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Tanteos sobre el vicio

por Jose Roberto Duque
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“Cuando la tierra es pequeña y pobre

no existen ni peón ni amo…”*

Alí Primera

Entre las definiciones que encontramos de vicio está una que refiere a todo aquello que perturba la moral pública, y otra a lo que, signado por el principio del placer, enferma o corrompe.

Es fácil aplicar el principio marxista en cuanto a que las condiciones de existencia determinan el comportamiento social, pero, a mi criterio, es importante el conocimiento del cuerpo para precisar las inclinaciones innatas que nos mueven. Esta es una verdad contundente. Se sabe que el poder planetario en su objetivo colonizador ha invertido cuantiosos recursos en el estudio neurológico de la naturaleza humana.

He dicho en otra parte que más que seres culturales, somos alienables. En el mayor de los casos buscamos la fuente de ciertos sentimientos en la razón y en la voluntad, cuando en el origen de los mismos existe una tremenda fuerza natural.

El alcohol alcoholiza, pero si el alcohol es la fuente del alcoholismo, entonces este sería un país de alcohólicos, lo cual no es cierto, al menos que asumamos que existen niveles de alcoholismo y califiquemos como tales a las y a los bebedores eventuales. Me refiero a quienes ya no pueden despegarse de la botella y beber implica vivir pea tras pea diariamente. Estrictamente, hay quienes se alcoholizan y quienes no. Yo digo que es asunto del cuerpo.

Recuerdo en mi pueblo a Montenegro, que tuvo la costumbre de entrar al bar con el caballo y beber cerveza con él. Si entraba solo, el caballo, ya habituado, se iba detrás. Ser borracho no te convierte en buen poeta ni en malo tampoco, pero como nos gusta beber, nuestros mejores poetas son los que fueron borrachos y locos y no precisamente por su poesía, sino por esa vida. A ninguno se le ocurre, en esa jovialidad, lo terrible de amanecer diariamente tembloroso por la falta de alcohol y la crisis de la abstinencia de quien más allá de la parranda se entrega por completo a la adicción, descuidando otros aspectos de la vida.

No nos jala la vida, sino la muerte. El primer cigarrillo es traumático, pero seguimos fumando y la primera borrachera horrorosa, pero seguimos bebiendo.

¿Quién se apiada del gordo que come sin parar? Hay una tristeza que casi nadie ve, en quien fuma y fuma, resignado a morir a consecuencia de un vicio que jamás abandonará, pero también en quien lo engorda hasta el aire y come lo que no debe comer para ser un obeso huérfano de miradas eróticas. Porque, en fin, siempre te miraran a través de la flor.

“Lo que ella estaba diciendo dentro de ella sobre ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino que como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho…eso no es gracia, cualquiera puede oír cosas por medio de una flor que se haya puesto en el pecho…” **

El amor quedaría muy mal parado si escudriñamos en los tránsitos emocionales hacia el corazón y el ímpetu.

Los primeros vicios, se me ocurre, son chuparse el dedo y comer moco.

Dicen que el cerebro humano y que es infinito y mucha literatura y cine de ciencia ficción se ha hecho con eso sobre seres poderosos porque lograron adentrarse en esas inimaginables zonas cerebrales. La vaina está, aunque resulte paradójico, es si nosotros controlamos el cerebro o el cerebro nos controla a nosotros. Quiero decir, si es que las emociones tienen que ver con el cerebro. O que, si controlamos el cerebro, controlamos el cuerpo, mejor dicho, el resto del cuerpo.

No tenemos control, somos viciosos y queremos más y más. El imperio de los sentidos y de las sensaciones es insaciable.

En mi casa, habituados a tomar agua de la tinaja, cuando tuvimos electricidad y luego nevera, bebíamos el agua fría despacito como si fuera un guarapo caliente, luego, si no consumíamos agua helada, no estábamos contentos.

De origen campesino, tuve una alimentación sana y el ejercicio físico fue frecuente. Claro, en ese entonces quien no cultivaba un conuco no comía (cuando eso no había bonos) y el conuco nadie te lo iba a trabajar. Cuando salimos del campo a ciudad y el dinero nos garantizaba el alimento, conocimos el espagueti y ya cenábamos a las 7 de la noche un plato e pasta con salsa de tomate, mayonesa, queso y pan de trigo.

Así con el azúcar, la sal y la manteca. No te devuelves con facilidad. No hay regreso sin angustia. Del cuento oral a la novela escrita, la fotonovela, la radio novela, el teatro, el cine, el audiovisual… ¿quién se devuelve?, ¿quién escucha otra vez? De la trama a la acción, al movimiento incesante de la imagen.

Hasta ahora nadie ha decidido nada, las circunstancias nos moldean, porque somos moldeables. El colmo en esto, es que, al estilo de una película de terror, terminamos defendiendo las circunstancias. Adictos a ellas, será.

Hay ladrones porque vivimos en un mundo de ladrones desde la primera guerra y si antes no robábamos era porque no había a quien robar. No justifico ni celebro la corrupción, pero hay corrupción porque el mundo es capitalista y el capitalismo es corrupto y, además, somos corruptibles.

“La corrupción no existe, no es posible porque ¿cómo se puede corromper lo que no existe? ¿Dónde está ese mundo feliz que se corrompe?”.

***

Nadie nace virtuoso, existen fuerzas orgánicas y sociales que te arrastran al vicio. Los mayores viciosos y corruptos del planeta son los enemigos de este país, que tampoco está habitado por ángeles ni seres impolutos o libres del pecado y de la tentación o cualquier calificativo de la jerga religiosa. La pelea es en el fango del excremento mundial. Muy lejos estamos de un planeta y de un país sin corruptos. Ese es un largo trecho por recorrer. La putrefacción imperialista qué nos va hablar de honestidad. Creen que uno es pendejo. Está en juego la independencia del país. No es la corrupción el tema central aquí. En eso lo quiere convertir el imperialismo como otra excusa para salir de Nicolás Maduro, pues sabe que constituye una tranca en sus reales objetivos por demoler el estado-nación en Venezuela como lo ha venido haciendo mundialmente.

*Alí Primera. Canción: Paraguanera

**Aquiles Nazoa. El caballo que se alimentaba de jardines

***El Cayapo. Pedro Rimales, Juan Sonso y la corrupción.

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