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Pasado, presente y futuro de las construcciones de barro en Falcón

por Jose Roberto Duque
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Texto y fotos: Alejandro Silva Guevara

Tres generaciones de maestros del arte de la construcción con barro mantienen viva la herencia cultural falconiana en la materia. Todo esto, contra el olvido y contra algunas señales no muy buenas provenientes de la Unesco 

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Jesús Coello, maestro artesano del barro, nació en Siluetico, estado Falcón, el 5 de agosto de 1929. Arrastra una silla y se acerca mientras comienza a echar el cuento sin titubeos: 93 años de memoria viva.

Nos habla sobre los movimientos de familias en el mismo estado causados por una sequía que terminó por matar a más de 100 personas; también nos cuenta sobre la fundación de nuevos pueblos que buscaban mejores entornos para vivir (de ahí justamente el nombre de Pueblo Nuevo), de una época en la que quien tenía chivos era rico y que de ellos solo se aprovechaba el cuero, porque no se comían. Hubo quien llegó a tener 3 millones de chivos, mientras sus padres solo tuvieron 10 mil (nada más, según Jesús). Termina dándonos un recorrido por sus 83 años de trabajo en el área de la construcción que no sólo desarrolló en el estado Falcón, sino en Caracas, donde participó en la construcción de una zona del 23 De Enero, su trabajo en las “pilas” 21, 22, 23 y 24 del Puente Rafael Urdaneta, sobre el Lago de Maracaibo. Recuerda al menos, haber construido más de mil casas.

Su conocimiento, esa herencia que venía rodando desde varios siglos y de cabeza en cabeza, lo tiene fresco desde que comenzó a trabajar a los 10 años, de la mano de otro maestro del barro. “Eso es fácil –dice el maestro–: “primero se pica la hierba, hierba coneja, pues, y se pone a remojar por tres días; después se le agrega el barro y ahí tiene pa’ trabajar con adobe o con bahareque, que no es lo mismo, porque el bahareque se hace con bejuco de la sierra, que también se remoja y se puede manejar mejor, y se le embute el barro preparado. Los adobes son bloques”. 

Coello fue una persona indispensable, por su maestría y experiencia, en las cuadrillas formadas por la gobernación del estado Falcón para la recuperación y mantenimiento del Centro Histórico de Coro. Él afirma que todas estas construcciones tienen su origen en las técnicas de construcción de barro de los indígenas, o sea, el bahareque, pero con edificaciones de estilos europeos.

El maestro Jesús Coello

Se presume que, con la llegada de los españoles, se combinaron las técnicas del uso del barro que heredó Europa de Mesopotamia, con los aportes africanos y las utilizadas por los nativos americanos, adecuando las construcciones con estos materiales a las realidades climáticas del continente. Existen en Perú unas construcciones de barro que se cree que tienen más de 3.000 años.

Desde que Coello recuerda, es importante la fermentación o que la paja utilizada para las construcción se “abombe”, lo que requiere de unos tres días en un pozo con agua y de allí, ya mezclado con el barro y la arcilla, se decide si la construcción será de adobe, que no es más que prensar bloques del material que se sobreponen en la construcción, o si será de bahareque, que se trata de una especie de trenzado con bejucos a los que posteriormente se les agrega el barro, o también se puede hacer la construcción de tapia, que se realiza con un encofrado de madera, con el barro preparado y comprimido en medio de las láminas. 

Jesús Coello, este maestro de maestros, fue declarado Patrimonio Viviente de la Humanidad por la Unesco y recibió el Premio Nacional de Cultura en el renglón de “Saberes Populares”.

“La casa es la tercera piel”

El profesor e ingeniero civil Víctor Piñero, reflexiona: “La piel es la casa del alma; la ropa es la segunda piel y la casa es la tercera”. Piñero, desde sus tiempos de estudiante, se sintió atraído por las construcciones con barro y basó su trabajo en el cómo mejorar las técnicas de construcción con el mismo material que las originó. 

Cuando presentó su tesis de grado mecanografiada, con dibujos hechos a mano por él mismo y a la que llamó: “Mejoramiento de viviendas de bahareque con techos de tierra (1985)”, sus compañeros y profesores lo tildaron de loco, de retrógrado, pero no les paró bolas. Se dedicó a la investigación y a ensayar las diversas maneras en las que se podía llevar a cabo, no solo el mantenimiento, sino la construcción de nuevas viviendas aplicando tecnología a todo el conocimiento existente que maestros como Coello llevaban años implementando. 

Aspecto de una calle de Coro

Así que le dedicó tiempo al análisis y solución –con notables mejoras– de problemas muy puntuales como los de humedad o de elementos “patógenos” (termitas, comejenes y otros), concluyendo que el uso de otros insumos naturales añadidos a la mezcla de barro para construcción significaban un aporte importante en el mejoramiento del trabajo, o sea, “La utilización de elementos naturales y tecnologías apropiadas y sustentables que pueden ser aprovechados por la población a muy bajos costos”. 

