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Turas: cultura e instrumentos sobrevivientes

por Jose Roberto Duque
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Más allá de su significación espiritual, esta manifestación de los ayamanes es un acto de resistencia cultural, simbolizada en la sobrevivencia de una batería de instrumentos precolombinos y en sones que el invasor no logró extinguir

Texto, fotos y reproducciones: Neybis Bracho

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Los estados Lara y Falcón, por naturaleza, llevan en un mismo ombligo histórico características similares en su flora y fauna, y asociados a éstas acontecimientos, cosmogonías, acciones rituales y testimonios comunes que nacen del mismo arraigo por amor a sus tierras desde tiempos milenarios.

Cuando salimos del municipio Iribarren, dejando atrás a la ciudad de Barquisimeto por las amarillentas tierras de Pavia y Bobare, nos vamos adentrando más a suelos ayamanes, que entre el dulce de las piñas y el verdor de sus pencas de agave, encontramos un universo solariego lleno de manifestaciones culturales. Entre ellas, Las Turas, una festividad agrícola en que se invocan las fuerzas reproductoras de la naturaleza, un tributo por salud de los pueblos, por la buena cacería y la abundancia de plantas medicinales, así como por un mejor porvenir para los hijos de su cultura y sus nuevas generaciones. 

Estas actividades se realizan con el equinoccio de primavera, en el mes de marzo, donde se llevan a cabo las “Turas chiquitas”, cuando el principal rubro de siembra que es el maíz está jojoto, extraído de la planta para preparar la única bebida que se permitirá en la noche de la fiesta, una especie de mazamorra fermentada.

Allí mismo se colocará la tinaja con dicha bebida hasta los tiempos de cosechas en el equinoccio de otoño, en el mes de agosto o septiembre, que se llevan a cabo las “Turas grandes”. En toda esta festividad se despliegan las flautas de carrizo, las maracas y los cachos de venado. 

Se conocen por escritos e investigaciones de grandes etnógrafos, historiadores y amantes de las manifestaciones populares, entre los que se nombran Pedro Manuel Arcaya, Gilberto Antolinez, Isabel Aretz, los poetas Juan Liscano, Ramón Querales y el maestro Lisandro Alvarado, en cuyos textos y registros muestran que en los siglos XVI, XVII Y XVIII se realizaban estas danzas indígenas, y de acuerdo a un conocido “Reglamento de Turas”, se sabe que para 1814 se realizaban en Siquisique y caseríos cercanos a Churuguara, estas expresiones.

Musicalmente hemos conocido por palabras propias de campesinos y herederos del ritual, que los sones de Turas no tienen influencia alguna de ningún otro género ni de otros instrumentos. Bien lo dejó escrito en el año de 1947 el escritor Eduardo Lira Espejo, en un ensayo que afirma las características propias de esta música, afirmando que “es la más pura que se conserva en Venezuela”. Los Sones de Turas son tantos y tan variados que algunos se conocen sólo de nombre, mas no la caracterización de sus sonidos o interpretación.

Solo algunos, quizá los más comunes o más interpretados, se les han dado categorías naturales con calificativos propios de la fauna y de la flora del norte del estado Lara y del sur del estado Falcón, calificativos o nombres como El Gonzalito, La Paloma, El Chorro de Agua, El Golpeao, La Bariquía, El Corrido, El Sapito, La Guacharaca, El Currucucú (estos nombrados, en su análisis musicales, poseen un ritmo melódico estructurado y acompañado por el zapateo de los danzantes).

Otros sones que no poseen el “el motivo melódico”, sino que expresan en sonidos repetidos son El Venado, El Son de las Nubes o de Las Hormiguitas, el del Murciélago y el Son del Jojoto, que lo interpretan para trasladar el maíz jecho o tierno de un lugar a otro, así como La Yuca o El Aguacate.

Clasificación de los Instrumentos de Turas

La manifestación general de las Turas es una estructura organizativa que va desde la siembra, la cosecha, pasando por el cumplimiento de las funciones que adquieren cada comisión como la de seguridad (usan unos manatines, especies de hilos con cera negra parecidos a los llamados foetes, para imponer orden), logística, que cubre convocatoria, alimentación, entiéndase animales cazados y las jatas, que son el maíz cocido dentro de las hojas de caña, con el cual preparan el famoso Carato, la debida fermentada. La cubre el Mayordomo o Mayordoma, quienes siempre son los que efectivamente cuentan con recursos económicos. 

Pero una de las partes imprescindibles que conforma esta manifestación cultural milenaria es el cuerpo de músicos y danzantes, es decir, el colectivo de hombres y mujeres con sus instrumentos de vientos que a continuación nombramos desde su propia clasificación y tipificación:

  • Tura chica macho, que tiene en su cuerpo tres agujeros. 
  • Tura chica hembra, que tiene en su cuerpo dos agujeros.
  • Tura grande macho, que tiene en su cuerpo cuatro agujeros.
  • Tura grande hembra, que tiene en su cuerpo tres agujeros.
  • Cacho chico (hecho con el cráneo de venado, para el acompañamiento de las Turas grandes, con las maracas.

