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El guerrillero que enseña a las taparas a ser obras de arte

por Soriana Durán
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Pedro Reyes Millán es ateo, oriental, comunista; escultor y moldeador del fruto del taparo. Amante de la belleza, de los detalles, del oficio y de la verdad. Tiene manos gruesas y toscas de guerrero y también la paciencia del agricultor, la delicadeza del artesano. Premio Nacional de Cultura Popular en 2010, un certamen de artesanía lleva su nombre

Soriana Durán / Fotos: Felicia Liendo

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La cita era a las nueve de la mañana en un sitio de comida árabe oloroso a fritanga. Había quedado con Teresa Ovalles para entrevistar a un señor que, según escuché, era una especie de alquimista de la tapara, capaz de convertir la fruta en una pieza artesanal mientras ésta todavía colgaba del árbol. La figura no era muy distinta a la que ya tenía en mente (un hombre mayor de pelo gris), pero una vez que escuché su historia me di cuenta de que él, el maestro Pedro Reyes Millán, era una obra artesanal en sí mismo.

De andar resuelto, Pedro se acercó a la mesa y se presentó con una sonrisa humilde. Sacó un pendrive que le entregó a Teresa: ‘‘Ahí hay varios vídeos”, dijo con voz frágil y serena. Le temblaban las manos, ocultando el fuego que las había impulsado en años de guerrilla. 

A Pedro lo acompañaba Nora Lew, artesana ceramista. Están casados desde hace diez años, más o menos. Más gente llena el lugar y se hace difícil escuchar al maestro, las conversaciones a nuestro alrededor se transforman en enjambres. Nora explica que iríamos al apartamento de su hermano, donde Pedro tiene algunas de sus piezas. Sin embargo, hay que esperar por la fotógrafa.

‘‘Soy un enamorado del mar”, es lo primero que comenta Pedro Reyes Millán, ‘‘aprendí a nadar casi al mismo tiempo que aprendí a caminar”. Nació el 12 de junio de 1940 en Juan Griego, Nueva Esparta. Fue el hijo mayor de un artesano, y nieto de un carpintero y de una tejedora: Felipe Reyes y Amelia María Millán. En tercer año de bachillerato se inscribió en la Escuela Militar de Venezuela, donde formó parte importante de la insurgencia cívico-militar (23 de enero del 59). Con 83 años de edad, su espíritu de naturaleza combatiente refleja una unión inexorable con la creatividad.

Llega la fotógrafa y nos ponemos en marcha hasta donde están las taparas de Pedro Reyes.

“El taparo me dice para qué sirve”

En cuanto llegamos, Pedro deja el bastón y se mueve como se le antoja. Ya no susurra, habla. Y habla como se le antoja también. Es como si hubiésemos entrado al territorio que le pertenece, a su bosque simbólico de taparos. No espera que le pregunten, continúa su relato.

De sus padres aprendería todos los oficios que, años más tarde, conformarían la base técnica de su producción artesanal: puertas entamboradas, muebles de madera, trabajos de incrustación en taracea, cinturones de cuero, carteras, maletines ejecutivos, pulseras, cajitas de cacho para guardar chimó, vasijas, piezas de metal y hasta carreteras (porque fue topógrafo en algún momento). 

Pero es que Pedro Reyes Millán ha hecho de todo y sus manos son prueba viviente de su extenso recorrido: ‘‘Las manos para mí son la herramienta más valiosa que el individuo tiene”.

Llegó desde Mérida, donde reside en la actualidad, a participar en un evento y aprovechó su paso por Caracas para concedernos la entrevista. No pudimos visitarlo en su taller como habríamos deseado, pero tuvimos el privilegio de conocer, en vivo y en directo, parte de su obra con las taparas. Nora entra y sale de escena, ofreciendo su ayuda cada tanto, con cualquier cosa. Saca una caja que tiene pegada una etiqueta de ‘‘frágil”, la pone sobre la mesa donde nos reuníamos y comienza a revelar su contenido: las esculturas y piezas del maestro Pedro Reyes Millán. Las texturas, los colores, los sonidos y el aroma casi imperceptible que emanan ofrecen una experiencia multisensorial capaz de cautivar a cualquiera, más allá de la utilidad y la belleza que plasma en sus creaciones.

‘‘Agarro un taparo y lo miro. Veo qué puedo hacer con él. El taparo me dice para qué sirve, y entonces, desde allí, me pongo a idear lo que voy a hacer con él”.

El proceso comienza en la propia mata. Pedro moldea al fruto desde su concepción; utiliza alambres eléctricos, botellas de plástico (de refresco, de bebidas energéticas, de lo que mejor le parezca) y otros artificios para darle formas dinámicas a la tapara sin interrumpir su crecimiento.

