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“Por supuesto que yo también soñé con volar”

por Jose Roberto Duque
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José Roberto Duque / Fotos: cortesía de W. A. Cárdenas

El ímpetu, la alta exigencia de los estudios en la UNEFA y los años duros de Venezuela (2015-2017) han sido las fases y métodos de entrenamiento que le han permitido ‘matar la liga’ en la Universidad Aeroespacial de Samara (Rusia)

Le faltan algunas gestiones y duras etapas para convertirse en el primer cosmonauta venezolano. Alejandro Cárdenas viene y va por ellas

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Antes de esculcarle la vida a este joven, va una noticia, no vaya a ser que se nos quede fuera por falta de espacio.

Entre diciembre de este mismo año y febrero del 2023 (es decir, para las próximas semanas) está previsto el lanzamiento, desde Rusia, de un nanosatélite llamado Samsat-Ion. Mide aproximadamente 10 x 10 x 10 cms, es decir, las dimensiones de un cubo de Rubik. Alejandro Cárdenas, venezolano nacido en 1993 en Villa de Cura (tiene 29 años) pero con altos estudios de margariteñismo en Margarita, como se verá más adelante, participó en el diseño del sistema de control de vuelo de ese artefacto. Invitado cordialmente a que nos contara a los ignorantes totales del tema en qué consistió su trabajo, el joven se puso así de didáctico: 

“Mi trabajo fue crear el sistema de control de vuelo del nanosatélite. Es decir, organizar el conjunto de herramientas, instrumentos y sensores, y el proceso para evaluar esos sensores, que le permitirán posicionarse en el espacio. Programé un sistema por el cual el satélite ‘sabe’ dónde está, y cómo moverse. Es más que el volante del carro: es el conductor del carro”.

El dispositivo va a estudiar la densidad y el comportamiento de la ionósfera; los datos recabados serán enviados a Tierra. La novedad: los sensores que harán ese trabajo no habían sido utilizados antes en la exploración espacial. Y este joven venezolano está “coleao” en el equipo de la Universidad Aeroespacial de Samara, en Rusia, donde se ha fabricado este prodigio de la tecnología del espacio.

En ese centro de formación (Universidad Estatal Aeroespacial de Samara), la universidad más prestigiosa en su área y caballo de batalla ruso de la carrera espacial desde los años 50, Alejandro está haciendo un doctorado en Dinámica de vuelo de vehículos espaciales. Antes hizo allí mismo la maestría en Sistemas de misiles y astronáutica.

Pero nadie se engañe, el impulso y la formación inicial de todo este asunto los recibió aquí mismo, en la Venezuela bloqueada: 

–Mi primer encuentro con la tecnología de nanosatélites fue en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA). Soy unefista, allí estudié y trabajé antes de irme a Rusia. Haga lo que haga siempre voy a ser, antes que nada, Ingeniero Aeronáutico de la UNEFA. Allí dirigí en 2016-2017 el proyecto “Plataforma educativa para la investigación y desarrollo de nanosatélites”.

Otra noticia que es casi primicia, porque estas cosas no se difunden como es debido: en la UNEFA, Caracas, este joven dirigió el equipo que diseñó y fabricó el primer nanosatélite venezolano.

En la entrada de su universidad primera, la UNEFA

De niño quería ser piloto… ¡qué raro!

Todo el mundo ha soñado alguna vez con ser piloto, viajar al espacio o volar como sea. Le dijimos eso para que se ahorrara el lugar común más obvio de la historia. Pero el lugar común llegó. Acompañado por una carcajada, pero llegó:

–Pero por supuesto que de niño soñé con volar. De hecho, en el colegio me decían “el piloto”, porque siempre hablaba de la aviación, tenía una fascinación con ese tema. Con decirle que entrar en la UNEFA era mi segunda opción; mi tío era piloto de la aviación militar y yo quería hacer lo mismo. Pero la familia no tenía recursos económicos para costearme esa carrera, así que me puse a estudiar Ingeniería Aeronáutica en la UNEFA, por sugerencia de mi papá. 

La indagación en su niñez, en los detonantes fundamentales de su vocación, van arrojando otros datos y claves: ardoroso practicante de deportes extremos, a los 12 años fue escalador. A los 16 saltó en parapente, hizo el curso completo de esta disciplina. A los 18, como regalo de cumpleaños, pidió que le permitieran ser paracaidista. Antes, desde los diez años de edad, fue buzo; no se diga entonces que lo suyo son solo las alturas. “Me gusta llegar más allá, superar los límites y barreras, más allá de mis miedos. El riesgo y las dificultades me hacían sentir vivo. Todo esto sin perder de vista los protocolos de seguridad. Toda mi juventud la pasé haciendo deportes extremos y nunca tuve un accidente”.

