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Sobre la desertificación: aprender de la cultura nazca

por Teresa Ovalles
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Actualmente en Perú, infraestructuras construidas por nuestros pueblos originarios hace más de 1700 años aún suministran agua a cientos de familias para sus cultivos de papa, algodón, verduras y frutas. Mientras en Europa, el 75% del territorio español se encuentra en riesgo de desertificación. Recientemente se hizo pública la decisión del gobierno español de aumentar los caudales ecológicos del río Tajo, limitando por tanto a la mitad el agua disponible para los cultivos.

La realidad española es originada por los excesos en la extracción del vital líquido en combinación con la sequía y el modelo agroindustrial capitalista y explotador derivado de la “revolución verde”, lo cual amenaza con reducir la producción y los puestos de trabajo en el principal productor agrícola de la Unión Europea. El Invasor Europeo debe aprender del Americano Originario. De esto hablamos más adelante.

El 17 de junio el Presidente de la República Nicolás Maduro publicaba en su cuenta en twitter lo siguiente:

La razón de esta publicación del Presidente es que en dicha fecha se conmemora el Día Mundial de la lucha contra la Desertificación y la Sequía. Para entender este contexto debemos viajar hasta el año 1992.

En esos días se hacía cada vez más evidente el impacto que las actividades humanas tenían sobre el ambiente, la atmósfera, los suelos y cada organismo vivo de este planeta. Esas actividades, acumuladas en más de 200 años de explotación de la naturaleza a través de un modelo que considera como paradigmas fundamentales, la explotación de los hombres y mujeres, la ganancia y el crecimiento infinito, generan una realidad insostenible. La lucha para evitar la destrucción de la capa de ozono, producto de la liberación a la atmósfera de los clorofluorocarburos fue sólo una primera alerta, de la crisis ambiental futura.

En aquel momento, entre el 3 y el 14 de junio de 1992, es celebrada la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, conocida también como “la Cumbre de la Tierra”, en Río de Janeiro, Brasil. Se reunieron representantes de 179 países incluyendo políticos, diplomáticos, científicos, periodistas y más de 400 representantes de ONG’s.

En la Cumbre, entre otras medidas, fueron “paridas” las tres grandes convenciones ambientales: el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación. De esa reunión pasó a la inmortalidad una frase del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, “Una Especie está en peligro de extinción, el hombre”. Cuánta razón tiene Fidel.

Y de estas tres Convenciones internacionales la correspondiente a atender el problema de la desertificación y la sequía es la que refiere el Presidente Nicolás Maduro en su tweet. Dicho Convenio entró en vigor en el año 1996 y su objetivo es “luchar contra la desertificación y mitigar los efectos de la sequía” en países que los padecen, “particularmente en África”. Tal como su finalidad lo indica África es el lugar del planeta más afectado por la sequía. Como referencia basta con decir que entre 1963 y 2006 Kenia perdió el 83% de su cobertura forestal la cual pasó de cubrir el 10% de su territorio nacional a sólo el 1,7%, esto de acuerdo con cifras de la Unesco.

Esta realidad afecta actualmente a todo el continente africano. En el último Informe de Recursos Forestales mundiales (FRA por sus siglas en inglés) de la FAO, África se encuentra a la cabeza de la pérdida de bosques con 3,9 millones de hectáreas anuales para el periodo 2010-2020. La desaparición de los bosques da paso a tierras cada vez más secas y desprovistas de una vegetación que permita una mayor retención de líquidos.

De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra de la Desertificación, las “tierras secas” abarcan las zonas áridas, semiáridas, y sub húmedas, que reciben menos precipitaciones que la demanda de evaporación. La importancia de estas áreas radica en que 41,3% de los suelos del mundo son tierras secas, y más del 44% de los cultivos del mundo se realizan en estas zonas.

La Convención define la desertificación como: “…la degradación del suelo en áreas áridas, semiáridas y subhúmedas, resultado de diversos factores, entre los que se incluyen las variaciones climáticas y las actividades humanas…”, es decir que, cuando el suelo se degrada en las tierras secas, se crean condiciones desérticas.

Actualmente a escala global 24% de los suelos se están degradando, y el 22% de estas tierras corresponden a tierras secas. Dicho en cristiano, más de una quinta parte de las tierras que le dan de comer a más de 3.500 millones de personas se están convirtiendo en desierto justo en este momento.

Sé lo que están pensando: salgamos corriendo a reforestar… Resulta que no es tan sencillo revertir este proceso, ya que “la regeneración natural de la cubierta vegetal y del suelo en las zonas áridas necesita entre 5 y 10 veces más tiempo que en áreas favorables con lluvias mayores y más regulares”. Esto, según estudios de la propia Convención. Recuperar los suelos afectados por la desertificación, dicho en criollo, es una tarea titánica de “salivita y paciencia”.

Y volvemos a Nazca y España. Mientras las consecuencias del modelo agroindustrial de máxima explotación de los recursos naturales, agua, suelos y biodiversidad han dejado a España con el 75% de su territorio en proceso de convertirse en un desierto desolado y sin vida. La cultura Nazca nos dejó una tecnología, una fórmula, a través de la siembra del agua de canales de roca, que a lo largo de 1700 años, convirtió el desierto en suelo fértil, y aún es cultivado por los descendientes de nuestros ancestros originarios.

Sobre la desertificación, no inventemos, volvamos a nuestro origen, tal vez no sea toda la solución, pero sin duda aprender de la cultura de Nazca nos deparará un mejor futuro que el de nuestros antiguos invasores.

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