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Del ‘miao e venao’ a los antivenenos sólidos

por José Roberto Duque
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El desarrollo de antivenenos a partir de inmunoglobulina de gallina, proyecto en desarrollo de la UNEFM, tuvo uno de sus puntos de partida en la observación y análisis de prácticas, costumbres y saberes ancestrales. Diálogo de cosmovisiones, tal cual lo postula la Ciencia Abierta

José Roberto Duque / Fotos: Félix Gerardi / Foto de portada: cascabel. Pexels

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La noticia anda rodando por los caminos estelares de la ciencia venezolana desde hace poco más de un año: el proyecto de antivenenos de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM Coro, Falcón), ganó el Premio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación en 2021. Ahora mismo se encuentra en fase de evaluación por parte del Instituto Nacional de Higiene, entidad encargada de otorgar la certificación rumbo al permiso sanitario correspondiente.

El equipo que obtuvo el galardón está integrado por los investigadores Adolfo Bremo, César Rengifo, Alfredo Bello, José Luis Yrausquín, Ángel Duno y Úslar Guerra. Más adelante detallaremos algunos pormenores de esta batalla fantástica contra un flagelo recurrente, sobre todo en las zonas rurales de todo el mundo, como son los accidentes ofídicos.

Pero ahora queremos darle visibilidad a lo que había antes, porque ese “antes” no ha desaparecido del todo. Tiene que ver con la dinámica de las civilizaciones, con cambios de paradigmas, con la capacidad de muchos de nuestros científicos para valorar y respetar los datos culturales “olvidados” o segregados por la ciencia occidental. 

No te inyectes orina de venado, pero escucha al ancestro

Sobreviven en varias regiones de Venezuela unas cuantas prácticas ancestrales para neutralizar las mordidas de serpientes. Todas ellas se basan, como ocurre con todo saber desarrollado por seres humanos apegados a la naturaleza, en la observación de los animales, las plantas y los elementos.

En varias partes de Venezuela la tradición oral registra la enemistad atávica entre el mato huevero y la mapanare, que suele originar enfrentamientos de singulares características (aquí, un testimonio y descripción al respecto). Es fama que el mato, un lagarto gigante que puede medir 3 metros de largo, se inmuniza a lo largo de la pelea mediante la ingestión de la raíz de una planta, llamada popularmente y por esa misma razón “raíz de mato”, y que esta “trampa” le permite sobrevivir a las mordeduras del poderoso ofidio. De tanto servirle al mato, esa raíz se hizo popular con los siglos en varias regiones como antídoto o agente sanador en caso de mordeduras de serpientes.

Imagen: Pexels

El doctor Adolfo Bremo, médico veterinario, doctor en bioquímica e investigador de la Universidad Francisco de Miranda (UNEFM), tiene 30 años en el área de la ofidiología, en la investigación y producción de antivenenos. Su testimonio personal, ahora cuando está consagrado a darle los toques decisivos al desarrollo de inmunoglobulina de gallina, antiveneno en polvo desarrollado en aves y no en mamíferos (datazo de suma importancia, como veremos luego) comienza también en la biblioteca viva que son los pueblos de su estado natal. Así recuerda cómo fue su captación y valoración de lo que había antes del saber científico: cómo se salvaban o intentaban salvarse los seres humanos antes que llegara la ciencia a intentarlo de otra forma:

“Mi primera tesis en el área, la tesis de maestría, fue una propuesta de unos estudiantes que vivían en la sierra de San Luis, en la zona de Aracua. En ese pueblo, por tradición ancestral, milenaria, se usa la orina de venado para la mordedura de serpiente. Cazan al venado, le quitan la vejiga, la ponen en un envase y con esa sustancia contrarrestan los efectos de las mordeduras de ofidios”.

Bremo hace énfasis en aclarar que esto no es recomendable de ninguna manera, desde el punto de vista médico ni sanitario. Pero sin embargo decidió aplicar los protocolos aprendidos en la universidad a ver qué se traía esta práctica, qué tenía de eficaz el ‘miao e venao’ y dónde comenzaba la fábula.

El método consiste en mezclar la sustancia con el veneno de la serpiente durante 30 minutos, a 37 grados centígrados, y se inocula en un ratón, vía intravenosa o peritoneal. Asombrosamente, en los primeros ensayos los ratones sobrevivían. Bremo suponía que el PH de la orina era lo que neutralizaba la toxina. Probó entonces con orina de bovino, de equinos, de humanos. Pero la única que tenía eficacia era la orina de venado. Con esa orina se inhibían las toxinas principales del veneno, las responsables de la letalidad. Punto para el saber ancestral y popular de Aracua.

