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Restaurar un bosque requiere más que sembrar

por Éder Peña
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Puedes creer que, luego de quemado, talado y devastado, un bosque se recupera sólo sembrando árboles y que, además, eso servirá para detener al cambio climático, salvar los delfines y los pandas, pero hace falta más que eso…

Una investigación de la Universidad Estatal de Arizona, publicada en la revista científica Science, revela que la restauración forestal puede ser una solución sostenible que permite reponer el almacenamiento de carbono y, al mismo tiempo, la biodiversidad.

Al realizar la primera comparación a largo plazo de las tasas de recuperación de carbono entre los bosques que se regeneran naturalmente y aquellos que se restauran de manera más activa en el sudeste de Asia descubrieron que, con las medidas destinadas a la restauración, el almacenamiento de carbono mejora en más del 50% en comparación con la regeneración natural. Entonces… ¿A sembrar y ya?

La red de eventos que ocurren en un ecosistema terrestre o acuático son complejas, ni hablar de lo que ocurre en ambientes como los manglares que dependen del equilibrio dinámico entre organismos y procesos tanto acuáticos como terrestres.

El sustrato está repleto de microfauna, hongos, bacterias y microalgas que dinamizan el flujo de nutrientes, se dice que el suelo es un megaorganismo que no se puede fabricar de un día para otro, mucho menos llevarlo a las condiciones previas a los distintos tipos de intervención.

Eso lo saben muchos campesinos, por eso dejan en descanso los predios de siembra o aplican técnicas de roza y quemas controladas que mineralicen nutrientes como el fósforo, esto se vincula con otras prácticas de caza y labranza que dejan que se forme suelo.

La vida del suelo es lo que le permite retener agua, mantener niveles bioquímicos que permitan la actividad enzimática necesaria para motorizarlo todo: La respiración, absorción, exudación, crecimiento de raíces, descomposición y hasta la fermentación.

Además, para restaurar un ecosistema se debe analizar la historia que lo llevó a ser como es, aspectos geomorfológicos como la pendiente y las características físicas del material rocoso… el modelaje del paisaje va hablando y estar atentos es el secreto.

Toca preguntarse con qué y con quiénes se enlazará el espacio a “restaurar”, si existe el riesgo permanente de quema y cuáles son las condiciones que definirían la sucesión ecológica. Esto permitiría saber cómo se establecerían parches de vegetación, cuáles serían las especies clave, su afinidad con facilitadores de dispersión o reproducción como polinizadores, fauna dispersora de semillas y muchas otras variables.

Por eso es importante complementar el conocimiento técnico con el saber campesino, superando visiones lineales y determinismos. Más que girar como rueda de bicicleta la vida se mueve como un gran árbol que se ramifica, no dejan de repetirse algunos procesos pero otros ocurren de manera única y se imbrican dando como resultado la novedad permanente.

Restaurar es el término más utilizado pero da la idea de que el espacio afectado debe volver a alguna condición prístina o primaria que, como se ha demostrado, es poco posible. Los ecosistemas que consideramos diversos han llegado a serlo debido a la interacción con comunidades originarias.

Entonces, el “secreto” para sembrar biodiversidad está en esas comunidades y sus prácticas, en cómo algunas culturas rigieron determinados procesos biofísicos y roles de las especies involucradas en cada fase de la sucesión.

El dato geopolítico está en que las megacorporaciones y sus ONGs “verdes” plantean, por un lado, que la naturaleza tiene las soluciones (llamadas “basadas en la naturaleza” o SBN) a nuestras diversas crisis ambientales y, en el caso del cambio climático, podemos mitigarlo evitando más emisiones de los ecosistemas naturales y agrícolas creando más Áreas Protegidas (AP) y/o aumentando secuestro de carbono (dentro o fuera de ellas) sembrando árboles o restaurando bosques.

Pero por otro lado no cuestionan el modelo económico capitalista que es la causa estructural del cambio de uso de la tierra, es decir, la indetenible deforestación justificada más por la ganancia de esas corporaciones que por el bienestar de la naturaleza humana y no humana.

Según las estimaciones de 2017, la (re)forestación representa casi la mitad del potencial de mitigación climática, pero requeriría plantar árboles en un área estimada de casi 700 millones de hectáreas, casi el tamaño de Australia. ¿Dónde se va a encontrar esa tierra? ¿En Francia o el Reino Unido ?

No, la creación de AP, especialmente en África y Asia, se hace sin el consentimiento de las comunidades indígenas o locales, que pierden el acceso total a sus tierras ancestrales. Este tipo de “colonialismo climático siempre va acompañado de más militarización y la violencia.

La vida tiene algo de magia, pero no hay soluciones mágicas para sostenerla. No se trata de hacer recetas o de llevarlas a cabo sino de construir conocimiento local y aprender a crear oportunidad para que la naturaleza que somos se exprese en resultados concretos, como la vida misma.

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