Inicio Opinión y análisis Los carajitos y la pesca artesanal: tradición, cultura o trabajo

Los carajitos y la pesca artesanal: tradición, cultura o trabajo

por Nathan Ramírez
12 vistos

Texto y fotos: Nathan Ramírez

______________

Ver a unos carajitos caminando sobre el malecón con un carrete de nailon, saltando de roca en roca muertos de la risa o verlos correr con algarabía cuando atraca el peñero en la arena de la playa para ayudar a descargar la pesca, me da tanta alegría y hasta envidia de no haber estado allí a mis diez años.

A estos niños los forman sus padres, tíos, abuelos, hermanos y primos mayores como una vez ellos mismos fueron formados en lo que les da sustento y alimentos para el día a día. No es una tarea obligada, es una labor consciente de que de ella depende la vida en muchos aspectos, la seguridad, la colaboración, la solidaridad y el sustento. Además tiene la adrenalina del deporte, la pasión del arte, el estatus de liderazgo y la confianza de la cooperación, y todo ello con la alegría de ser un niño.

Para la percepción de un turista citadino, aquello de un niño pescador le puede parecer normal, costumbrista y hasta folclórico, incluso injusto producto de las necesidades rurales de la costa, y lo es, es todo eso, sólo que es conocimiento ancestral con tecnología de pocos cambios y de un fuerte arraigo de tradición cultural y de resistencia. Pero también es indudable que es un trabajo que va más allá de la subsistencia alimentaria familiar, al tratarse de transmisión de conocimientos con valores que van de generación en generación, y esto está muy lejos de ser explotación laboral infantil.

Acá me voy a detener un poco a pensar en las docenas de niños que veo haciendo trabajos de buhonería y/o mendicidad porque carecen de estos valores tradicionales en su núcleo familiar. Sus rostros son muy diferentes a los de los carajitos pescadores de la costa. A estos se les nota en sus sonrisas. Si bien podríamos decir que los niños no deberían trabajar en el modelo de una sociedad en evolución tecnológica como la que tenemos actualmente, estaríamos contradiciendo lo que formó a esta misma sociedad en sus orígenes, donde los grupos o clanes familiares trabajaban cohesionados en pro de su beneficio, crecimiento y expansión, y esto contribuyó indudablemente con el desarrollo que luego sería la complejidad de esa misma sociedad tecnológica y la industria pesquera.

La pesca artesanal no es sólo la transmisión de saberes generacionales que consolidan la unidad y la salud social de los pueblos, es un pilar que sostiene a la cultura, la tradición y los valores. El trabajo infantil en la costa, el campo o la montaña no amenazan la integridad física o mental del niño. Por el contrario, la fortalecen y además hoy por hoy ese trabajo no representa la única opción que el niño va a tener de por vida. Es una opción más en provecho de su formación y crecimiento personal que difícilmente tendrá un niño citadino en la buhonería o en la mendicidad, u otro que nunca salga de las redes sociales desde la comodidad de su casa.

No pretendo comparar y mucho menos atacar otros modelos de formación de los niños en diferentes circunstancias sociales, económicas, culturales etc., a las de los niños rurales, solo quiero contagiar mi empatía y demostrar la importancia de estos oficios y tradiciones culturales en nuestra sociedad actual, como modelos a seguir en la educación de nuestros hijos.

Autor

Compartir:

Fotógrafo

Deja un Comentario