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Yliana Ferrebús y el invento que venció a las disonancias

por Isabel Perozo
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La primera y más reconocida lutier del Zulia puede jactarse de al menos una proeza: le aplicó una importante modificación a las guitarras, antes que la implementaran en Europa

Isabel Perozo / Fotos Yrleana Gómez

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La Curva de Molina es uno de esos extremos de Maracaibo tan convulsos como el propio centro. “La Curva” cierra la avenida La Limpia y anticipa una de las salidas de la ciudad.

Casi llegando allí queda el taller de luthería y hogar de Yliana Ferrebús.

A Yliana la vi por primera vez en el 2007, a sus 32 años de edad (nació el 4 de mayo de 1975). En aquel momento, para llegar a su pequeño taller había que atravesar el porche de la casa sencilla donde ha vivido desde que nació. Actualmente, Yliana tiene un taller mucho más grande en lo que solía ser el cuarto de sus padres.

Tenía 10 años construyendo y arreglando cuatros y guitarras. Una mujer luthier, la única de Maracaibo, era la preferida por varios músicos y su trabajo se fue haciendo cada vez más reconocido. Hoy día Yliana moldea, pule y restaura cuatros y guitarras para artistas como Neguito Borjas, Lilia Vera, Lenín Pulgar y Argenis Carruyo.

La primera luthier marabina comenzó como lo hacen todos, restaurando guitarras, bajo la guía de José Ramón Hernández Ferrebús, un pariente suyo que la recibió en su taller justo después de fallecer su padre. Yliana tenía 16 años y prefirió hacer instrumentos de cuerda y madera que construir puertas, mesas o sillas.

“Mi papá era ebanista, mis primos todos son carpinteros, mi hermana que está en su taller es carpintera, mis hermanas mayores raspan puertas. Es un oficio de la familia”, cuenta Yliana, mientras va sacando fotografías y recortes del Panorama, el impreso que le puso nombre al periódico en Maracaibo y donde un periodista tituló: “Al ritmo de sus sueños”, para hablar de Yliana y de su oficio de luthier.

Cuando Yliana habla transmite el encandilamiento de quien ama su oficio y se asombra como una niña. Su vida está dedicada a experimentar el arte de construir el diapasón y tensar las cuerdas; pulir la madera hasta darle el mejor acabado y lograr con todo eso el más profundo impacto sonoro.

Perfeccionar el sonido de la guitarra ha sido una de sus grandes pasiones. Cuando los europeos todavía debatían qué hacer, Yliana ya construía una guitarra con puntos acústicos que funcionan perfectamente para procurar que el ejecutante sepa exactamente que lo que toca es lo que escucha. Quien se ha montado en un escenario sabe que lo que sale de su voz o de su instrumento no necesariamente es igual a lo que escucha la audiencia.

Mi propia guitarra”

En Maracaibo el que no canta habla cantando, y en un saludo se pueden distinguir al menos cinco tonos diferentes. El “¿Qué fue mijo cómo estáis?” es un arco musical que abre la conversación y viaja en el universo maracucho.

–Yo a los 13 años aprendí a tocar la guitarra. Tocaba en las misas, pero me gustaban las guitarras de José Ramón Hernández. Para tener una guitarra había que tener dinero, así que un día dije: “me voy a hacer mi propia guitarra”.

El cedro amargo, la caoba, el pino, la teca, el moraíllo, el nazareno y otras maderas como el palo santo y el palo rojo de la India, pasan por las manos de Yliana para convertirse en los fieles compañeros sonoros de los maracuchos.

En 1994 salió mi primera guitarra, en el 95 mi segunda guitarra y en el 96 tuve mi primer cuatro, y de ahí no he parado.

Ella no solo restaura y construye cuatros y guitarras, también se dedica a elaborar mandolinas, ukeleles, tres cubanos, bandolas llaneras y un instrumento para niños conocido como medio cuatro. Esos instrumentos además tienen varias gamas o presentaciones; los tipo estudio, tipo sólido y tipo gran concierto.

Hasta el 2001 Yliana Ferrebús hacía instrumentos junto a José Ramón Hernández, pero una amiga le sugirió comenzar a trabajar sola. “Me daba miedo hacer esta labor sola, pero gracias a la motivación de la gente seguí y continué el legado de José Ramón”.

Su trabajo se va hasta el más mínimo detalle, tanto estético como técnico-sonoro. Ensamblar un instrumento puede llevarle más de tres meses.

Describe el proceso paso por paso. Después de la preparación de las dimensiones y el lugar de cada pieza de madera viene el proceso de moldeado. “Las maderas están sumergidas en agua ya con las dimensiones específicas, luego se sacan y se les comienzan a dar molduras con un tubo, un doblador, todo es a mano. Luego de darle la forma a los aros de madera, la meto en el molde de fibra de vidrio y las prenso. Allí se quedan esas maderas varios días, hasta semanas”.

El proceso solo sigue si todo lo demás está perfecto. Además se rehúsa a utilizar material de poca calidad.

Venciendo la disonancia

Yliana es experta afinando cada instrumento que acaba de terminar. Un instrumento de cuerda recién nacido tiene cuerdas nuevas que fácilmente se desafinan. En nuestro encuentro, preparó rápidamente una guitarra para que yo probara los cuatro acordes que me sé.

Podría decir que una guitarra suya es un paseo suave por trastes muy bien acabados, y el sonido amplio y fino es capaz de distinguirse sin el uso de mucha amplificación. Las guitarras de Yliana no tienen disonancia cuando son conectadas y ejecutadas en público, gracias a un elemento llamado “puerto acústico”.

“La guitarra es el único instrumento que tiene una sola salida. Quienes la ejecutaban se dieron cuenta de que había una disonancia, y que era porque le faltaba otra salida que el violín y el violoncello sí tienen. Al hacerle otra salida esa disonancia desaparece y el puerto acústico además sirve de monitor” relata la luthier.

La guitarra de Yliana fue la primera en recibir el puerto acústico. “Mientras ellos estaban (en Europa) en la teoría, estudiando allá, yo agarré y ¡plop! se lo hice a mi guitarra, total no tenía nada que perder”.

Contra los prejuicios

“Un señor llegó aquí y me dijo que le llamara al señor que estaba allá atrás en el taller”, cuenta Yliana sobre un hombre que quería un instrumento y que dudaba de su capacidad como luthier por ser mujer. Ella asegura que ese prejuicio ahora se acabó, “ahora dicen que es mejor Yliana, que hace los instrumentos bonitos, con detalles que suenan bien”.

Aunque su preferida es la guitarra, asegura que le piden más cuatros que guitarras. Recientemente entregó un cuatro de 17 trastes al Pollo Brito. Un bello instrumento de madera de palo rojo de la India con tapa de cedro amargo.

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1 comentario

José Javier León 21 mayo 2024 - 19:19

Bellísimo trabajo.

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