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Tres científicas capitanean la lucha contra el coral invasor

por Jose Roberto Duque
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Segunda entrega de la serie sobre el coral invasor Unomia stolonifera. Va sobre el equipo bajo la dirección de investigadoras venezolanas que está dando pasos decisivos contra su avance descontrolado

Nelson Chávez Herrera / Fotos: Félix Gerardi

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Las tres son biólogas marinas de la Universidad de Oriente (UDO), con estudios de posgrado en el Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV): Sinatra Salazar, especialista en especies invasoras; Carol Lárez, especialista en biología química y Migdalia Arcia, especialista en gerencia ambiental. Las tres forman el equipo ejecutor de dos de los tres proyectos de investigación y desarrollo científico financiados por el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología (MinCyT) a través de Fundacite-Sucre, para afrontar la invasión de la Unomia stolonifera, una de las invasiones biológicas más letales en la historia del país.

El proyecto coordinado por Sinatra Salazar se denomina: “Estudio de los ecosistemas de arrecifes, manglares y pastos marinos con miras a evaluar la invasión Unomia stolonifera y presencia de otras especies exóticas invasoras (EEIs), su relación con el cambio climático y diseño de un plan de monitoreo de EEIS en el Parque Nacional Mochima (PNM) y costa nororiental del estado Sucre”. Sobre este proyecto versará una parte de este artículo, que bien podría llamarse “conociendo al enemigo o a la caza del coral invasor”.

El nombre del proyecto coordinado por Carol Lárez es: “Elaboración y evaluación de un extracto biocontrolador para la mitigación del coral invasor Unomia stolonifera”. Sobre este hablaremos en la siguiente entrega, porque de los resultados del primero depende en alto grado la eficiencia del segundo. Migdalia Arcia es quien coordina a su vez los tiempos de ejecución, gestión de recursos, logística de los dos proyectos que se complementan y articulan para un mismo propósito: controlar la especie invasora. La pregunta es: ¿cómo? ¿Viva o muerta?

Migdalia Arcia, Carol Lárez y Sinatra Salazar

Duro de matar

Como una sombra silenciosa la Unomia stolonífera, aparecida misteriosamente en la bahía de Conoma en 2007, fue invadiendo poco a poco el Parque Nacional Mochima causando la muerte de los corales nativos y ahuyentando a los peces. De su presencia como una mancha negra bajo el agua sabían pescadores y pescadoras de la zona, proveedores y proveedoras de servicios de turismo, profesionales de la biología marina, onegeístas, personal de las instituciones públicas, emprendedores y emprendedoras acuaristas. Estos últimos probablemente lo introdujeron al país con fines comerciales o propósitos desconocidos. Nadie sin embargo se dio por enterado, quiso intervenir o pudo detener su avance.

La invasión ocupa aproximadamente 40 por ciento del Parque Nacional, se le ha detectado en Choroní (Aragua), Patanemo (Carabobo), Parque Nacional Morrocoy (Falcón) y su amenaza se extiende a todas las costas del país. Por falta de conocimiento de la especie, quienes se dedicaron a arrancarlo manualmente agravaron el problema porque facilitaron su expansión.

Entre éstos, hay una empresa privada o fundación que prometió acabar con la Unomia en pocos meses y extrajo desde inicios de 2022 manualmente cientos de kilos del coral, que enterró en una playa ubicada entre los estados Sucre y Anzoátegui, pero las propias comunidades del lugar levantaron una protesta porque ni estando bajo tierra el hedor del coral invasor se hacía soportable en el ambiente.

Los y las expertas en biología marina hablan del fin de los arrecifes de coral en menos de cincuenta años por causa del calentamiento global y las invasiones biológicas, pregonan la adaptación evolutiva de las especies dando por sobreentendido que para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) atacar de raíz las causas del calentamiento global no constituye un propósito.

Consideradas éstas y otras variables, las expertas y expertos nacionales declaran que dado el avance territorial de la invasión de la Unomia será imposible erradicarla totalmente. Se habla de mitigar la invasión, trabajar para controlarla, prevenir la ocupación de nuevos territorios, pero no de erradicarla.

Afirmación poco alentadora que, aunque no implica un futuro irremediable, sienta las bases de un trabajo de prevención y control que busca hacer corresponsable del control de la invasión a todas las personas que están o pueden entrar en contacto con las zonas afectadas. Dando a entender que controlar una especie invasora que durante quince años se reprodujo y transformó el ecosistema no es como apagar un incendio, no puede hacerse en tres meses, ni puede hacerlo una persona: demanda una heroicidad colectiva. Hace necesario aprender a convivir con la especie en tanto se controla.

