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Cabo Pulmo y la conservación marina

por Eliecer Centeno
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Desde los inicios de la humanidad, nuestra especie tuvo una vinculación muy fuerte con los diversos cuerpos de agua como ríos, lagunas, lagos, mares y océanos. Algunas hipótesis antropológicas como la popularizada en 1942, conocida como “hipótesis del simio acuático” planteaba que el origen de nuestra piel lampiña responde a que parte de nuestros ancestros vivieron durante casi un millón de años a la orilla del mar, lo que produjo una pérdida del pelaje como adaptación a este medio.

Aunque esta teoría fue descarta por falta de pruebas en el registro fósil del género Homo, sirve para ejemplarizar lo importante que han sido ríos, mares y océanos a lo largo de nuestra evolución. Esta relevancia ha generado a su vez una presión enorme en los ecosistemas oceánicos y acuáticos con la consecuente pérdida de especies y poblaciones.

Dentro de las actividades antrópicas que mayor impacto tienen en este tipo de ecosistemas se encuentra la pesca. Especialmente la que se realiza desde grandes embarcaciones a escala industrial donde ningún grupo taxonómico escapa de sus redes ya que aunque su objetivo de captura sean grandes peces como atunes, en las faenas regularmente caen delfines, ballenas, manta rayas, u otros animales sin interés comercial.    

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publica periódicamente estadísticas del sector pesquero, que son compiladas cada 2 años en un informe titulado “El estado mundial de la pesca y la acuicultura”, que para su edición del 2022 destacaba los siguientes datos: “…el porcentaje de poblaciones explotadas a niveles biológicamente insostenibles ha ido aumentando desde finales del decenio de 1970, pasando del 10 % en 1974 al 35,4 % en 2019…”.

Esto indica que globalmente en casi 50 años, la proporción de poblaciones de especies marinas que son explotadas por encima de la capacidad que tiene el ecosistema marino de recuperarse, ha aumentado casi 2,5 veces. Subrayamos que esto es el promedio mundial. Hay áreas que son más sobreexplotadas que otras, por ejemplo, el Pacífico sudoriental es la que presenta el nivel más alto con 66,7% de poblaciones aprovechadas de forma insostenible, seguida por el Mediterráneo y el Mar Negro, ambas con un porcentaje de 63,4% de insostenibilidad.  

Experiencia de recuperación

En el Parque Nacional mexicano de Cabo Pulmo, en Baja California Sur, existe un pueblo de pescadores que se convirtió en una referencia mundial documentada del ecoturismo, tras años de arduo trabajo en la recuperación de arrecifes  y litorales.

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La historia de esta población se inicia a mediados del siglo XVI cuando la zona se convirtió en una de las mayores explotaciones perlíferas del continente, hasta agotarse en 1947. Durante el siglo XX el arrecife fue sobreexplotado para la pesca y en la década de los 80 las poblaciones de peces estuvieran casi agotadas y los pescadores se quedaron sin su fuente de sustento.

El pueblo de este litoral vislumbró que era necesario proteger el arrecife para revertir esta realidad y buscó la colaboración de centros de investigación para determinar una estrategia que condujera a la recuperación ecológica. Es para el año 1986 cuando la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), realiza las primeras  investigaciones que generaron los datos que posteriormente sustentaron  las estrategias de conservación.

En 1995 Cabo Pulmo recibió su primera categoría de resguardo como área de protección especial y posteriormente, en el 2000 como Parque Nacional. Entre los impulsores de esta medida se encontraba el líder local Mario Castro Lucero, quien también fue uno de los primeros en incursionar en el turismo de buceo, actividad que se convirtió en la principal fuente económica de la localidad.

Los estudios posteriores de la recuperación ecológica del arrecife dieron cuenta de resultados esperanzadores, la biomasa de peces se incrementó entre 1999 y 2009, en 500%. Para 2005, este Parque Nacional fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura, UNESCO. Actualmente es conocido como “El Acuario del Mundo”.

Cabo Pulmo es un ejemplo de recuperación ambiental en el que se demuestra el equilibrio tanto de la acción de conservación como el mantenimiento de los medios de vida locales a través del ecoturismo.  Aunque no queda exento de nuevos peligros. Recientemente se anunció la amenaza de construir un gran complejo hotelero en la zona causando el rechazo de la comunidad y de colectivos ambientalistas.

Esto es una muestra de que no se puede bajar la guardia. El capitalismo y sus formas siempre van a buscar mercantilizar la naturaleza. De modo que nos queda seguir en la lucha para que la naturaleza de un espacio recuperado como Cabo Pulmo no vuelva a sucumbir ante la depredación del sistema de producción y consumo actual.

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