Inicio Carbono 14 Memoria y enseñanzas del terremoto de El Tocuyo (1950)

Memoria y enseñanzas del terremoto de El Tocuyo (1950)

El sismo más potente del siglo XX fue el contexto y el pretexto para que la ciudad capitalista industrial emergente arrasara con viejas edificaciones, que podían ser reconstruidas, pero se impuso la lógica del cemento y el negocio de las transnacionales

por Teresa Ovalles Márquez
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Teresa Ovalles Márquez

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El 3 de agosto de 1950 se registró el terremoto más potente del siglo XX en Venezuela, específicamente en El Tocuyo, estado Lara. Fue el movimiento sísmico más fuerte (no el más destructivo sino el más intenso) registrado, con intensidad aproximada de 8 a 9 según la escala de Rossi-Forel, uno de los primeros sistemas estandarizados, desarrollado en 1883, para medir la intensidad de los movimientos telúricos basado en el impacto del temblor sobre las personas, el entorno y las estructuras, a diferencia de la escala de Richter, que mide la magnitud o energía liberada.

En El Tocuyo, con una población aproximada para la fecha de 7.746 habitantes, luego del sismo de 1950 fue fundamental la influencia de David Rockefeller en la “modernización”, ya que actuó como el principal impulsor y director del modelo de desarrollo que transformó esta localidad.

Cuenta un investigador oriundo de El Tocuyo, Arnaldo Guédez, descendiente de abuelos, madre y padre tocuyanos, que después de la reconstrucción de la ciudad su abuela Adelaida Pérez solía darle alivio a su nostalgia con el recuerdo de las calzadas y calles de piedra que la luna llena iluminaba durante las pretéritas noches tocuyanas.

El Tocuyo fue la primera ciudad enteramente colonial cuyas casas derribaron parcialmente los terremotos, y que terminaron de ser demolidas por los constructores dentro del plan implementado por el dictador Marcos Pérez Jiménez, llamado “Nuevo Ideal Nacional”. En el Tocuyo se aplicaron a sustituir esas viejas edificaciones por el frío concreto. Quedó así enterrada aquella memoria lo que fue un testimonio viviente de la época colonial. Con maquinaria pesada fueron demolidos los vestigios de aquellas casas de caña brava, madera y barro.

El estadounidense David Rockefeller se asoció en el derribo de casas coloniales con el para entonces negociante de la Sociedad de Volqueteros locales, José Rafael Colmenares Peraza, quien luego se hizo millonario, dueño de haciendas y terrenos.

A ese «Nuevo Ideal Nacional» de Pérez Jiménez le «cayó como anillo al dedo» el terremoto, como contexto y justificación del plan que buscaba la modernización del país a través de grandes obras de infraestructura. En los entretelones de esas transformaciones estaba la Creole Petroleum Corporation, de los Rockefeller, filial de la Standard Oil of New Jersey (actual Exxon-Mobil).

El discurso oficial planteaba que el 80 por ciento de las casas patrimoniales había sufrido daños, según el informe preliminar del para entonces Instituto Nacional de Minería y Geología del Ministerio de Fomento, emitido el 8 de agosto de 1950.

En concreto

Los intereses petroleros de la familia Rockefeller en Venezuela fueron el motor inicial de su inmensa influencia en el país y se canalizaron a través de la Standard Oil Company.

Los intereses de la familia Rockefeller en Venezuela durante la década de 1950, coliderados por David Rockefeller y su hermano Nelson, se centraban en la modernización económica, la diversificación agroindustrial y la banca, con el objetivo de expandir el capitalismo estadounidense en la región. El vehículo principal para estas inversiones fue la corporación familiar International Basic Economy Corporation (IBEC), fundada para generar rentabilidad a través de proyectos de alto impacto social.

Así pues, la visión de las ciudades de hormigón fue impulsada en gran medida por intereses internacionales. En el terremoto de El Tocuyo destaca la influencia Rockefeller, a quien se le otorgaron concesiones para redes hospitalarias cuya relación con figuras locales facilitó la transición hacia este nuevo modelo de “reconstrucción”.

Uno de los impactos más dolorosos para los habitantes de El Tocuyo fue la demolición sistemática de viviendas que solo presentaban daños menores. Abuelos de la época llegaron a relatar cómo la gente lloraba al ver que sus casas –construidas con materiales tradicionales y nobles como el adobe– eran derribadas con maquinaria pesada enviada por los encargados de la demolición.

En sectores como la «Ciudad de los Blancos» –zona de los sectores pudientes– donde el adobe y los horcones de madera permitían cierta flexibilidad, muchas paredes colapsaron, mientras que, en los caseríos de trabajadores, las casas de bahareque (caña brava, bambú y barro) resistieron mucho mejor debido a su estructura liviana y flexible. Según los registros, en estas zonas no hubo decesos ni derrumbes significativos.

“Las familias mantuanas y los intelectuales locales, apoyados por el entonces gobernador de Lara, Carlos Felice Cardot, que era historiador, intentaron frenar las demoliciones. Defendían el valor histórico de El Tocuyo como la ‘Ciudad Madre’ de Venezuela y exigían la restauración de las casonas coloniales, según informes del Ministerio de Obras Públicas, crónicas locales y análisis historiográficos que documentan la destrucción masiva de la ciudad. Registros de la época señalan que la política de la dictadura para modernizar la ciudad, se enfrentó a la resistencia cultural, provocó un éxodo masivo y la transformación definitiva de El Tocuyo”.