El artesano explica cómo inicia el condicionamiento de la tapara: ‘‘Yo hago en la botella un óvalo, pero él sale, la pulpa sale por esos huecos, por esas ventanas que yo les abro. Y él se encarga de distribuir, el propio fruto hace esta distribución”.

También cuenta que, en diferentes estados de maduración, es capaz de obtener diferentes texturas, como la del papel, el cartón o el cuero. Después de cosechar la tapara, ya transformada en una escultura, Pedro diseña y talla la ornamentación. Le otorga utilidad a la pieza, convirtiéndola en un jarrón, una brisera o un aplique para paredes.

Entre sus herramientas de trabajo se encuentra una caladora de velocidad controlada, ‘‘la de menor peso que haya en el mercado” y una sierra, ‘‘la más fina que haya en el mercado”. También utiliza artefactos para el pirograbado y utensilios de odontología para lograr cortes precisos.

Qué bueno es estar, estar en la cárcel

Extensos períodos carcelarios fueron determinantes para el desarrollo de su obra; además de asistir y crear talleres de artesanía en todos y cada uno de los centros penitenciarios en los que habitó, lo que aprendería de otros artistas y artesanos, que como él estaban presos por subvertir al sistema, le serviría para enriquecer sus habilidades y alimentar su especial sensibilidad.

La primera vez sería en Mérida, en 1963, donde se inició con el trabajo en cacho de ganado, después se especializó en la confección de cuero cuando cayó preso en el Cuartel San Carlos, donde produciría prendas y accesorios exclusivos para empresas y comerciantes. Por último, la madera conformaría parte de su escuela mientras estuvo en la cárcel de Tacarigua.  

‘‘En San Carlos yo mantuve a mi familia. Yo tenía dos hijos, y los eduqué con mi trabajo artesanal”.

En 1993 comienza su relación con la tapara. Estaba en Barinas, trabajando como agricultor en la finca de su suegro, cuando vio un árbol de taparo en la sombra del potrero: ‘‘Lo bajé, yo cargaba siempre una navaja en el bolsillo, y empecé a trabajarlo allí. Me di cuenta de que era maravilloso el trabajo. Me llamó la atención la lozanía de su piel, lo lustroso que era”.

En su relato, a menudo profundiza en episodios de su pasado, como cuando participó en la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR; o cuando ofrece detalles sobre el accidente cardiovascular que borró parte de su memoria. Nora interviene de vez en cuando para redirigir su atención a la entrevista. Más adelante él mismo se definiría como artesano (y no como artista) y promotor de la producción artesanal: ‘‘Nosotros defendemos el modo de producción artesanal como el modelo de producción por excelencia de las clases obreras, porque es el modo de producción que nos permite crear e inventar. El modo de producción artesanal no explota”.  

Pedro Reyes Millán explica que, con dieciocho matas de tapara que tenía en su laboratorio allá en Barinas, logró producir la mitad de los años de su vida en taparas. Mantiene la aspiración de sembrar un bosque de taparos y espera lograrlo en su natal Margarita, en Antolín del Campo. Es uno de sus sueños más anhelados, y a pesar de que no ha podido realizarlo todavía, no desiste en alcanzar sus objetivos.

El maestro artesano ha dictado más de cien talleres al día de hoy y su legado se extiende hasta uno de sus seis hijos. Espera retomar la producción artesanal tan pronto encuentre el sitio adecuado para levantar las doscientas matas de tapara que visualiza en un futuro cercano.

Asegura que entre los pupilos que replican su trabajo se encuentran Heberto González y Ana Campanelli, ambos en Falcón.

Ya casi al mediodía la entrevista debe terminar. Pedro Reyes Millán podría hablar por horas y todavía le quedarían cosas por decir. Huele a asopado de mariscos, hace un poco de calor y al cultor le brillan los ojos.

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5 comentarios

Maria Teresa Boulton 15 agosto 2023 - 09:22

trabajo muy bello e interesante

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María Pineda 13 agosto 2023 - 18:45

El Maestro Pedro Reyes Millán, es un ejemplo, bien amplio para que la juventud despierte y salga de redes y se nutra en conocimiento de todo es arte que muchos desconosen. ¡ felicitaciones Señor Pedro un abrazo!

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Yrma Gómez 12 agosto 2023 - 13:45

Buenismo. Muy hermoso, me entusiasma para hacer tambien artesania.

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María Alejandra 12 agosto 2023 - 12:53

Ejemplar y Excelente Trabajo digno de admirar, el Sr Pedro Reyes parte de ser un creador es excelente ser humano.

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Rosana Mieres 12 agosto 2023 - 08:57

Hermoso Pedro Reyes. hermoso Entrevista

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