucho tiempo. 

Años después, cuando se retomó la idea, se contrató a un astrónomo alemán de nombre Jurgen Stock para ubicar, dentro del territorio nacional, el lugar más adecuado para instalar los telescopios. Luego de un esmerado estudio meteorológico, el doctor Stock recomendó ubicarlos en Llano del Hato, municipio Rangel del estado Mérida, en razón de la cantidad de noches despejadas por año que ofrece este lugar: cien o más.

Decidido el sitio se trasladaron los equipos y los telescopios desde Caracas hasta la Universidad de los Andes (ULA) donde empezaron a ensamblarse. 

“Todo eso venía en cajas de madera, sin ningún plano, sin ninguna indicación”, relata Grima. “Tiene que haber sido un trabajo extraordinario poder empezar a desempacar cajas y decir, bueno, esto debe ser esto, esto debe ser lo otro. Después vinieron las obras civiles, imagínate, llegar con gandolas y grúas a construir a 3.500 metros sobre el nivel del mar no debió ser sencillo, pero lo lograron. Hacia 1975 se inauguró el Observatorio y empezó el trabajo científico de observación”.

Grima asumió la responsabilidad de presidir el CIDA en 2016, en medio del bloqueo, la crisis económica y las medidas coercitivas unilaterales del imperialismo estadounidense, descubriendo que el Observatorio Astronómico debia establcer un vínculo social más cercano, con la comunidad de Llano del Hato, en el páramo merideño.

¿Para qué sirve?

Las personas dedicadas profesionalmente a la astronomía buscan entender cómo nace una galaxia, un planeta, una estrella, el ser humano. Desde la ciencia intentan responder preguntas que desde las religiones o los mitos fundacionales de los pueblos ancestrales tienen diferentes respuestas. Para eso estudian el universo mediante potentes telescopios, observan la luz que viaja enormes distancias desde el pasado de los astros hasta el presente. Según el criterio de Grima, “la astronomía es una de las ramas más importantes de la física, porque el universo es un laboratorio donde suceden fenómenos que no se pueden reproducir en un laboratorio terrestre. Por eso la mayoría de premios Nobel de física se los dan a astrónomos, porque estudian la física de más alto nivel, la física de altas energías, la física de altas gravedades”. 

En el inmenso laboratorio que resulta ser el universo puede estudiarse la teoría de la relatividad (la deformación del espacio tiempo por la gravedad), la teoría de campos y la teoría gravitacional, la posibilidad de establecer una teoría general de fuerzas. Todo con el propósito de corregir o establecer leyes, realizar avances científicos aplicables en tecnologías, útiles para la humanidad. 

Además de hacerle seguimiento a meteoritos o asteroides que eventualmente pudieran chocar contra La Tierra, una de las funciones actuales de los observatorios astronómicos está en el plano de la seguridad. El problema del manejo de desechos ha llegado hasta el espacio y la chatarra compuesta por residuos de lanzamientos espaciales, satélites en desuso, partes mecánicas de colisiones o trozos de aparatos creados por el ser humano, constituyen hoy un problema, denominado basura espacial. Tan grave que existen libros estadounidenses, rusos y chinos, donde estos miles de objetos considerados basura espacial aparecen catalogados con el fin de facilitar su identificación y monitoreo, para evitar que una de esas piezas choque, por ejemplo, contra un costoso satélite de más de 500 millones de dólares y pueda dañarlo o sacarlo de su órbita. 

Actualmente el país cuenta con dos satélites en funcionamiento: el satélite de observación remota Francisco de Miranda (VRSS-1) y el satélite de observación Antonio José de Sucre (VRSS-2): bienes importantes de cuidar, garantizar su funcionamiento óptimo, proteger de la basura espacial para que ninguna de estas piezas flotantes llegue a impactarlos. “Hay dos tipos de seguimiento, depende del tamaño de la basura, si la basura es grande puede hacerse un seguimiento óptico, pero si el objeto es pequeño y no es posible verlo, este debe hacerse con tecnología de microondas. Un objeto de 3 o 2 cm viajando en el espacio a miles de kilómetros por hora puede perforar cualquier satélite. Hay miles de objetos girando en el espacio y de cada uno debe fijarse su posición y calcular la órbita que sigue, compararla con la del satélite y ver si es potencialmente es peligroso”.

La responsabilidad de mover los satélites ante una inminente colisión corresponde a la Agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE). Precisa el profesor, Grima: “Esta es una decisión muy importante, porque el combustible del satélite es limitado y debe hacerse solo cuando es inevitable. El satélite tiene unos motorcitos, unos coheticos que lo desvían un poco, pero si gastas el combustible, le estas quitando vida útil al satélite”. 

