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Hace 20 años una venezolana “descubrió” dos especies nuevas para la ciencia

por Teresa Ovalles
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La científica venezolana Vanesa Maldonado dio con los bichitos del orden Plecoptera en 2001, en Mérida. Los insectos tienen la cualidad de determinar con su presencia la pureza del agua

Teresa Ovalles Márquez / Fotos: cortesía de Fundacite (Nueva Esparta)

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Mis insectos no serán tan famosos como Gregorio Samsa (La Metamorfosis, Franz Kafka), pero son mis insectos. O más exactamente, de la doctora Vanesa Maldonado, bióloga experta en ecología de ríos y practicante de la entomología, que no es más que la ciencia que estudia a los diminutos animalitos.

Maldonado es la científica venezolana que descubrió estos dos insectos criollitos tomados de los ríos de Mérida, específicamente en Cacute, en plena cuenca del río Chama, para ser presentados como especies catalogadas por primera vez en Venezuela, un gran aporte a los estudios científicos.

Estas simpáticas especies que tienen la magia de indicar la calidad del agua (su abundancia indica que la calidad del agua es buena), llevan por nombre científico Anacroneuria cacute, especies de insectos plecópteros, y el Anacroneuria segnini, a partir del nombre escogido por la doctora Maldonado, quien además es la Presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Fundacite) Nueva Esparta, y lleva proyectos como la Cayapa Heroica, los Semilleros Científicos y el de formación, que explicaremos en otra entrega. Ahora volvamos a los insectos.

Plecóptero designa a cualquier insecto que pertenezca al orden plecóptera, denominada así por la posición de las alas cuando un adulto está en reposo, ya que se encuentran plegadas sobre el abdomen, como un abanico.

La doctora Maldonado echa el cuento:

—Cuando me gradué de bióloga me dieron una beca del Conicit para hacer mis estudios doctorales con la profesora Claudia Cressa, de la Universidad Central de Venezuela. Allí tuvimos un proyecto de la Comunidad Europea que era comparar ríos de Venezuela con algunos de Portugal, Dinamarca y Ecuador. Íbamos haciendo las mismas cosas en varios sitios geográficos al mismo tiempo para ver cómo se comportaban. Fue cuando me enamoré de los Plecópteros, porque yo era parte del equipo que le identificaba a la doctora líder (Claudia Cressa) todos los insectos.

¿Qué te atrajo de los plecópteros?

—Eran unos animalitos bellos aparte de que son indicadores de la calidad de agua. Cuando el agua está perturbada los plecópteros se ausentan.

“Entonces tuve la oportunidad de ir a un congreso en Estados Unidos y conocí al especialista en plecópteros Bill Stark. Y le dije: “Mire, soy la investigadora Vanesa Maldonado, vengo de Venezuela y quisiera trabajar con plecópteros, ¿Será que usted me quiere asesorar?”. Y me respondió que sí, que qué quería hacer, y procedimos.

“Fue cuando el profesor Samuel Segnini, de la Universidad de Los Andes (ULA), me propuso participar en un proyecto que tenía y me dijo: “Vamos a hacer un trueque: tú me identificas todas las muestras –que eran 39.373 individuos– y yo te ayudo con la tesis doctoral y puedes agarrar los plecópteros”.

Explica Maldonado que cuando se va a identificar a los insectos hay lo que se llaman las claves taxonómicas a través de las cuales se determinan las características del espécimen.

—Cuando yo empiezo a identificarlos había unos que no pasaban por las claves y creí que lo estaba haciendo mal. El doctor Stark me mandaba abundante bibliografía que me llegaba a mi casa, eso fue en el año 2001. Y él me hacía seguimiento. Entonces me explicó que la identificación se hacía extrayendo la genitalia del macho para ver si es una especie nueva. Entonces él me pasó el protocolo de cómo sacar la genitalia y me orientó muchísimo, me dijo que lo estaba haciendo bien.

Pero estos pequeños seres alados que muchos detestan, no pasaban las claves taxonómicas y Maldonado le escribió de nuevo al papaúpa en investigación de insectos, doctor Stark.

