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La culpa no es de la vaca sino de sus peos

por Jose Roberto Duque
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En la edición pasada hablamos del uso de la orina como fertilizante. Todo esto en el contexto que algunas municipalidades francesas se encontraban promoviendo el riego con orina como forma de aportar nitrógeno a los campos, una alternativa a los fertilizantes químicos cuyo mercado se encuentra restringido por la guerra en Ucrania. En esa oportunidad hablamos de la agricultura necesaria, pero lo que nos toca hoy es hablar sobre la ganadería necesaria, y recalco necesaria, en términos de qué hacer para no seguir mandando al carajo lo que nos queda de planeta.

Según la teoría del caos el aleteo de una mariposa en Nueva York puede causar una tormenta en Tokio al otro lado del mundo. El pasado domingo, una tormenta atípica en Libia originó la muerte de al menos 11.000 personas. Al momento de la redacción del presente texto continúan las labores de rescate y con el pasar de las horas la cifra sigue aumentando, pero ¿Qué relación pueden tener los peos de las vacas con esta tragedia?  

En 2006 un informe de la FAO reveló que el sector de la ganadería representa aproximadamente más del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, esto medido en su equivalente en dióxido de carbono, algo que según las estadísticas llevadas por el organismo es mayor que lo correspondiente al sector transporte. 

Es importante aclarar que aparte del dióxido de carbono, otros gases también poseen capacidad de generar un efecto invernadero, el metano, el vapor de agua y el óxido nitroso son un ejemplo de esto. Así cuando una actividad genera alguno de estos gases, para calcular su aporte en CO2 equivalente, se realiza una conversión matemática que relaciona entre otras variables el calor especifico de cada gas. En este sentido el metano posee entre 28 y 34 veces un potencial mayor como gas de efecto invernadero que el CO2. 

Es en este momento cuando las vacas entran en la ecuación. El informe de la FAO destaca que toda la actividad ganadera global genera sólo un 9% del CO2 anual que se emite a la atmósfera, la otra fracción ligeramente superior al 9% corresponde a CO2 equivalente producto del metabolismo del ganado así como de la descomposición del estiércol, es decir, que casi un 10% de la emisiones anuales que originan el calentamiento global y por tanto los fenómenos climáticos extremos, provienen entre los gases y la excreta del ganado. 

Ahora bien, ¿Qué paso en Libia hace unos días? La tormenta Daniel impactó el oriente del país y en 24 horas cayeron más de 400 milímetros de agua. En dicha región, el promedio mensual es de sólo 1,5 mm, así que las autoridades estiman que en un sólo día cayó la lluvia de 260 meses. Tal volumen de agua no pudo ser contenida por las represas en el río Wadi Derna y 2 represas colapsaron, arrastrando todo a su paso en el centro de la ciudad de Derna. Al momento más de 11.000 personas perdieron la vida en la inundación y hay más de 10.000 desaparecidos, los organismos de rescate proyectan que se superen las 20.000 víctimas fatales. Así en un solo evento climático pudo haber fallecido más del 20% de la población de una región.

Ahora volvemos a las vacas. En 2021 fue presentada en Nueva Zelanda una propuesta para frenar el calentamiento global por parte de la Primera Ministra Jacinda Ardern, la medida consistió en un plan de impuestos para hacer que los ganaderos paguen una tasa por la contaminación provocada de sus animales, es decir, “el gas metano de los eructos y las ventosidades de las vacas, así como el óxido nitroso en la orina del ganado”. De acuerdo con las declaraciones de la alta funcionaria, “los gases emitidos de forma natural por los más de 6 millones de vacas en Nueva Zelanda figuran entre los principales problemas medioambientales de país”. 

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La Primera Ministra declaró que: “Todo el dinero recaudado por las tasas sobre las emisiones se reciclará en el sistema para financiar más investigación, herramientas y tecnología, así como incentivos para los agricultores con el fin de ayudar a reducir las emisiones”. El Gobierno neozelandés proyectó aprobar la propuesta en 2023 e implementarla de forma progresiva en 3 años. Las agrupaciones de pequeños productores se opusieron a la medida ya que “destriparía” a los pequeños ganaderos. Conviene preguntarnos, ¿qué tipo de investigaciones de financiaran con los fondos? ¿Serán como las que realizan algunas granjas experimentales en Francia? 

En 2019, unas imágenes conmocionaron el mundo. Se trató de fotos y videos tomados en una granja experimental en Francia. En las gráficas se puede apreciar algunas vacas utilizadas para experimentación a las cuales les era amputada un sección circular del lomo de unos 20 o 30 centímetros de diámetro. En el agujero le empotraba una especie de aro de plástico con un tapa de rosca, de esta manera el estomago del animal vivo, permanecía expuesto para que los “investigadores” pudieran aplicar directamente formulas y comprobar los resultados de la digestión y desechos de los animales. Algunos de los experimentos plantean mejorar las formulas de alimentación y así un engorde más rápido y consecuentemente “más billete en menos tiempo”.

Muchos son los adjetivos que les podemos dar a esta aberración, que utiliza el sufrimiento de estos animales para lograr más ganancias. También podemos cuestionar de diversas maneras la propuesta en Nueva Zelanda, pero el fondo sigue siendo el mismo, el calentamiento global, el cambio climático y las tragedias naturales, como las ocurridas esta semana en Libia, no tienen relación con si las vacas arrojan más o menos gases, o si cobramos un impuesto por cada gas de la vaca. 

El problema es que en 2011, la invasión de la OTAN a Libia dejó al país sin recursos, ya que fueron robados de sus cuentas en el extranjero unos 200 mil millones de dólares, asesinó a su líder Muamar el Gadafi, afectó su capacidad de respuesta ante emergencias, así como el mantenimiento a sus infraestructuras. Libia es una población vulnerable ante el evento climático, consecuencia de la rapiña europea y gringa. No son las vacas las responsables de la tragedia.   

Es el sistema capitalista eurocéntrico, y sus representantes, el modelo de producción y consumo impuesto a nuestra población, lo grandes responsables, que exigen cada vez más de nuestro bosques, que son talados para acomodar más ganado, en lugar de establecer modelos de diversificación de proteína de especies de bajo porte, como chivos, conejos, chigüire, la piscicultura, los sistemas silvopastoriles, son sólo algunas formas de producción de proteína animal con menores impactos ambientales que la ganadería, y que podemos implementar para ir progresivamente salvando lo que nos queda de planeta.

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