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Aquella niña que quiso (y quiere) ser astrofísica

A sus siete años cayó en sus manos una enciclopedia en la que leyó sobre agujeros negros. A los 17 cayó ella misma en manos del Semillero Científico, y en la magia del Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas (Cidata). Ahora no hay nada que la pueda apartar del estudio de los vericuetos del cosmos

por José Roberto Duque
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José Roberto Duque

Foto de portada: Nathan Ramírez

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Hay estrellas cuya temperatura puede llegar a los 2.000 grados Kelvin (unos 1.727 grados centígrados), y otras a más de 50.000 (49.727 grados centígrados en adelante). En pleno trance de la Olimpiada Mundial Abierta de Astronomía (Sochi, Rusia), a los participantes les solicitaron que calcularan la temperatura de algunas de ellas, seleccionadas por los organizadores. Pero nadie iba a venir a impresionar a la joven Ivanna Madriz, maracayera de 18 años y representante de Venezuela, con ese tipo de cálculos astrofísicos: nada que tenga que ver con fuertes calorones puede intimidar a una muchacha a quien le tocó, de muy pequeñita, mudarse de San Antonio de los Altos a Cabimas, donde los incontables grados Celsius del bestial solazo te empieza a sancochar las ideas más o menos desde las tres de la mañana. Terminó ganando Mención Honorífica en ese evento de categoría monumental.

El asunto puede ser traumático para algunos, pero era simplemente necesario para la familia de Ivanna, que vivía por allá. Afirma que no fue el cambio del clima lo que más le impactó sino el choque cultural: “De todos los lugares que yo he visitado en el país, puedo decir que Cabimas es la ciudad más calurosa en la que he vivido y de las que he visitado jamás. Pero aparte los zulianos tienen una manera de hablar, unas expresiones, una música propia, la comida, todo eso fue nuevo para mí. Sobre todo en la escuela fue un tema, porque yo tenía mi manera de hablar, a la que yo estaba acostumbrada en casa, y en la escuela pues me decían ‘qué particular tu manera de hablar’”.

Ivanna terminó el bachillerato en Cabimas y de pronto le tocó otro violento cambio de grados Kelvin: se mudó a Mérida con la firme idea de estudiar Física.

Foto Nathan Ramírez

¿Y por qué Física? ¿Recuerdas qué cosa pasó en tu infancia para que te interesaras en esa disciplina?

–Tengo muy claro ese momento. Fue a los siete años. A mi papá le regalaron un conjunto de enciclopedias para mí. Yo siempre fui sumamente curiosa, quería saber, quería entender todo lo que estaba a mi alrededor. Entonces yo comienzo a leer estas enciclopedias que trataban un montón de temas diferentes. De entre los tantos temas que leí me apasionó el tema de los agujeros negros, muy concretamente. A mí me dejó tan impactada que este tipo de objetos pudieran existir en nuestro universo, fue casi como una revelación. Me propuse investigar sobre ese tema, entenderlo sobre todo. Y me dijeron que para yo poder estudiar Astrofísica, que es donde se investiga esa área, tenía que estudiar Física. Y, bueno, yo supe que quería estudiar Física desde cuarto grado de primaria. Jamás dudé de esa decisión.

¿Y de tus amistades de la infancia, hubo alguien más que se interesara con esa pasión por la física o por la ciencia?

–Yo no tuve una amistad que estuviera en este mundo de la ciencia hasta que: A) entré a la universidad, y B) participé en las Olimpiadas.

No es juego: Ivanna habló en este momento así, planteando ese esquema que es casi el feto de una ecuación, propio de las mentes entrenadas para organizar las ideas lógicamente.

El asunto de dónde estudiar Física se resolvió mediante contactos familiares; alguien le dijo que en Mérida era la cosa, que por allá era muy agradable. Y para allá se fue con su papá, quien la ayudó a conseguir residencia. Ivanna, que ya estaba en el curso de Jóvenes Astrónomos, comienza a ir a clases presenciales, y allí se entera del tema de las Olimpiadas de Astronomía.

El relato de lo que siguió, el proceso de selección y lo demás, suena mejor en su propia voz:

«En este proceso de formación hace falta esa chispa de curiosidad, hace falta que a ti los profesores te hablen sobre un tema, pero también hace falta que tú tengas esa curiosidad»

Entonces, ¿tú te enteraste de que había toda una generación interesada en la Física fue en esas competencias?

–Sí. Cuando se dieron las Olimpiadas Nacionales de Astronomía para mí fue impresionante. Cuando vinimos a Caracas 300 jóvenes, todos interesados, me quedé impactada de que había tantos, que eran incluso muchos más jóvenes que yo. Eso me emocionó. Para mí es emocionante saber que todos estos muchachos tienen estos mismos intereses, había unos que sabían más que yo, qué impresionante y qué bonito ese sentimiento de comunidad.

¿Qué cosas preguntan en una Olimpiada de Astronomía?

–De un año a otro las preguntas pueden variar bastante. Algunas preguntas son parecidas, pero jamás iguales. Las preguntas van desde mecánica orbital, desde algo un poco más pasable como por ejemplo: tú tienes un satélite que está orbitando la tierra, el sol u otro cuerpo en otro sistema distante, ¿cuál es la manera en la cual se mueve? Esos son problemas de mecánica orbital. Hay otros problemas más asociados con lo que son las estrellas, la termodinámica. Por ejemplo, hay un problema que me pareció bastante curioso, porque era un problema que trataba sobre partículas. Era una partícula y ellos te daban a ti la diferencia de la fuerza gravitatoria que afectaba la partícula y tú tenías que calcular la temperatura de la estrella. Entonces, son problemas que no simplemente requieren que tú tengas un conocimiento avanzado de Matemática o de Física, pero requiere que tú pienses muy bien la manera en la cual se soluciona.