Así, el concreto se convirtió en el símbolo de la reconstrucción, utilizándose de forma abusiva para justificar grandes inversiones, como en el caso de la Plaza Bolívar, la cual fue elevada casi tres metros sobre el nivel del suelo original, según documentación que maneja el educador Arnaldo Guédez.

Pérdida de identidad y patrimonio

La fiebre de la reconstrucción tampoco perdonó monumentos históricos. Un ejemplo emblemático es el Convento de los Ángeles, cuya parte frontal fue mutilada y demolida sin necesidad real, para construir en su lugar la actual Casa de la Cultura. Asimismo, se perdió gran parte de la documentación oficial de la fundación de Venezuela que reposaba en los archivos generales, desaparecida en medio de la promoción del desarrollo posterremoto, denuncia Guédez.

Incluso los templos, que definían a El Tocuyo como la «Ciudad de los Siete Templos», sufrieron daños. Investigaciones posteriores sobre los túneles subterráneos que se intercomunicaban demostraron que estas estructuras coloniales permanecieron intactas tras el sismo, evidenciando la solidez de la arquitectura antigua frente al relato oficial de destrucción total.

Las «Casitas de Lata»

Mientras se proyectaba la modernidad de concreto, la realidad para muchas personas afectadas por los sismos fue distinta. Se construyeron viviendas provisionales de hierro –casas de metal– diseñadas para ser demolidas tras la reconstrucción de la ciudad. Sin embargo, estas estructuras —bautizadas por el ingenio popular del trovador Raúl Orozco como «casitas de lata»— se convirtieron en hogares permanentes que, más de 70 años después siguen habitadas como para dejar constancia de las promesas incumplidas de la reconstrucción.

Rockefeller –sostiene el profesor Arnaldo Guedez– fue la figura de inmenso poder, era “el Elon Musk de la época», quien mantenía una residencia en Venezuela por su conocimiento sobre las vastas reservas petroleras del país. En resumen –afirma– Rockefeller fue el arquitecto ideológico y financiero de una transición forzada hacia el concreto, priorizando el desarrollo financiero y los intereses económicos sobre la preservación del patrimonio histórico y arquitectónico de El Tocuyo.

Hoy, el petróleo sigue siendo protagonista. Está en la mira de los grandes y poderosos intereses económicos en una tierra con las mayores reservas del mundo y con abundates minerales que proporcionarán, además de expoliación, dolor y pobreza, el colapso del planeta.

Hay interpretaciones según las cuales el desastre actúa, al sol de hoy, como catalizador para vulnerar la soberanía nacional y establecer un control foráneo permanente tras la máscara de la “reconstrucción” y la ayuda humanitaria.

Hoy en día, hay nuevas formas quizás de abordar la reconstrucción de las ciudades después de los terremotos. ¿O será el mismo musiú con diferente cachimba?

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6 comentarios

Helena Salcedo 11 julio 2026 - 20:12

Muy pertinente la investigación que nos presenta Teresa que orienta a darnos cuenta de la sociedad con la que llegan gringos e israelitas para «ayudar» a Venezuela. Su experiencia la han acumulado en guerras y asesinatos , son el vil ejemplo .

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Teresa Matilde Ovalles Márquez 11 julio 2026 - 18:49

Mi prima, la ingeniera Lenina Prado., me mandó por WS sus acertadas y pertinentes opiniones:
«Hoy en día, está situación es más dura. Porque es muy grande el número de familias que perdieron todo, aunado a los malos salarios y al desempleo, ya que muchos vivían del turismo en la Guajira.
Por otro lado deberán respetar, de una vez por todas la zonificación dónde poder construir, ya que esos terrenos en la Guaira han sido vetados para la construcción de grandes edificación, que las alcaldías ignoraron.
Así que el número de viviendas será menor y los guaireños deberán aceptar vivir en otras zonas.
Lenina Prado: Los escombros están siendo echados al mar, en vez de utilizar sistemas de reciclado triturado el concreto para usarlo en obras de arte (brocales, cunetas, etc) y la recuperación del acero para fundirlo
Los escombros están siendo echados al mar, en vez de utilizar sistemas de reciclado triturado el concreto para usarlo en obras de arte + brocales, cunetas, etc) y la recuperación del acero para fundirlo.
Esto no es política de oposición es técnico, no se deben arrojar al mar ya que tienen aditivos que afectan al ecisistema.
Es muy lamentable que no hayan buscado la manera de mantener la historia de El Tocuyo. Por supuesto que las malas políticas influyen, antes, ahora y siempre».

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Lil Rodríguez 11 julio 2026 - 13:13

Teresa querida, decenas de consideraciones para la reflexión y la acción nos deja este magnífico y revelador trabajo de investigación. Y como siempre «las corporaciones» las que inducen las tragedias para luego presentarse como «salvadores» y «reconstructores» a cambio de lo nuestro. Gracias, hermana.

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Taylor Búfalo Pérez 11 julio 2026 - 13:06

¡Excelente artículo! Gracias por compartir paisana. ¡Guara Pelá! 🌷😎

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Zuleyma 11 julio 2026 - 10:04

Mi Tere que buen artículo, increíble como los intereses del imperio sobre la Patria se repiten de manera cíclica, ese Rockefeller malpario es de los mismos que nos acechan actualmente como zamuros tras la tragedia.
Muchas gracias.

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Carmen Pacheco 11 julio 2026 - 07:14

Muy interesante esta crónica de la escritora Teresa. Su contenido nos deja enseñanzas y conocimiento.

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