En primera línea: Johana Fernández, Mayré Jiménez, Sinatra Salazar, Brightdoom Márquez, Jean Paul
González. Detrás: Miguel Castillejos, Jorge Barrios, Josefa Morales, Andrés Montes, Johana Rondón. 

Cuando Sinatra Salazar señala que “…hay que aprender a convivir con la especie” o de “evolución y adaptación necesaria”, no quiere significar que no deba buscarse de manera urgente la forma de controlar la invasión, porque de hecho ella con su equipo lo están haciendo. A diferencia de otras personas, el equipo está guiado por una premisa metodológica fundamental: “…para controlar una especie invasora es necesario conocerla”. La tarea es entonces investigar la composición físico química de la Unomia, las condiciones bióticas y abióticas en medio de las cuales sobrevive y se reproduce. ¿Cómo esta estructurada su cadena de ácido desoxirribonucleico (ADN), qué transformaciones ha realizado en el ecosistema invadido? ¿Para qué sirve, si es que sirve para algo?

Cuanto se sabe de la Unomia stolonifera puede leerse en el primer artículo de esta serie. A eso puede sumarse que el coral invasor puede establecer colonias probablemente hasta los cincuenta metros de profundidad en tanto las condiciones de luminosidad, bióticas y abióticas, se lo permitan. Que ahora se sabe que se han encontrado colonias invasoras en las costas de Brasil y de la Nueva Granada (Colombia). “Milagrosamente”, las costas de Guyana parecen a salvo.

Aunque parezca innecesario, conviene explicar que los corales no tienen malas intenciones, ni conciencia de sus crímenes. Los animales matan por instinto, causan la muerte de otras especies sin sentir culpa, lo hacen para sobrevivir o prevalecer en el medio, no tienen piedad de sus víctimas ni les preocupa borrar sus huellas o esconder los cadáveres. Por esta razón resulta fácil descubrirlos, saber qué son, cómo se comportan, cómo operan, cómo sobreviven, cómo matan.

La emergencia del proyecto

Los proyectos coordinados por Sinatra Salazar y Carol Lárez fueron discutidos por primera vez, hacia marzo de 2022, en unas mesas de trabajo convocadas por el Comité de Trabajo de las Zonas Costeras del estado Sucre para tratar el problema de la Unomia stolonifera. Luego el proyecto fue aprobado por Fundacite-Sucre hacia agosto y lo arrancaron convocando una reunión con las comunidades de pescadores y pescadoras del Parque Nacional Mochima y de Santa Fé del Golfo, con la presencia del personal de Inparques. Las investigadoras compartieron allí con las personas más afectadas, la información que hasta el momento se tenía sobre la especie: formas de reproducción, inconveniencia de la extracción manual, formas de prevención, recomendaciones sobre el cuidado exhaustivo que se debe tener con las redes y con las propelas de los botes para no fragmentarlo, transportarlo y facilitar su dispersión.

Grupo de investigación en los preparativos de la exploración (Foto: Nelson Chávez)

En líneas generales convocaron a la corresponsabilidad colectiva en la conservación y protección de la diversidad biológica, tal como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en la sección sobre los Derechos Ambientales. Vincularon la comunidad en la solución del problema y solicitaron su apoyo en la prevención y monitoreo de la invasión, a quienes diariamente surcan las aguas del Parque Nacional Mochima en sus jornadas de trabajo.

Simultáneamente dotaron el laboratorio del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) con los equipos e insumos necesarios para realizar el trabajo de investigación y desarrollo, hicieron mantenimiento de las instalaciones eléctricas y de las tomas de agua salada para el sistema de acuarios.

En seguida, apoyadas por un equipo inmejorable de profesionales de la UDO y el IOV, las pescadoras y pescadores que les avisaron sobre los sitios invadidos y se encargarían de transportarlas: empezaron a marcar uno a uno los espacios colonizados por la Unomia.

Lograron marcar ochenta y cinco puntos. El paso siguiente sería exploratorio. Recolectar mensualmente muestras para dar cuenta de las condiciones en las que sobrevive la especie invasora.

A la caza del coral

La salida exploratoria se hace desde el Muelle II de Santa Fé del Golfo. El muelle ubicado frente al basurero gigantesco que en este pueblo, inexplicablemente, se emplaza a menos de veinte metros del mar.

En el bote piloteado por pescadores de la zona y conocedores del flagelo de la Unomia se carga poco a poco el equipamiento necesario para la recolección de las muestras: redes para fitoplancton y zooplancton; disco de Secchi para determinar la transparencia del agua; YSI o sonda multiparamétrica para determinar la temperatura, el oxígeno disuelto, la conductividad, la salinidad y el Ph o grado de acidez del agua; un sistema de posicionamiento global (GPS); implementos de buceo; chapaletas, oxígeno, esnórkel, cámaras fotográficas subacuáticas. Agua, pan, galletas y fruta.

