Inicio Gente palante “Aquí donde usted nos ve poquito, nos las pensamos como si fuéramos muy grandes…”

“Aquí donde usted nos ve poquito, nos las pensamos como si fuéramos muy grandes…”

por Jose Roberto Duque
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Nelson Chávez Herrera / Fotos: Candi Moncada

Una frase de Simón Rodríguez puede ilustrar la siguiente historia: “En la previsión está el mérito”. Jhon García y Adriana Araque diseñaron y fabricaron la primera cápsula para el transporte de enfermos de Covid-19 hecha en Venezuela

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La razón por la que el proyecto de Jhon Marino García y Adriana Araque fue reconocido como uno de los inventos más innovadores del continente para enfrentar la pandemia es compleja; supone aprendizajes, apoyo, solidaridad, asesorías. El resultado es sorprendente.

Los dos nacieron en el estado Mérida. Jhon Marino García Guerrero en Canaguá, en 1997. Adriana Araque Dalta en la ciudad de Mérida, en 2001. Él estudia Construcción Civil. Ella, Contabilidad. El padre de Jhon es militar, su señora madre exgerenta de un banco. El papá de Adriana es Defensor Público, su mamá secretaria ejecutiva de la Universidad de los Andes (ULA). El esbozo de su historia familiar quiere resaltar una condición: para el momento de iniciar el proyecto, ninguno de los dos tenía familia versada en el asunto ni experiencia confeccionando prendas industriales, mucho menos conocimientos de bioseguridad. 

El único antencedente laboral en costura lo tenía Jhon, un familiar sastre y haber sido asignado por los programas de capacitación del INCES para un trabajo en una fábrica de uniformes industriales, donde aprendió el manejo de algunas máquinas. Pero Adriana, ni eso. De niña, eso sí, dañó varias sábanas haciéndoles vestidos a sus muñecas, mientras Jhon, de pequeño, destrozó juguetes y aparatos tratando de entender su lógica de construcción o intentar reparalos.

La previsión como herramienta

Como muchos jovenes de su generación, en medio de la crisis económica generada por criminales medidas coercitivas unilaterales impuestas a nuestro pais, en 2016, Jhon Marino tambien migró. Tenía cuatro meses empatado con Adriana cuando se fue para México a trabajar de cualquier cosa, pero regresó pronto, para seguir con su carrera de Construcción Civil en el Instituto Antonio José de Sucre, formalizar su relación con Adriana, quien cursaba Contaduria Publica en la ULA, y proponerle empezar a echarle ganas a la vida juntos. 

Antes de la llegada del Covid 19 se dedicaban a traer chucherías de la frontera y las distribuían en los comercios de la ciudad de Mérida. Esa era su fuente de ingresos. Hasta que empezó a hablarse de la pandemia en China y Jhon Marino, exhibiendo una capacidad previsora encomiable, se adelantó a los hechos. 

“Todavía no había llegado la pandemia como tal aquí, pero ya se comenzaba a hablar, entonces le comenté a Adriana: ‘hay que prepararnos para cuando llegue ese momento, porque ya la frontera, eso se va a acabar, y nosotros no vamos a poder seguir viajando’. Mi primera idea fue hacer tapabocas”.

Cuando el 16 de marzo de 2020 el presidente Nicolás Maduro anunció la llegada de la pandemia a nuestro país y las medidas preventivas decretadas por el Gobierno nacional para enfrentarla, Jhon y Adriana, decidieron poner su plan en marcha. 

Tenían cuatrocientos dólares ahorrados de la venta de chucherías e invirtieron todo en comprar 250 metros de tela POP quirúrgica para hacer tapabocas: sin tener máquina de coser, ni saber cómo hacerlo. “Llevábamos cortados los tapabocas a una señora en Los Curos (un sector de Mérida) y ella los cosía. Luego mandamos a arreglar la máquina de una prima y empezamos a coser nosotros. En ese tiempo, debido a la demanda, un solo tapabocas desechable se vendía en un dólar, y nosotros vendíamos 6 tapabocas por un dólar. Pegué papeles por toda la ciudad y logramos vender más de 5.000 tapabocas”. 

El negocio de los tapabocas, sin embargo, fue fugaz. En poco tiempo las grandes empresas y maquiladoras empezaron a fabricar cantidades ingentes de este producto e inundaron el mercado. La pandemia seguía y Jhon Marino, previendo qué haría falta, le propuso a Adriana fabricar trajes de bioseguridad para el personal de salud. 

“Buscamos un tejido llamado tafeta igloo (un tipo de tela plástica) y con esa tela empezamos a hacer los primeros trajes de bioseguridad”. Sin dinero suficiente para fabricar en cantidad, decidieron organizar una colecta.

Jhon Marino creó, son sus palabras, “una especie de grupo de whatsapp” donde convocó a paisanos y paisanas de los Pueblos del Sur para colaborar con la compra de la tela. Así lograron donar más de 100 trajes, tapabocas e insumos médicos a varios centros hospitalarios de los pueblos del sur, al Hospital de Canaguá y también al Hospital Universitario de la ULA, Proteccion Civil de Mérida y Bomberos ULA.