Portada del cuadernillo que describe el programa Primer Cosmonauta Venezolano

Hablando de extremos. La ascendencia de Whilmer Alejandro Cárdenas no podía ser más tachirense. El apellido paterno delata y atestigua su origen, confirmado en su propia declaración: su papá nació en San Cristóbal, y su mamá en Villa de Cura. Los azares o planificaciones de la familia, sin embargo, tal vez determinaron su vocación nómada o al menos viajera; nació en Villa de Cura y se crió en Cagua, pero se siente más margariteño que de los llanos centrales porque su niñez y primera adolescencia transcurrieron en ‘Láisla’.

Provenir de genes tachirenses, nacer en el llano, hacerse adolescente en Margarita, luego instalarse en Caracas y después en Rusia: esas mudanzas y mutaciones fundacionales explican mucho de esa pasión por los extremos.

El ímpetu, el hambre y los apoyos

Alejandro, quien se autocalifica como una persona impetuosa (“el ímpetu, estoy enamorado de esa palabra; eso es lo que me ha ayudado a cumplir todas mis metas”) se siente orgulloso de la altísima exigencia, del duro nivel educativo en el que debió navegar cuando estudió en la UNEFA. Estudió en la sede de Chuao y vivía en la parte alta de San Agustín del Sur. Le tocó graduarse y después trabajar en la UNEFA en los años tormentosos 2015 al 2017.

Si uno busca en Google “UNEFA nanosatélite” verá noticias y fotos de un muchacho llamado Whilmer Alejandro Cárdenas, que evidentemente estaba pasando roncha; un flaco jipato de mejillas hundidas (eso fuimos todos los venezolanos cuando se desató el crimen llamado bloqueo en esos años) mostrando en un evento llamado ExpoVenezuela (2017) el proyecto del nanosatélite. Allí comienzan a destrabarse los obstáculos rumbo al proyecto crucial. Recuerda con agradecimiento el impulso y el apoyo de tres personas, aparte de su familia, en esos años germinales del proyecto: César Trompiz (Fundayacucho), Libertad Velasco y el ex vicerrector de la UNEFA, general Julio Cárdenas. 

En su regreso a la UNEFA presenciamos su conferencia dicha ante un puñado de estudiantes. Los muchachos se le acercaban con más respeto que claridad sobre lo que le iban a preguntar. Alejandro los atendió y llenó de consejos y directrices.

Un reconocimiento de la entidad que lo formó

“Yo a veces llegué a agarrar la plata de mi sueldo para comprar algunas cosas que hacían falta para armar el nanosatélite. Pasaba hambre. Pesaba 60 kilos. Eso no me frenaba, me hacía avanzar. Lo mismo en Rusia: me tocaba quedarme en casa traduciendo y tratando de entender los libros. Viviendo en un albergue, teniendo que ir a trabajar incluso cuando había –30 grados de temperatura, construí mi propia impresora 3D, mi propio nanosatélite. Me gradué con las más altas calificaciones. Eso es lo que yo llamo ímpetu y disciplina, y eso fue lo que conmovió a los rusos: estudiantes inteligentes son todos, pero que alguien deje el alma así, sin recursos y con creatividad, eso dejó buena impresión. Todo eso se lo debo a las dificultades que tuve que pasar estudiando y trabajando en la UNEFA”.

Debe pasar de 2 a 3 horas en un gimnasio, está bajo un régimen nutricional estricto. El flaco jipato y esmirriado de 2016-2017 pasó a ser un robusto atleta que no debe abandonar su preparación física. Ni la otra. El contacto con cosmonautas consagrados y en funciones le sirve también de combustible formativo y emocional.

El proyecto no es nada individualista

Cárdenas es actualmente beneficiario de una beca de Fundayacucho y de un programa que ha sido difundido con un nombre formidable: “Primer Cosmonauta Venezolano”. Al percatarse de que nuestra intención era hacer una semblanza del individuo que se abrió paso hasta ese momento tremendo en la vida de cualquiera, pidió incluir en esta reseña los beneficios y ventajas, el carácter social y venezolanista de ese programa, “que va mucho más allá de la promoción de una persona: el país entero se va a beneficiar de este proyecto, como de hecho la humanidad ya se está beneficiando de la actividad y las investigaciones de cosmonautas y astronautas en el espacio”.

