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A la sombra del sabor de las mañanas

por Teresa Ovalles
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Marrón oscuro, guayoyo, marrón claro, cortado, con leche, negro, negro corto o negrito, marrón, carajillo, cerrero, tetero, guarapo, expresso. Ser venezolano es infinitas cosas, una de ellas es saber a qué se refieren estas palabras.

Se dice que el primer cafeto en esta tierra de gracia fue sembrado por misiones españolas en la cuenca del río Caroní en 1730 y que en 1784 se realizó la primera plantación de café en la Hacienda La Floresta, aldea de Chacao, hoy Centro de Arte La Estancia.

En el siglo XIX el café fue desplazando al cacao como principal rubro de exportación y su comercio ocasionó la construcción de caminos y canales fluviales hacia el puerto de Maracaibo, desde donde se exportaba a Europa y Norteamérica. Estados Unidos representaba cerca del 10% del consumo mundial.

Venezuela llegó a ser el primer productor de café exportando entre el 6,5 y el 6,7% mundial y entre el 15% y el 16% del café suave. A partir de 1920, afianzándose la extracción petrolera, fue descendiendo de la lista de manera sucesiva. Siempre dependiendo de precios cartelizados por la mano visible y hegemónica del mercado.

En muchos de nuestros actuales parques nacionales residen las memorias de manos esclavizadas que hicieron de nuestro café un símbolo de orgullo. Su cultivo se extiende por Lara, Portuguesa, Táchira, Mérida, Trujillo, Monagas, Sucre, Yaracuy. Al decir Biscucuy, Rubio, Macaira, Chabasquén, Boconó y Ospino, un sabor placentero a mañana viene a la boca.

Estudios realizados por la Universidad de Texas (EEUU) revelan que desde hace unos 40 años, en lugares como Brasil o Vietnam, cambiaron los métodos de producción a causa del aumento imparable de la demanda, pasando de cultivos bajo sombra de granos tipo arábiga a “granos de robusta”.

El cultivo bajo sombra, que cayó de 43 a 24% entre 1996 y 2010, permitía que se desarrollaran ecosistemas con especies depredadoras (como las arañas) de insectos parásitos y donde el ciclo del uso del suelo era respetado. Los granos de robusta, resistentes al sol, revirtieron tales fenómenos.

Además de las toneladas de basura que producen las cafeterías con sus vasos desechables, la producción de café sin sombra es mayor porque la luz directa acelera la fotosíntesis, reduce enfermedades en las plantas y se puede sembrar con mayor densidad. Otra cosa es el sabor…

También aumentan la deforestación, erosión y lavado de nutrientes del suelo, pérdida de especies que viven en las copas de los árboles y controlan plagas de manera natural, además el uso de pesticidas y fertilizantes aumenta de forma considerable, lo que no le distingue mucho de las tan criticadas prácticas de los monocultivos de maíz y soya.

Existe una correlación entre los brotes de plagas y la eliminación de los árboles de sombra, aunque el café se autopoliniza, es decir, no necesita a las abejas para producir frutos, los estudios han demostrado que la presencia de abejas en una finca de café puede incrementar hasta un 20 a 25% las cosechas.

Durante 2019, inspectores de trabajo brasileños hallaron evidencias de trabajo esclavo en las plantaciones donde la famosa cadena Starbucks compra, esto a pesar de que algunas han sido “certificadas” según los estándares CAFE Practices de dicha marca.

Trabajo forzado, servidumbre por deudas, condiciones peligrosas y degradantes y días laborales debilitantes fueron las características comunes en algunos de los enormes predios agrícolas controlados por unos pocos terratenientes, lo que señala un enorme problema sistémico, no solo en la multinacional y su compromiso de “café ético al 99%” sino en la llamada Responsabilidad Social Empresarial.

El 80% del café es cultivado por aproximadamente 25 millones de pequeños agricultores en todo el mundo y los estándares de comercio justo requieren que esas comunidades puedan decidir cómo invertir en su bienestar local.

Mucha publicidad “verde” se apoya en estándares que no toman en cuenta que los agricultores están ganando la misma cantidad por su cosecha desde hace 20 años, o menos, si se considera el aumento del costo de producción. Sin embargo las ganancias brutas de quienes se pintan de verde aumentan constantemente.

Muchos consumidores se preocupan del origen de su café y compran en ciertos establecimientos que dicen estar ayudando al ambiente o a la gente, lo que se ha desmentido últimamente por algunos expertos.

¿El objetivo es cambiar el sistema de comercio o hacer que alguien no sienta culpa con su taza de café? Es posible que el objetivo sea que todos podamos endulzarnos la mañana promoviendo la justicia y equilibrio como la vida misma.

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