Liliana Infante, Imelda Reyes, Adolfo Bremo

Guaco es mucho más que gaita y navidades

Una vez el doctor Bremo fue de visita a una finca en la que había unos venados en cautiverio. Separados de su hábitat silvestre, los venados eran alimentados con pasto. Tomó muestras de orina de estos animales: “Cuando hice el ensayo no había efectividad, la orina de esos venados no neutralizaban el veneno. Hay una conclusión lógica y es que el animal debe comer algo en su ambiente silvestre, alguna sustancia que elimina por la orina, que es el que lo hace efectivo”. 

Visitaron a un curandero para entonces muy conocido en la Sierra, llamado Camilo Rodríguez, que tenía un vivero de plantas medicinales. Prosigue Bremo con la cronología de sus hallazgos y aprendizajes: “Camilo nos dijo: ‘los animales que comen serpientes venenosas comen esta planta’; y nos la mostró; era una rama llamada guaco. Así también se le llama popularmente a la lechuza blanca y le pusieron así porque los campesinos han visto que esa lechuza se come esa mata. Pues resulta que esta planta se la come también el venado. Empezamos a trabajarla, a hacerle análisis y encontramos que contiene una sustancia que bloquea las enzimas venenosas”.

Cuando descubrieron esa propiedad y revisaron la literatura especializada en la materia se enteraron de que en varios países (Brasil, India, Pakistán) investigan los alexíteros: las plantas con propiedades antivenenosas. Entre esas especies que pueden neutralizar toxinas de venenos está el guaco (nombre científico: Aristolochia), y también venenos de serpientes y otros animales ponzoñosos. En esos países la gente toma infusiones hidrosolubles que se eliminan por la orina. El metabolismo de primer paso que hace el hígado (especie de primer filtrado que ese órgano ejecuta antes de distribuir las sustancias por el organismo) hace que se activen esos metabolitos; esto le da sentido y pertinencia al uso de la orina; por eso las sustancias de la planta deben pasar por el “laboratorio” del cuerpo, que es el hígado, para que adquiera sus poderes o propiedades.

Bremo no escatima admiración hacia los saberes ancestrales, ante la evidencia de algo que ustedes y nosotros ya nos estamos preguntando: “Eso lo sabían o lo suponían y lo decían nuestros chamanes ancestralmente. El mato come serpientes, y también una planta llamada diente de cascabel, que es endémica en Yaracal; el orégano, la yatrofa, también tienen esas propiedades y también las come ese animal”. El misterio de los saberes del pueblo es que ese conocimiento “estaba ahí” muchos siglos o milenios antes de la construcción de laboratorios y de instrumentos capaces de detectar las reacciones de enzimas y sustancias.

Los antivenenos modernos y los que vienen

En lo que va de siglo ya la literatura científica sobre el tema concuerda en estos análisis que reconocen los saberes milenarios de los pueblos. De 2015 data una publicación argentina de múltiples autores (Torres, Camargo, Ricciardi y otros) cuyo resumen contiene esta declaración: 

El estudio de las plantas medicinales se remonta al principio de la evolución del hombre sobre la Tierra, siendo la fitoterapia considerada como la medicina más ancestral por excelencia. Son numerosas las observaciones del empleo de plantas por los animales, por ejemplo las comadrejas cuando deben enfrentarse a una serpiente suelen envolverse en hojas de llantén, y las águilas andinas cuando son picadas frotan sus partes heridas sobre la planta Mikania guaco con propiedades antiofídicas. Se puede destacar entre otros hechos, lo sucedido con el conquistador Diego Rojas, que fue herido por los indígenas con una flecha envenenada y observándolos encontró el antídoto en el zumo de Dorstenia brasiliensis, contrayerba…

Bremo inició en el año 2000 sus primeras incursiones en la producción de suero antiofídico. “El uso de extractos de plantas es un ‘llegue’ -dice el investigador-, ofrece protección por un tiempo limitado, hasta que al paciente le da chance de llegar a un hospital y ser tratado con un antiveneno”. Las primeras inmunizaciones las hicieron de manera experimental con caballos y burros, obteniendo interesantes resultados. Observaron o confirmaron algo que ya se sabe en el ámbito médico y científico: que cuando se usa el veneno de serpientes de una zona específica y se inmuniza un animal, los anticuerpos son más eficientes usando las toxinas de esa zona. “Los venenos van mutando según las zonas o regiones, incluso en serpientes del mismo género. Tiene que ver con aspectos climatológicos, dieta de la serpiente y otros factores”.

Bremo y su equipo hicieron una caracterización de serpientes en cada región del estado Falcón. “Nos dimos a la tarea de hacer una mezcla de venenos que fueran representativos de todo el estado para hacer un solo inmunógeno”.

En 2006 el Estado convocó a una misión, Misión Ciencia Antivenenos. La intención era establecer zonas geográficas donde los venenos tuvieran características similares. Bremo participó en estas jornadas: “Allí se establecieron varias regiones donde las serpientes tenían venenos similares: la región Noroccidental, Región central, Nororiental, Bolívar al sur del río Orinoco y al norte (las serpientes son dramáticamente distintas en su composición de venenos); Llanos centrales y occidentales, Llanos orientales. La idea era y es producir venenos regionalizados. La actual ministra, Gabriela Jiménez, participó en ese plan nacional”.