Podemos citar varios de los aportes de Piñero: en primer lugar, la utilización de polímeros naturales que tienen una doble función: la de brindar mayor grado de impermeabilización, mayor resistencia y a la vez rechaza las plagas o los insectos. Estos polímeros provienen de varias fuentes, entre ellas la sábila, el almidón de yuca, fibra de guásimo, fibra de coco y de la penca del cocuy. También aportó, luego de varios estudios de materiales, la utilización de cal viva y carbonato de calcio que mejora las propiedades mecánicas y físicas de la tierra, sobre todo para la construcción de adobes.

Entre muchos otros experimentos, siempre pensando en la manera de abaratar los costos de construcción, Piñero logró la producción de bloques de barro con cantidades muy bajas de cemento, con mayor resistencia y menor peso. La medición del aguante de estos bloques, e incluso de los hechos solo con las técnicas ancestrales de barro, han sido probados en máquinas construidas para ello. 

La aplicación de los estudios realizados por Piñero también ha reforzado el tema de las cantidades exactas requeridas en el mejoramiento del trabajo con barro. Si bien eso lo saben los maestros artesanos, la idea es dejar una base de conocimiento en los nuevos artesanos e ingenieros civiles con el fin de lograr mantener la tradición de este tipo de construcciones con el uso de tecnología. 

Construyó un par de máquinas para la compactación de bloques de adobe, una que funciona con electricidad, que se encuentra en período de prueba, y otro completamente manual y muy fácil de hacer, que fueron desarrollados por los estudiantes de la Universidad Politécnica Territorial de Falcón “Alonso Gamero”, en la que aún dicta clases.   

Víctor Piñero cree en la autogestión y está seguro de que esta máquina manual, que se puede construir con las más simples herramientas y materiales, puede producir, con apenas tres operarios, 1.500 bloques de adobe al día, lo que aporta a la autogestión y a la generación de empleo. 

Máquina manual de prensado de adobes

De la teoría a la práctica, como debe ser

El trabajo desarrollado por Víctor Piñero no se quedó en estudios de laboratorio, o en las aulas de clases. Entre los años de 1993 a 1996, con todas las dificultades y no menos detractores, logró la construcción de 112 viviendas en un trabajo conjunto con una comunidad que tuvo que ser reubicada porque se encontraba dentro del Parque Nacional “Médanos de Coro”, y algunos entes gubernamentales que apoyaron. Este desarrollo habitacional cuenta con casas que tienen sala comedor, cocina, tres habitaciones y un baño y se logró un ahorro del 50 por ciento respecto a lo que hubieran costado si se hubieran utilizado los materiales que hoy se utilizan.

La Ciudadela “Nuestra Victoria”, 30 años después, sigue firme, habitada y seguro durará muchos años más. Por este trabajo recibió el premio como “Mejor Técnica Social para la Vivienda”, y por esa misma experiencia incluyó en la Universidad en la que imparte su conocimiento, una materia orientada a la formación de técnicos e ingenieros en desarrollo comunitario de autogestión.

En el año 2007, el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología a través de Fundacite, llevó al Prof. Piñero a dictar unos talleres de formación en construcción autosustentable en los estados Sucre, Monagas, Guárico y Yaracuy. Piñero recibió el Premio Regional de Ciencia y Tecnología en el año 2000 y otros reconocimientos por su aporte con el tema de las construcciones con barro.

Entre uno de los ataques más fieros al pueblo venezolano para derrocar al presidente Chávez, se cuenta el de la escasez provocada de gas doméstico durante y después del paro petrolero del año 2002. Ante esta situación Víctor Piñero promovió la red y encuentro anual de “Ecofogones”, que por supuesto, eran construidos con barro, muy pocos materiales y son rápidos de hacer, lo que salvó a muchas familias en el estado Falcón de la hambruna, y con poco impacto ecológico ya que la utilización de madera en sustitución del gas afortunadamente duró poco tiempo.

El maestro Coello transmitiendo su saber

Centro Histórico de Coro: confluencia de saberes

Luis Ollarves, también ingeniero civil con 10 años de trabajo en la recuperación y mantenimiento de construcciones de barro, explica que se le llama Centro Histórico de Coro a esa zona, porque en ella hay vida (hay 90 familias que habitan en este centro) y no se trata de edificaciones destinadas solo a los quehaceres gubernamentales o a la contemplación. 

En este sentido, se reconocen tres anillos, siendo el primero el declarado patrimonio por la Unesco y en el que se encuentran los llamados “monumentos principales”, como La Casa del Sol, la Casa de las Ventanas de Hierro y otros por el estilo que se reconocen porque tiene las calles de piedras; la zona inmediata que lo rodea y que posee un gran valor arquitectónico, y una tercera que posee valor histórico, todas ellas construidas con adobe, mientras que en el caso de La Vela de Coro, las construcciones fueron hechas con la técnica del bahareque.  