El salto hacia las cápsulas

Sobre cómo hicieron para aprender tanto sobre costura industrial y trajes de bioseguridad en tan poco tiempo, Marino confiesa: “Todo el proceso de aprendizaje ha sido autodidacta, a través de Youtube, de libros, por ensayo y error. Ha sido un proceso de autoformación”. 

Ya sabiendo coser, viendo el avance de la pandemia, la siguiente idea de Jhon y Adriana fue fabricar carpas. Pensaron que en nuestro país los casos de Covid-19 desbordarían los centros hospitalarios, haciendo indispensable la atención de pacientes a la intemperie. No las pudieron fabricar por falta de maquinaria, pero por fortuna, debido a las regulaciones establecidas para el control de la pandemia en nuestro país (el famoso 7×7), la entereza y la solidaridad de nuestro pueblo, estas carpas no serían necesarias.

La pareja, sin embargo, seguía pensando qué hacer con los recursos disponibles, y fue entonces cuando les surgió la idea de fabricar la cápsula. 

“Empezamos a desarrollar cápsulas de bioseguridad para el traslado de pacientes con enfermedades infectocontagiosas. Y es así como damos un paso, avanzamos y creamos la primera cápsula de aislamiento para el traslado de pacientes Covid en Venezuela, con la ayuda y la asesoría del Comité Covid, del Hospital de la ULA, Bomberos ULA y Protección Civil Mérida, quienes después de varias consultas y entrevistas nos aportaron distintos parámetros y distintas características, las cuales tratamos de aplicar en la cápsula”. 

La fabricación de esta cápsula de aislamiento de inmediato los convirtió en noticia. El Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología los llamó para integrarlos en la Red Nacional de Innovadores, y los incorporó a sus programas de financiamiento, asesoría y capacitación. El Protectorado del estado Mérida les otorgó un crédito del programa Capital Semilla, les encargó la fabricación de trajes de bioseguridad y de once cápsulas para suplir las demandas de la red hospitalaria regional. 

Más allá de la pandemia

La cápsula de aislamiento está hecha de una película transparente de PVC, con loneta impermeable, cierre, estructura de aluminio, entrada para los antebrazos y guantes para que el personal médico o de bomberos puedan manipular al paciente. Tiene cánulas de entrada para facilitar el suministro de tratamientos o suero vía intravenosa, cánulas para el oxígeno y suficiente espacio para entubar a una persona enferma dentro de la cápsula. Pesa menos de 2,5 kilogramos, puede trasladarse en un estuche de mano, es plegable, se arma encima de la camilla. Se fija con amarres y puede abrirse por completo; dos personas son suficientes para ingresar y encapsular a una persona enferma. 

Con la asesoría especializada del Comité COVID, más el capital semilla obtenido del Protectorado, a esta cápsula se le incorporaron mejoras. “Se le adaptó un sistema de presion negativa que permite que el aire en el exterior entre, pero los aerosoles contaminados salgan a través de filtros KN 95, más una batería de ion litio que le sirve por más de 24 horas, para que en el caso de un traslado largo funcionen los extractores para crear la presión negativa”. 

Estos trajes y cápsulas se llevaron al sector hospitalario de manera gratuita, pero también, por encargo, Jhon y Adriana atendieron pedidos del sector privado.

Decididos a mirar más allá de la pandemia, los emprendedores deciden diversificar su producción, hacer chaquetas impermeables, chemisses, vestidos, proyectarse como “una empresa de diseño de moda tradicional con un toque de diseño industrial”. Sin abandonar la idea de desarrollar productos tecnológicos útiles para la sociedad.

Actualmente, uno de sus proyectos de innovación tecnológica más importantes es el diseño y fabricación de una “chaqueta airbag” de protección y seguridad para las personas motorizadas y ciclistas. En el diseño de esta chaqueta está involucrada la Facultad de Arquitectura y Diseño Industrial de la ULA, el Centro de Investigación Tecnológica de la ULA (CITEC) y un conocido diseñador de moda del estado Mérida. 

La primera fase de investigación y desarrollo del producto ya se terminó. La segunda incluye pruebas de resistencia e impacto a realizarse en la Facultad de Ingenieria Mecanica de la ULA, “porque la idea es poder certificar el producto para poderlo llevar a su comercializacion”. La descripción del funcionamiento de la chaqueta es impresionante, pero no está bien revelar detalles de un producto industrial en desarrollo. Vendrá el momento de dar a conocer sus especificidades. 

Jhon y Adriana continúan con sus proyectos sin dudar, ni un segundo, que podrán realizarlos. Llama poderosamente la atención su ánimo, su confianza en el futuro, no ver nada como imposible. 

“Aquí donde usted nos ve poquito, nosotros nos las pensamos como si fuéramos muy grandes. Hay que pensar así para usted poder lograr las cosas”.

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