Foto Comunicaciones Mincyt

A veces son problemas que tienen distintas maneras de solucionarse. Eso es interesante, porque uno sale del examen y uno comienza a discutir, “ok, yo hice esto, ¿qué hiciste tú?» Incluso uno que es un equipo de solo seis personas, cada quien comienza a decir “yo lo hice por trigonometría, yo tenía una fórmula que encontré en un libro que me sirvió y lo calculé”. A veces hay varias formas de llegarle al resultado. Y diría que eso es lo más interesante, no solo de la Astronomía, sino también de la Física, la solución puede ser la misma y los caminos pueden ser distintos, pero lo que importa es llegar a una solución. Otra cosa interesante de estas Olimpiadas, a diferencia de otras de las cuales he llegado a oír, es que se te permite argumentar tu respuesta. Ellos no te dan solo puntos por llegar a una solución concreta, sino que ellos evalúan tu perspectiva, cuál es el tipo de cosa que pudiste evaluar en el problema.

¿Tú sabías o tú sospechabas que ibas a calificar entre las mejores del país?

–Bueno, siempre existe esta idea de qué voy a hacer todo lo que esté en mi poder para poder, por un lado, volver a participar, porque yo participé el año pasado, y esa vez no pude lograr llegar hasta el equipo. Cuando pasan estas cosas, muchas veces uno queda con las ganas de volver a enfrentar el problema, porque pasa el tiempo, te has preparado más y vas con mucho más conocimiento. De hecho, a mí me hizo gracia porque cuando yo vuelvo a estudiar para esta prueba, tuve la percepción de que el año pasado no sabía nada. Entonces, este año, bueno, volvemos a participar y me sentí sumamente alegre. No simplemente afortunada por la oportunidad mía sino porque este año el equipo haya logrado quedar en la posición top de las Olimpiadas. Normalmente los ganadores en esos eventos son los más fuertes, como por ejemplo, Bielorrusia o los mismos rusos, que año tras año han ganado. Esta vez el equipo completo de Venezuela obtuvo reconocimientos.

¿Y para dónde va tu historia? ¿Qué vas a hacer ahora?

–Bueno, por ahora estoy centrada en mi carrera, en estudiar Física. Sin embargo, mi objetivo es poder especializarme en Astrofísica, es mi plan desde niña. Esa es la razón por la cual he seguido investigando, he seguido leyendo. Como le comenté en un inicio, esa es la razón por la cual he terminado en esta carrera.

¿Personas que te han servido de ejemplo e inspiración?

–El profesor Gonzalo Sánchez, el profesor Orlando Escalona y la doctora Giuliat Navas. Y de los científicos consagrados, Marie Curie, Einstein y Newton. Uno normalmente habla mucho de Einstein, pero es que Newton fue, es el mayor ejemplo de un genio en toda regla. Newton a mi edad ya había descubierto un principio de la Física. Newton es uno de los grandes genios de toda la ciencia.

Cúpulas del Observatorio Astronómico Nacional (OAN)

¿Orgullosa de formar parte de los Semilleros Científicos?

–Yo me vine enterando de la existencia de este programa el año pasado (2024), cuando tuve la oportunidad de participar y me parece algo maravilloso. Mientras yo estuve creciendo durante todos estos años en el mundo de la ciencia, yo tuve solo mi motivación para investigar, para formarme, fue porque yo misma me sentía motivada para ello. Yo no tuve alguien más que a mí me dijera, “vamos a ayudarte con esto, vamos a recomendarte libros o algún material”. Entonces, para mí es sumamente especial el hecho de que los Semilleros Científicos no simplemente le den apoyo a los muchachos que sientan interés en estas áreas de la ciencia, sino que les den formación, que les motiven, que les den material que nos digan “vamos a darte las herramientas para que tú continúes con ese interés”. Porque puede ser desmotivador el no tener una figura a la cual seguir, no tener a alguien que te diga, “oye, pero tal vez fue duro en el momento, pero sigue estudiando”. Entonces los Semilleros Científicos para mí es un plan súper especial en ese sentido de que muchachos de todo el país, de todas las edades, puedan tener la oportunidad de seguir sus sueños en lo que es la ciencia.

Te oí hablar hace un rato de unos asuntos que suenan muy hermosos y muy poéticos. ¿Será posible que me expliques algunos, a ver si puedo entender?: mecánica celeste, mecánica orbital. ¿De qué se trata?

–La mecánica celeste, o la mecánica orbital, también es una manera de verlo, trata y expresa la manera en la cual uno puede predecir los movimientos de los cuerpos, no simplemente en el sistema solar, sino en todo el universo. Consiste en que tú identificas un conjunto de variables de un cuerpo, y a partir de esos datos uno puede determinar su movimiento. Eso es algo que todos los astrónomos hacen para cualquier cuerpo que está en nuestro sistema solar. Por ejemplo, a veces salen estas noticias de un asteroide que se va a acercar. Cuando salen este tipo de noticias lo primero que hacen los astrónomos es determinar los elementos orbitales de este cuerpo para poder predecir su órbita a lo largo del tiempo, saber si va a pasar cerca, va a pasar lejos, lo vamos a poder ver, qué tipo de cuerpo es, todo ese tipo de cosas. Mucha gente habla de predecir el futuro y eso no es eso de “¿qué va a pasar mañana?”. Pero yo sí puedo predecir cuál es el movimiento de de un satélite, de un cuerpo, de los planetas.

–Estás en condiciones de predecir qué tan cerca nos va a pasar un asteroide que a esta hora viene cruzando por Neptuno, pero no me puedes decir qué va a ser de mi vida en cinco años.

–¡Ja! Exactamente. Así de errático es el ser humano.

Foto Nathan Ramírez

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