El estado actual

El Observatorio Astronómico Nacional, o el Astrofísico, cuenta con cuatro cúpulas y cuatro telescopios: un reflector y un refractor con los que pueden observarse planetas, ocultaciones, atmósferas, meteoritos, asteroides; un doble astrógrafo que puede usarse para hacer mediciones astrométricas; un telescopio cámara Smith en proceso de modernización.

Según el presidente del CIDA, uno de los valores más importantes de la institución está en contar actualmente con un personal altamente calificado, compuesto por profesionales de ingeniería electrónica, eléctrica, mecánica, que se han encargado de adaptar los telescopios analógicos a tecnología digital, adecuado espectrómetros para ver y estudiar atmósferas de asteroides y planetas. Modernizaciones que son fruto del trabajo, profesionalismo e ingenio de un personal con más de 40 años de experiencia en el Astronómico. “Ahora mismo estamos por terminar la modernización de la cámara Smith. Se le está adaptando una cámara digital para poder realizar fotografías digitales. Antes las fotos se hacían sobre un vidrio, con una emulsión, había que revelar los negativos y guardarlos en nevera. En una administración muy anterior a esta, hace años, se contrató a una empresa estadounidense que cobró un millón de dólares para hacer la modernización de esta cámara y no quedó bien. Esta vez lo estamos haciendo con personal propio a muy bajo costo, la cámara costó cinco mil dólares y la modernización total va a costar cerca de diez mil”. 

La cámara Smith va a permitir tomar fotos a objetos que se ubican en el espacio exterior a una Magnitud 22 (más o menos 5 millones de años luz) y espera inaugurarse antes de finalizar el 2022.

La función social

Hasta hace poco, quienes vendían café o pastelitos a las personas que visitaban el Astronómico, lo hacían a la intemperie, a temperaturas inclementes. Las y los habitantes de Llano del Hato no podían acceder a la residencia principal, exclusiva para el personal de investigación y visitantes. Eso cambió. Uno de los objetivos de la administración actual ha sido transformar esa relación con la comunidad y cultivar un vínculo social cercano.

Desde el CIDA se han desarrollado campañas de divulgación del quehacer científico del Astronómico y promovido en las escuelas de la localidad y del municipio, el estudio de las ciencias; mediante el Centro Nacional de Tecnologías Ópticas (CNTO), se han sustituido cientos de bombillos del alumbrado público de Llano del Hato; en alianza con la red de Productores Integrales del Páramo (PROINPA), se siembran papas de semillas certificadas en terrenos del Observatorio, para poder vendérselas a los productores de la zona a precios solidarios. 

El CIDA se ha planteado además, fungir de puente con otras instituciones del Estado como CORPOELEC, CANTV, la Gobernación del estado Mérida y otras, al punto de que en una reunión de la comunidad con estas entidades una de las personas asistentes en representación de la comunidad de Llano del Hato llegó a decir que las personas de su comunidad existían para las instituciones porque el Observatorio Astronómico estaba allí, porque de lo contrario, serían invisibles.

Aparte de esto y en función de potenciar el turismo en la zona, uno de los proyectos que se ha planteado la administración actual es hacer de las instalaciones del Observatorio un parque temático de astronomía y astrofísica, donde puedan realizarse viajes espaciales virtuales, mediante lentes de tercera dimensión. Ofrecer en sus instalaciones servicios de alojamiento y restaurante a las personas visitantes y a las que deseen quedarse para realizar observaciones con los telescopios en horas de la noche. Este año el Trolcable de Mérida inauguró una ruta hacia el Observatorio, que lleva, espera y retorna a las personas a la ciudad, en un mismo día. En lo que va del año más de 5.000 personas de distintas edades han visitado el Astronómico y se espera concluir el año con más de 10.000. 

Las tareas pendientes

Luego de años de bloqueo y crisis económica, una de las tareas más importantes de realizar, según concluye Pedro Grima, “es hacer un trabajo constante de divulgación de las ciencias (la física, las matemáticas, la química, la biología y la astronomía) que nos permita captar una generación de relevo. Con la crisis, muchos de nuestros astrónomos y astrónomas, de excelente formación: migraron. Fueron contratados en Chile, Argentina o México. Ahora debemos volver a formar ese personal, pero antes debemos captarlo. Nosotros desde el CIDA, el CNTO, la ULA, visitamos todos los días una escuela con actividades para acercar la ciencia a los niños y las niñas. Estamos en la obligación de enamorar a las nuevas generaciones de las ciencias, buscar y formar esa generación de relevo”. 

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