Este último instrumento de capachos o sonajeros, son muchas veces grabados con diversas formas. 

Según la etnógrafa Isabel Aretz (1.991, pp. 37-49) en el libro “Música de los Aborígenes de Venezuela” presenta una descripción del ritual de Las Turas y un análisis musical con sus respectivas partituras de los distintos sones que se muestran en esta danza. Los rituales mostrados desde la música, sonidos de vientos, van acompañados de cantos diversos a través de las voces y los más transformados instrumentos musicales.

Estamos, ante la presencia de una especie de flauta de carrizo que ejecutan los tureros produciendo cinco notas, y otras flautas de cachos que sólo presenta una sola nota musical. En el caso de las maracas (instrumento idiófono) serán ejecutadas por el mismo “músico-danzante-capataz”, acompañando todos los sones que sean necesarios. 

A modo de análisis musical y para que entendamos de una forma más clara las expresiones de cada instrumento de Turas, citemos textualmente el ensayo de Aretz, al fijar la línea melódica-rítmica constante en la manifestación:

“…la textura se organiza a partir de una capa rítmica provista por los instrumentos de percusión y aquellos que producen una sola nota, maracas y cachos, que proveen una base rítmica binaria a través de motivos rítmicos ligeramente variados. Una capa intermedia constituidas por las flautas tura hembra, que ejecutan motivos de carácter rítmico que sin embargo se combinan y acompañan a las flautas tura macho a través de melodías de pocas notas, y una capa melódica provista de las flautas tura macho que se encargan de presentar la melodía principal que distingue a los sones”.

Cabe señalar un punto fundamental que muestran los danzantes, produciendo ellos una especie de nota, un ritmo marcado en la pisada, dando así sonidos acompasados que muestran una versión del ritmo que presentan los tureros con sus flautas. 

Resistencia cultural

Llegar a esos territorios de culturas originarias, y disfrutar, conocer, aprender de los saberes ancestrales, de su música, es una experiencia que se debe defender y difundir, en tanto la danza de Las Turas simboliza una de las varias formas de expresión que portentosamente se salvó de la extinción a la que han estado sometidas nuestras culturas. 

Instrumentos tureros

Cuentan todavía los actuales tureros, que desde el Patio de Turas, congregados los presentes o celebrantes, se escucha la voz del Mayordomo exclamando “¡Se da inicio a la Tura!”. Se entonaba el primer Son que es el de “embariquizar” o pintar con puntos en la cara al Mayordomo. De allí se llamaba a comer (que es una especie de brindis en totumas) a los presentes, con el Carato o chicha fermentada.

En varios lugares o caseríos, aún se desarrolla este ritual, ya que va a variar por creencias de sus Mayordomos, quienes algunos se coronan todavía con una corona de vainas o cuenticas de caraotas o frijoles, dando continuidad a la ceremonia con una danza de “doncellas” que bailan tomadas de los hombros, dando tres pasos hacia adelante y tres pasos hacia detrás, expresando una algarabía de risas y gritos. Así lo harán hasta lograr dos o tres vueltas alrededor del Mayordomo.

Para realizar la despedida, las mujeres llevan a cabo el último ritual que consiste en botar la basura, es decir, la gran cantidad de desechos orgánicos que queda de la gran comelona, conchas de yuca, plátanos, maíz, cambures, y lo llevan hasta el pie del árbol más grande que se encuentre en la zona, pues, es una forma de retribuir a la naturaleza por las bendiciones y grandes bonanzas brindadas en las cosechas.

A modo de reconocimiento, nombramos aquí algunos de los ilustres héroes y heroínas que han persistido en la colosal resistencia de este ritual indígena: Bartolo Garcés, Ángel Custodio Colina, José de los Santos Castillo, Alfredo Chirinos, Casiano Castillo (Segundo Capataz), Graciela Antequera (Reina), Ángel Colina (Cachero), Santos Castillo (Flautista), Julio Cesar Camacho (Capataz), Eufemia Gonzáles (Reina), Juan Chirinos (Cachero), Rolando Jiménez (Jefe de Patio y Cachero), Nasser Navarro (Cachero) y entre los que brindaron desde tiempos remotos y ya no están con nosotros, valga el mágico reconocimiento espiritual a: Plácida Pire, Rodolfo Garcés, Valerio y Cayetano Pire, Cecilio Salas, Simón Querales, Paulina Garcés, Leocadio Vargas, Salvador Vázquez, Juan Bautista Rivero, Luciano Rivero, Ramona Jiménez, Juan Bautista Morillo y Don Pablo Chirinos.

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