—Él me pidió que se los mandara y a los tres días respondió con un correo electrónico: “Vanesa, me complazco en informarte que esas son dos especies nuevas para la ciencia y les puedes poner el nombre que quieras”.

La doctora Maldonado narra con un brillo en sus ojos, como de luciérnagas, que la respuesta la emocionó mucho y que no lo podía creer. El nombre que le puso inicialmente a su animalito fue Anacroneuria vanesae. Pero le explicaron que cuando se descubre un espécimen, por un principio de ética, no se le puede poner el nombre de quien lo descubre. Que había que dedicárselo a otra persona. Así que decidió homenajear a su mentor, Samuel Segnini.

—Samuel Segnini me ayudó mucho y era mi tutor sentimental –él todavía trabaja en la ULA, en La Hechicera– y mi tutora oficial fue la doctora Claudia Cressa, de la Universidad Central de Venezuela, UCV.

Perfil de una bióloga enamorada de la entomología

Vanesa Maldonado es una caraqueña que nació en la Clínica Santa Ana del Seguro Social (IVSS), en la Parroquia San Bernardino, el 11 de marzo de 1970.

Esta bióloga con poco más de cinco décadas de vida posee un currículum de 49 cuartillas que va desde sus datos personales, hasta su tesis doctoral que data del año 2002, con la investigación y clasificación de más de 30 mil organismos de 38 ríos de Venezuela, en la que registra el descubrimiento de dos nuevos insectos para la ciencia. Y ha participado como coordinadora en innumerables trabajos de investigación, entre muchas otras tareas.

Sus primeros contactos con la entomología los hizo cuando se iba a graduar de bachiller. Para hacer su tesis de grado se contactó con el profesor Alex Fergusson, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien había sido docente en un curso de Periodismo Científico que ella había hecho.

Maldonado explicó a Fergusson que quería hacer una tesis que tuviera aplicación práctica y éste le sugirió hacer un cruce de zancudos o endogamia, es decir cruce de hermano-hermana, mediante el cual se persigue un apareamiento entre individuos emparentados que lleva asociados unos efectos, sobre todo si se prolonga durante generaciones, como la pérdida de aptitud biológica. Es la llamada depresión endogámica.

Es así como Maldonado, con todo esmero, empezó a criar en su casa estos bichos y les colocaba sus manos para que la picaran a fin de darle los nutrientes necesarios para que la hembra pudiera poner sus huevos. Se trataba de los comúnmente llamados patas blancas, (Aedes aegypti).

Maldonado iba contando cuántas eran las “larvitas” que salían, cuántas pasaban a pupa, (etapa previa a la fase final de la metamorfosis), cuántas sobrevivían y fue así como pudo realizar la tesis de bachillerato.

Posteriormente empezó a estudiar biología y se decantó por la entomología. Fue cuando comenzó su interés por los insectos. El profesor de entomología fue su tutor de pregrado (Juan Carlos Navarro) y junto con el profesor Héctor Finol, trabajaron en microscopia electrónica de barrido en huevos de anófeles, que es el zancudo que transmite la malaria o paludismo. Estuvo haciendo muestreos en Sinamaica, en el Zulia y en Sucre, en Yaguaraparo, y comparó cómo eran los huevos de esos zancudos en los dos lugares.

—Esa fue la tesis de pregrado y como yo iba ya inclinada por el área de los insectos, fue cuando la profesora Claudia Cressa me contrató para trabajar con insectos de río.

Resalta la doctora Maldonado que se siente orgullosa de haber sido la primera Coordinadora Nacional que tuvo el Programa de Formación de Grado en Gestión Ambiental, de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), y de haber otorgado la primera medalla y el primer título a los egresados de la primera cohorte de esa disciplina.

Maldonado cuenta que ella fue de las primeras en acudir a la convocatoria que hizo la UBV para captar personal docente, administrativo y obrero.

—De hecho –indica–, estoy en comisión de servicio en la Fundacite de Nueva Esparta —en donde vive desde hace cuatro años— porque realmente soy personal de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

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