Soriana Durán / Fotos Yorwuel Parada
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Yaniret Trujillo es una mujer carismática y emprendedora que encontró, a través de la experimentación con tubérculos, una merienda de producción artesanal económica y de múltiples posibilidades gastronómicas, apta para personas con necesidades particulares. Unas galletas de batata con ajonjolí son el resultado de semanas extenuantes en la cocina, que en este contexto es más bien como un laboratorio de química.
En ese momento empecé a hacer recetas de puras semillas, pero no me terminaban de gustar porque eran muy babosas o sabían raro. Paraba una semana y volvía a la siguiente, ahora con tubérculos: ocumo, ñame, apio, zanahoria, lo que te puedas imaginar. Pero siempre faltaba algo, les agregaba grasas, pero esas grasas no me gustaban, en fin. Duré un año más o menos en ese proceso hasta que un día llegó el Eureka.
De madre tachirense y padre de descendencia española, Yaniret es una de las cuatro hijas y un hijo que gestó la pareja. En sus orígenes no hubo lujos ni privilegios; era una familia modesta y trabajadora que salió adelante gracias al esfuerzo conjunto de sus integrantes:
Le doy gracias a Dios por quien soy a mi mamá, una mujer muy emprendedora que siempre estuvo haciendo postres, buscando la manera cómo ayudar a mi papá a salir adelante con todos sus hijos. Hacía tortas, cursos de repostería, pastelería, panes de jamón… En mi casa siempre era una torta que iba, otra que salía, un dulce de lechosa, dulce de higos… Mi mamá era ese tipo de mujer y si algo no le funcionaba, hacía otra cosa. Mi papá trabajaba en un banco, encargado del área de mantenimiento. Toda su vida estuvo ahí. Un hombre muy trabajador.

De la impresión con tóner a las impresionantes galletas de batata
El negocio de las batatas llegó mucho tiempo después y nació de un proceso de adaptación financiero y alimenticio; Yaniret había dejado el negocio que la mantuvo durante años —recarga de tóner y tinta para impresoras— porque ya el mercado se había transformado con la introducción de productos chinos y, posteriormente, nos adentramos en una de las épocas más difíciles por las que ha pasado el pueblo venezolano (2016-2017). Tuvo que buscar la forma de ingeniárselas y sobrevivir, además de que su sistema digestivo dejó de tolerar el gluten y cuando salía a la calle no tenía opciones suficientes para elegir:
Si no tenía gluten, tenía azúcar o era frito, sino, era horneado pero tenía azúcar y gluten o al revés. No podía comer nada. Hasta las cotufas ya me hacían daño, porque tiende a fermentarse y todo lo que fermenta provoca inflamación y eso repercute en personas autistas y celíacas.

Experimentando con recetas saludables que encontraba en Internet y otras que les sugería el algoritmo, Yaniret dio con varios pasapalos que le ofrecía a familiares y amistades que la visitaban en su casa y hacían de sujetos de prueba: “yo les sacaba el platico lleno de ocumo, de ñame, de apio, les sacaba el platico para que probaran y a la gente le gustaba”.
Las circunstancias la empujaron hacia la dirección que necesitaba para hallar el producto que la definiera y así dio con la fórmula de las galletas de batata con ajonjolí, que de inmediato fue un éxito entre sus comensales más cercanos. Se trata de una galleta muy delgada y crocante, con el sabor dulce de la batata y lo salado del sésamo.
“Cuando vino a mi hermana se la mostré, después a mi familia, y quedó enamorada. Cuando iba a una fiesta la gente no me saludaba primero, sino que me preguntaban si había llevado batatas. Y ahí empiezo todo este proceso, pero mi objetivo cambió para que el producto fuera ideal para personas autistas y celíacas, porque son libres de gluten y el proceso de cocción es también muy sano”.

Yaniret trabaja sola en su casa, se levanta muy temprano a cocinar batatas y “se acuesta con las manos llenas de ajonjolí”. Se encarga de cada una de las tareas que conlleva este proceso, desde la selección de las batatas hasta el empaquetado y la distribución. Va a ferias de comida y ofrece degustaciones la mayor cantidad de veces posible en un mes y pasa mucho tiempo buscando posibles clientes, pues a esto se dedica a tiempo completo: “Esto es mi ingreso fijo, aquí no hay tigre. Es un trabajo muy arduo, pero estoy muy orgullosa. Quiero que esto sea una gran empresa familiar”.
Su próximo objetivo es lograr distribuir sus galletas en las cantinas de escuelas y liceos para que sean una opción saludable y económica que los padres puedan permitirles a sus hijos.