Gallinas, es decir: saurios

Luego, en 2010, el paso decisivo: los ensayos con antivenenos elaborados en gallinas. Aparte, hay también experimentos con codornices y avestruces. “Las codornices tienen ventajas -informa Adolfo Bremo-, porque contienen más inmunoglobulina, ponen huevos dos veces al día y necesitan menos alimentos, 20 gr al día”.

Pero lo suyo son las gallinas.

La ventaja de las gallinas como animales para la experimentación son varias: no hay que sangrarlas (la inmunoglobulina se obtiene de los huevos), son del mismo orden (saurios) al que pertenecen los ofidios y tal vez por eso son más resistentes a las toxinas. En este punto de la investigación se incorpora al equipo un especialista en aves, Alfredo Bello. El protocolo de inmunización es propio, del equipo de Bello, Bremo y los demás. “Usamos unos coadyuvantes propios, que no son ortodoxos. Hemos logrado producir inmunoglobulina en grandes cantidades”. Hay una cantidad de detalles técnicos y procedimentales que el investigador prefiere no revelar, para resguardar las claves de su investigación.

En resumen, las ventajas que enumeran los investigadores de la inmunoglobuina de aves con respecto a la que se obtiene de mamíferos son:

  • La de gallina no ha generado reacción alérgica en ningún paciente (la de equinos registra de 25 a 30% de reacciones adversas); aquí, unas cifras y datos del proyecto publicados en 2022.
  • Es un producto seco, en polvo. No necesita refrigeración. La norma dice que todo medicamento debe almacenarse por un máximo de tres años; los investigadores aseguran haber reconstituido el fármaco luego de envasado en 2006.
  • La investigación hace innecesario todo trato cruel hacia los animales. El sufrimiento de los equinos ha sido la causa que hayan desaparecido centros de producción de antiofídicos en todo el planeta.
  • Mantener un caballo para producir antivenenos es muy costoso; sumando costos, los tratamientos resultan impagables.
  • Hecho en ovíparos, cuya inmunoglobulina no activa el sistema inflamatorio, como la de equinos, las reacciones adversas desaparecen o bajan rotundamente.
  • Su potencia neutralizante es más alta.

Testimonios

Aunque la efectividad del antiveneno ha sido probada en varias docenas de pacientes, existen protocolos y requisitos por resolver antes de que el producto cuente con una certificación y un permiso sanitario. Los investigadores declaran con orgullo que han salvado vidas, pero tienen el deber ético de no distribuirlo masivamente o emplearlo sin autorización.

Lo ideal es que, cuando obtengan los permisos, se surta a los dispensarios de las zonas rurales los antivenenos específicos de cada zona.

La doctora Imelda Reyes, médico epidemióloga, de la Dirección de investigación y posgrado del área Ciencias de la salud del hospital tipo 4 Van Grieken, participó en los inicios del proyecto con el retroviral, luego continuó con los antivenenos. Maneja los posgrados clínicos, que es donde se aplica la actividad científica. “Nos toca como clínicos reforzar estos procesos, el accidente ofídico es una de las enfermedades tropicales más desatendidas en el mundo. Por ser enfermedad tropical de alta complejidad y letalidad se hace más propicio que la UNEFM sea la vanguardia en este proyecto.

Liliana Infante, Directora Ejecutiva de Fundacite Falcón, indica que su equipo de analistas de proyectos ha asesorado a los investigadores en la formulación del proyecto. “La experiencia ha sido maravillosa. Nos hemos ocupado de orientarlos sobre formulación, presentación de objetivos, resumen, propuesta, plan de inversión. Duramos 4 meses apoyando en asesoría. Hemos visto a estos investigadores salvar vidas y explicar a los jóvenes con un lenguaje sencillo de qué se trata: los jóvenes se interesan mucho cuando les explican que los reptiles no son un problema sino que forman parte de la naturaleza, están ahí y hay que aprender a convivir con ellos. Es parte de la misión del programa Semilleros Científicos. Hemos contado con el apoyo del gobernador Víctor Clark, de la rectora Juogreidin Cerero, del Ministerio de Ciencia y Tecnología y de Fonacit”.

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2 comentarios

Luis Alberto Villasana Salcedo 8 febrero 2023 - 18:34

Excelente y Muy necesario este Trabajo de Investigación. Que se masifique La Producción y Distribución del Antiveneno a Nivel Nacional. Éxitos.

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Adda Manzanilla 8 febrero 2023 - 14:44

Excelente! muy orgullosa de estos investigadores Venezolanos. Muchos éxitos! Felicidades!

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