Recientemente, entre el 2020 y el 2021, se creó la Cuadrilla Patrimonial “Jesús ‛Chucho’ Coello”, integrada por maestros artesanos, artesanos, albañiles y aprendices y realizaron la reparación de 203 construcciones entre viviendas familiares y monumentos del Centro Histórico, por supuesto, respetando las técnicas de construcción con barro de cada una de las edificaciones.

Pero no todo es romance con la Unesco. En este momento tanto el Centro Histórico de Coro, como La Vela de Coro, se encuentran en una “lista de posible exclusión” que podría proceder si no se ejecutan ciertos trabajos que exige este ente internacional, lo que no resulta fácil porque todo el centro se encuentra sobre un terreno que llaman “Pantano”, que es la parte más baja de la ciudad y que requiere de una importante cantidad de recursos para solventar el problema de las inundaciones que allí se dan y en el resto de la ciudad. Así que parte de las exigencias de la Unesco son la instalación de drenajes y su constante mantenimiento, la elaboración de un “Plan de Riesgo” que pueda hacer frente a desastres naturales como las lluvias excesivas, terremotos, etc., y finalmente el tema de la preservación, que sin dudas es el que está más avanzado.

Pero a pesar de estar bajo el brutal ataque a nuestra economía, el avance en la reparación y preservación es casi completo, salvo detalles. En este punto se debe decir que los aportes del maestro Coello y la tecnología aportada por el profesor Piñero, han sido vitales para lograrlo. 

Me sorprendió saber que hasta los colores utilizados para el embellecimiento del Centro Histórico se obtienen de un trabajo de policromía hecho por maestros artesanos, utilizando cal y óxidos naturales que se obtienen de la misma tierra mezclados con sábila azul, mezcla que además espanta el comején, bicho que se aloja en este tipo de construcciones por la paja que se utiliza y que fueron exterminados, a falta de fumigantes, con otra maravilla creativa de los artesanos quienes ponen a sancochar hojas de nim (o neem), luego las mezclan con creolina y gasoil dando como resultado un potente coctel en contra de la plaga.

Adobes con la fórmula del profesor Piñero

“El barro respira”

Aunque parezca un ardid poético, siempre se ha escuchado que las casas de barro tienen alma y esa alma es la gente que la ocupa. Cuando estas casas están habitadas, se mantienen en pie, mientras que es muy corto el tiempo en que caen en ruinas cuando las abandonan. Este hecho supone una especie de simbiosis entre la gente y las casas de barro. 

Tampoco es un secreto que este tipo de construcciones posee la facultad de contener el calor en el día y mantener un ambiente tibio cuando cae la temperatura, como una especie de regulador climático que funciona de maravilla en zonas calientes como las del estado Falcón. 

Pero todo esto también tiene que ver con el techo de estas casas, al que llaman techo de torta, también llamado cañizo o tocópero, que se hace con cardón seco, caña amarga cortada en luna menguante (y que por cierto, hace que el comején tarde en echar vaina), y que luego que está sobrepuesto con las cañas, se le agrega la mezcla de barro “curado”, que es el mismo de las paredes y por último se le ponen tejas para que el agua corra.

Este tipo de techo, junto con la altura de las paredes que tienden a ser más altas y gruesas que las construcciones de bloques de cemento, son las que logran la frescura de estas edificaciones. 

El maestro Coello, el profesor Piñero y el ingeniero Ollarves, son 3 generaciones que hoy mantienen el legado de la construcción de edificaciones de barro, demostrando la resistencia, durabilidad, factibilidad y economía de una tradición que debe mantenerse, pasando por problemas como la demolición de muchas de estas construcciones a manos de comerciantes árabes, en su mayoría, quienes las compran de barro y las demuelen para rehacer locales comerciales de bloques de cemento, a pesar de que las leyes prohíben la destrucción de este patrimonio, porque se trata de nuestra memoria, de nuestra historia.

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2 comentarios

Gabriela 26 febrero 2023 - 18:37

Me mató el final, lo de la demolición a pesar de la ley. Esto ameritaría otra nota con investigación. ¿Hasta cuándo vamos a tener leyes que no se cumplen? La impunidad acumulada trae consecuencias cada vez más serias: nos vamos acostumbrando a fabricar leyes sin importar mucho el cómo, porqué y para qué, porque igual, no cumpliremos… Creo no exagero, veámonos… Saludos fraternos!

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Gabriela 26 febrero 2023 - 18:45

Ah, y la nota, muy buena! Y sobre la UNESCO, tal vez en las condiciones actuales del país, más vale mejor salirse de su tutela. Esa maravilla existe, es de Venezuela y también puede ser de la humanidad, sin la necesidad de su aval. No creo traiga los beneficios que justifiquen sus exigencias. Debemos mantener a nuestro país por propio amor y conciencia, independientemente de señalamientos de organizaciones externas, más aún con el desprestigio que han alcanzado en general por su inacción frente al acoso volcado sobre Venezuela. Saludos fraternos!

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