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¿Sí?, “¡qué monié!”

por Teresa Ovalles
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Ahora que el gobierno de los EEUU, se olvidó de Guaidó y “quiere” a Venezuela, que la Unión Europea, la FAO y la UNESCO apoyan proyectos “socioproductivos” en el país y por doquier se ven iniciativas de “recuperaciones urbanas” coloreadas de naranja. Después que regaron la basura por todas las capitales e hicieron que a nuestros niños, niñas y adultos/as mayores les atacara la difteria, la amebiasis, las enfermedades bronquiales… De manera inescrupulosa hicieron leña de todos los árboles caídos cuando, en medio esa guerra, personas no accedían a recibir sus tratamientos de diálisis. Después que destruyeron sectores enteros, urbanizaciones, que quemaron gente y mataron a mansalva…. Ahora sí, las ciudades venezolanas son “brillantes” (amén de un concurso de urbanismo que vi por ahí en las RRSS). De súbito, la gente y las ciudades de Venezuela son hermosas y merecemos que “profesionales calificados” le metan mano. “¿Sí?, ¡qué monié…!”, decía mi abuela.

Las campañas de las distintas cadenas radiales no hace mucho que giraban en torno a: “¡resistencia!”, “cambio”, “inconformidad”; desde hace un año aproximadamente han virado su discurso a: programas de entrevistas con temas sobre positividad, asertividad, emprendimientos, recuperación del patrimonio y de la “venezolanidad”, rutas turísticas, gastronomía autóctona, entre otros. O el clásico: “Qué fácil es ser un buen ciudadano”, de Marta Rodríguez Miranda, quien está de regreso retrotrayéndonos como en túnel del tiempo hacia la cuarta.

En la ciudad de Mérida de 7 am a 12 del medio día es “cadena regional”: “El Waso”, este personaje que viene a ser una especie de Renny Ottolina gocho, es puntero en las formas y costumbres populares de la región. Es “opinólogo” (opina de todo), rescatista del consevadurismo andino, entretiene con ese manido sentido del humor sexista y hace obras de caridad. Por todo ello le gusta a la gente. Desde hace algún tiempo su prédica es: “¿Usted qué hace pasando trabajo en otro país? Venga a trabajar esas 12, 14 horas que trabaja allá, aquí en Venezuela… ¡Venezuela te necesita!” (obviamente tiene audiencia en los países vecinos), “el venezolano se está reinventando, hay que reinventarse”, y otras retahílas por el estilo. En la mañana no hay transporte público donde te montes, casa que visites, mototaxista esperando carrera, albañil pegando bloques, negocio donde se entre, que no esté escuchando este programa radial.

Estoy segura que cada región del país tiene su Wasim Abdul (El Waso). Son personajes carismáticos, queridos y apreciados por la comunidad que aparentan una supuesta imparcialidad, ofreciendo “los dos lados de la información”, pero que son en realidad empresarios de la industria del entretenimiento, ligados a las roscas de la godarria regional, pro-taurinos, entre otras joyas de la corona. Teniendo así una incidencia determinante en la opinión pública, sobre todo en las clases populares; es demasiado difícil no darse cuenta de que estos programas están influenciados por intereses específicos y particulares de la derecha.

¿Qué habrá detrás de todo esto? ¿No será porque se acercan las elecciones presidenciales, sacaron sus “cuentas” y se dieron “cuenta” de que la gran mayoría de quienes nos quedamos en el país comiéndonos las verdes y no nos fuimos en el desesperado éxodo, somos chavistas? ¿Por qué ya no se escuchan a todas voces los cuentos de terror de venezolanas/os en el exterior? ¿A qué se debe tanto silencio de repente de algunos asuntos en particular? ¿Será casualidad este golpe de timón de las matrices comunicacionales y que María Corina anda por ahí ya organizándose para lanzarse a candidata presidencial, diciendo que tiene apoyo de Canadá, EEUU y la UE?  Ahora sí la campaña es: “volvamos a Venezuela porque aquí todo es bello, bueno, posible y maravilloso”. ¿Sí?, “¡qué monié! Yo te aviso chirulí”. Al pueblo chavista, el color naranja debería servirnos para entrar en una alerta de ese calibre y, por cierto, no solamente debido a los temporales atmosféricos.

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