El nombre formal del proyecto es “Misión Libertad Espacial Simón Bolívar”, y una de sus misiones es fomentar la identidad nacional. Llevar los símbolos patrios a donde los mejores científicos de los países más desarrollados se reúnen para cambiar al mundo. Alejandro nos muestra un documento que describe la justificación, pertinencia y el carácter de asunto de Estado, crucial para nuestro avance en temas de ciencia, tecnología, salud, toma de conciencia respecto a nuestros valores culturales.

Dice el documento:

“Los beneficios que se han derivado a partir de la capacitación de un cosmonauta (…) son en las áreas de salud humana, observaciones de la Tierra y respuesta a desastres, tecnología innovadora, educación global, valor científico, desarrollo económico del espacio y desarrollo económico mundial (…) Los cosmonautas en la ISS (Estación Espacial Internacional) tienen una capacidad única para capturar la atención de estudiantes y profesores en todo el mundo. La presencia de humanos a bordo de la estación proporciona una base para numerosas actividades educativas destinadas a despertar el interés y motivar a los niños hacia el estudio de la ciencia, la tecnología, ingeniería y matemáticas”.

Sobre los beneficios específicos de la capacitación del primer cosmonauta venezolano: “En función de las líneas del Plan de la Patria y los Motores Productivos: escribir la historia de Venezuela en el espacio para fortalecer la identidad nacional. Concientizar a la población venezolana del impacto de la microgravedad y la exploración espacial en la vida cotidiana de los venezolanos. Esto en los Objetivos del Plan de la Patria está formulado así: Afirmar la identidad, la soberanía cognitiva y la conciencia histórico-cultural del pueblo venezolano, para favorecer la descolonización del pensamiento y del poder” (…) “Afianzar la identidad nacional y nuestroamericana” (…) “Defender y proteger el patrimonio histórico y cultural venezolano y nuestroamericano” (…) “Desarrollar las capacidades científico-tecnológicas que hagan viable, potencien y blinden la protección y atención de las necesidades del pueblo y el desarrollo del país potencia”.

Qué le falta para irse al espacio 

En estos días (noviembre de 2022) El joven estará en Caracas solicitando algunos apoyos y trámites que faltan para completar las fases siguientes rumbo a su conversión en cosmonauta. Falta que desde el gobierno bolivariano envíen a Rusia un a comunicación y se firme un memorándum de entendimiento. Necesita el apoyo del Estado porque el conocimiento que se imparte allá es estratégico, es información que Rusia no le va a entregar a cualquier particular, obviamente. Entonces el Estado debe informar que apoyará en las fases siguientes al Primer Cosmonauta Venezolano.

Para terminar, una pregunta-emboscada.

–Naciste en 1993. Quiere decir que te perdiste dos años importantes para la historia de Venezuela: 1989 y 1992. ¿Sabes qué pasó en esos años y por qué es importante que los jóvenes lo sepan?

–He tenido la suerte de recibir buenas clases de gente que vivió esos acontecimientos. En Rusia hemos recibido conferencias de civiles y militares para los becarios de Gran Mariscal de Ayacucho, siempre conmemoramos esas fechas. Lo que pasó en esos años abrió el camino a lo que estamos construyendo como juventud. Las líneas políticas que se han formulado a partir de esos eventos me han construido a mí, personalmente, y a muchos jóvenes venezolanos. Si no hubieran ocurrido esos acontecimientos no hubiesen abierto esta universidad (UNEFA) al pueblo. En ninguna otra parte aquí en Venezuela se estudia Ingeniería Aeronáutica, así que yo no hubiera podido estudiar lo que estudié. Yo soy resultado de las líneas políticas, y de la importancia que se le ha dado a la educación. Porque la educación es conocimiento y poder. Soy hijo de todo lo que logró esa generación.

–Te propongo un ejercicio de imaginación. Supongamos que es verdad eso de que la gente buena, cuando muere, se va al cielo. Cuando logres subir por allá arriba, ¿a quién te sentirías contento de encontrar, allá adonde ningún venezolano ha llegado?

–En primer lugar a Dios. Y al presidente Chávez, él era otro impetuoso a su manera. Chávez transformó al país y nos abrió las puertas a muchos venezolanos.

Whilmer Alejandro Cárdenas está dispuesto a aprovechar su permanencia en Venezuela para dar algunas charlas y conversatorios con jóvenes. Invítenlo, vale la pena.

Alejandro Cárdenas en Instagram: https://www.instagram.com/cardenasspace/

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1 comentario

Carol 5 noviembre 2022 - 20:46

Qué hermoso y conmovedor trabajo de ustedes, de mostrarnos maravillas como este joven cosmonauta nuestro. El impacto de la exploración espacial en nuestra cotidianidad uf!!! Qué emoción.

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