Jorgelis Romero, una de las muchas razones que tiene la Cota 905 de Caracas para sentirse orgulloso, sueña y trabaja con robots que ayuden a niños y niñas con autismo y a personas en procesos depresivos
Jorgelis Romero, una de las muchas razones que tiene la Cota 905 de Caracas para sentirse orgulloso, sueña y trabaja con robots que ayuden a niños y niñas con autismo y a personas en procesos depresivos