El equipo de trabajo está compuesto por Sinatra Salazar, Mayré Jiménez Prieto, especialista en pastos marinos y manglares; Johanna Rondón, especialista en corales; Johanna Fernández, especialista en especies de capa bentónica (bento: flora y fauna del fondo del mar); Brightdoom Márquez, especialista en zooplancton marino; Jorge Barrios, especialista en algas marinas y ecología de bentos; Andrés Montes, especialista en mejillones, ostras, peces ornamentales y camarones; Josefa Morales, especialista en zooplancton marino; Miguel Castillejos, oceanógrafo y buzo; y Jean Paul González, oceanógrafo especialista en biología química.

El bote zarpa y los muelles de Santa Fé del Golfo quedan atrás. El objetivo es tomar muestras bióticas y abióticas en cinco puntos establecidos. Camino de las islas de Arapo una manada de delfines nada junto al peñero persiguiendo cardúmenes de sardina. Enfrente de Arapo se marca la primera estación. Se lanzan al agua las redes de zooplancton, el disco de Secchi, el YSI. Se colectan meticulosamente las muestras que se meten en bolsas y en envases esterilizados. Cada aparato mide en el sitio los parámetros referidos: (temperatura, salinidad, PH, sólidos totales, transparencia, oxígeno disuelto). En la playa de la isla se hace el mismo trabajo: cuidadosamente, se colectan muestras del coral invasor.

La familia Pineda, dedicada a la pesca en esta isla, nos ofrece café y su testimonio. Edencio Pineda dice: “Exactamente no te sé decir hace cuánto tiempo llegó ese ‘limo’, pero cuando llegó eso fue acabando con el coral, se ponía blanco el coral, lo iba matando. En diciembre, cuando la lluvia estuvo fuerte y el oleaje se movió bastante como que ayudaron a ahuyentarlo. Lo que no sabemos es cómo entró esa broma, porque eso no existía por aquí”.

Edensio Pineda, Yusmín Marchán, Estéfani Pineda, Armando Tinedo y César Pineda

Su hija Estéfani agrega: “Eso mata las especies marinas, el pescado a veces aparece muerto. Cuando llovió y el mar se puso feo, en ese tiempo se fue y se alejó, porque había bastante, y en la orilla de la playa se sentía el olor fuerte, porque el coral ese cuando tú lo sacas y le pega el sol se pone hediondo, desagradable”.

El jefe de proa de la embarcación de la expedición, Armando José Tinedo, amigo de la familia complementa: “Ese coral no es amigo del oleaje fuerte. El otro viaje cuando ellos vinieron a investigar estuvimos por la parte de afuera de La Picúa y no había, porque ahí hay bastante oleaje, ella se asienta donde no la mueve mucho el mar, donde está tranquila. Pero donde llega se pega a las piedras, agarra una, otra, va matando todo y ya el pescado no llega ahí. La langosta, el camarón, la cunita (mero), el parguito, ya no llegan mucho, porque ya no está el alimento de ellos y ese coral no se lo comen. Ese problema está afectando La Borracha, la Chimana, Arapo, El Golfo de Santa Fé, Guaracaro, toda esta zona oriental”.

El trabajo continúa en los cinco puntos marcados. Brightdoom, Mayré, Josefa, Sinatra y Jean Paul recolectan muestras y toman el registro de las aguas con la sonda Secchi y el YSI en playa piscina, Islas Arapo, El Valle, Vallecito, Colorada; Andrés, Miguel, Jorge y Johana Rondón bucean en cada uno de estos sitios para extraer muestras del coral y de otras especies que han logrado sobrevivir cerca de la Unomia stolonifera; Johanna Fernández, en cada playa, se dedica a recoger muestras de la capa bentónica. La invasión se sigue expandiendo, se encuentran colonias en Vallecito, donde hace algunos meses aún no había.

El trabajo concluye cerca de las tres de la tarde y el grupo regresa a las instalaciones del Instituto IDEA ubicadas en Mochima, donde les aguarda el delicioso almuerzo preparado por Angelimar. En tanto Carol Lárez, Osmícar Vallenilla, Rubén Penott y Migdalia Arcia esperan anhelantes los nuevos datos recogidos y las muestras recolectadas para proseguir con las investigaciones de laboratorio, en busca de evaluar con suficiencia la invasión y encontrar la manera precisa de controlar a la Unomia.

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