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Ciro Lacruz: un inventor excepcional cuyo principio es la humildad

por Teresa Ovalles
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Nelson Chávez Herrera / Fotos Wilfredo Machado

Ingeniero mecánico egresado de la ULA, creador de impresionantes inventos, reconocido por autoridades científicas como uno de los más eficientes constructores de maquinarias. Su taller es un territorio del que resulta casi imposible salir

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Enfrente tenía a Ciro Lacruz. Lo sabría posteriormente: uno de los inventores más impresionantes que he podido entrevistar. 

La sugerencia de hablar con él para conocer su trabajo provino del profesor Pedro Grima, quien además de elogiar su capacidad de invención, lo ponderó como el mejor soldador de acero inoxidable que conocía. Sustantiva recomendación viniendo del Director del Centro de Investigaciones de Astronomía y del Centro Nacional de Tecnologías Ópticas. Sin embargo, había detalles. Varias personas nos prevenían sobre su negación a dar entrevistas y como escollo particular, nos advertían sobre la supuesta relación del profesor Ciro Lacruz con, llamémoslo así: lo religioso y lo fantástico. 

El emisario encargado de solicitar la entrevista fue el profesor Gonzalo Sánchez Chávez, quien le conocía de la Universidad de Los Andes (ULA). A principios de junio él fue hasta la casa del ingeniero Lacruz para preguntarle si aceptaba ser entrevistado por Lainventadera.com, y la respuesta obtenida fue precisa: “Sí, pero el día 25 de junio, a las 10:00 am”. Un día después de la alineación planetaria que ocurriría el día 24.

Confiados de su palabra nos presentamos el día señalado a la hora indicada. Iba acompañado del escritor de literatura Wilfredo Machado y de Gonzalo Sánchez, quien le recuerda la conversación sostenida, la solicitud de la entrevista, la cita acordada. El profesor Lacruz lo escucha en silencio. Tenemos la impresión de estar ante un ser humano tranquilo que libra en solitario una batalla ininterrumpida contra el caudal de su genio. Luego de las presentaciones respectivas, amablemente, con una voz casi inaudible, nos invita a pasar, pero deja la puerta abierta. La parte del galpón donde nos recibe tendría unos ciento cincuenta metros cuadrados y está llena de máquinas de todo tipo.

Tras una explicación sobre los objetivos de la entrevista y la petición respetuosa de permiso por parte de Wilfredo Machado para hacerle unas fotos, el profesor parece dispuesto a responder a nuestras interrogantes.

Mi primera pregunta es por su lugar de nacimiento. La respuesta nos transporta hasta el 20 de octubre de 1952 en el boscoso pueblo de San Eusebio (Mérida) donde vio su primera luz y recuerda que desde temprana edad le “sucedieron muchas cosas increíbles, cosas fantásticas y extrañas”. Eventos que le cambiarían su forma de sentir y entender la vida en el planeta, en los cielos y en el universo.

Nos cuenta que estudió Ingeniería Mecánica en la ULA, se graduó y se fue a Europa a realizar estudios de posgrado. Después de este viaje, –puntualiza–, podía entender el funcionamiento de muchas máquinas sin necesidad de abrirlas.

A su regreso asume que su capacidad de realizar invenciones tecnológicas está en estrecha relación con el desarrollo de su consciencia interior. En un sueño va a un bosque como el de su infancia y en ese viaje onírico, en medio de la montaña, siente que los dos hemisferios de su cerebro le son activados. En adelante entenderá sin dificultad que los problemas no tienen una o dos formas de resolverse, “sino millones de soluciones posibles”.

Las personas entran y salen del taller del profesor Ciro Lacruz mientras intentamos entrevistarlo. Preguntan por la fabricación de piezas mecánicas de acero, hierro, bronce, engranajes, bujes, le piden prestadas herramientas, permiso para usar algunas máquinas. Un aviador interrumpe la entrevista para mostrarle las fotos de un equipo de voleibol del Liceo Libertador donde se reconoce entre varios de sus amigos. El aviador se va y finalmente el profesor Ciro se decide a cerrar la puerta.

La fantasía como estrategia antiespionaje

Los relatos en gran parte fantásticos del profesor Lacruz se extienden por casi una hora. Le advierto que nada de cuanto me ha dicho podré colocarlo en la entrevista, porque la página no trata de esos temas. Le afano: ¿Maestro, Ciro, cuál fue su primer invento de regreso a Mérida?

La pregunta lo transporta en sus recuerdos. “Cuando regreso empiezo a hacer cuestiones para tomar fotografías aéreas, pero en forma continua. Luego desarrollo secadores de madera, después pequeños avioncitos para los hijos de unos militares, luego vino la gente del Ministerio de la Defensa para que le hiciéramos unos desarrollos y cuando los probaron me dijeron: ‘funcionó muy bien’. Después se fabricaron máquinas para el procesamiento del coco, una planta para tratar aloe vera”. Las dos últimas líneas de producción, fabricadas para Empresas de Producción Social en Tocópero y en La Cruz de Tara Tara, en el estado Falcón.

El profesor había enumerado por lo menos quince desarrollos tecnológicos pero queríamos ver los inventos, seguir la pauta editorial, tomar fotos, preguntar cómo estaban hechos, poder entender cómo funcionaba cada uno para lograr explicarlos, preguntar cuál era la innovación exacta en cada máquina.

Avanzamos hacia la segunda parte del galpón. Esta tiene más de doscientos metros cuadrados y está repleta de maquinaria.

El ingeniero Lacruz nos muestra unas escaleras de madera en miniatura, unas fichas de ajedrez, piezas minúsculas de madera elaboradas por una máquina de fabricación inventada por él; una dobladora gigantesca, una cilindradora para hacer tanques de acero inoxidable para la empresa petrolera o marmitas para pasteurizar leche, hacer mermeladas o compotas; una boldrinadora para hacer las tapas de acero inoxidable de los tanques (la soldadura de acero de las tapas y de los tanques es casi imperceptible), una despulpadora de fruta, un máquina para cilindrar palos de escoba, otra para fabricar palitos finos de madera como para hacer lápices, una troqueladora adaptada para hacer piezas de superficie cóncava: todas estas máquinas han sido elaboradas por él. 

Resiento la falta de la explicación de los mecanismos y la construcción de cada una pero empiezo a darme cuenta de que resultará imposible, porque el profesor Lacruz cada vez nos muestra más y más inventos. Su forma de hablar es dulce, su mirada generosa. 

Decido preguntarle por su invento más fantástico. Me habla de un viaje desde Mérida hasta Pueblo Llano, con su hijo. Iban en moto y les llovió de ida y de vuelta. Estuvieron a punto de agarrar una hipotermia y entonces él prometió a su hijo que eso no le ocurriría más nunca.  Le dijo: “mire papá, voy a diseñar un aparatico que se ponga en el faro de la moto y usted no se moje, y de hecho lo logré. Me llevó casi dos años pero lo logré”.

Foto: Nelson Chávez

Imagino un coco taxi cubano o una especie de moto taxi carroza peruano, pero no es nada de eso.  Dice que han venido a conversar con él varias empresas interesadas. Le pregunto cómo funciona y su respuesta es: “La lluvia cae, pero usted no se moja”.

Pregunto si es algo así como una especie de protección magnética: “No, no tiene que ver con eso”. Pregunto si es con calor: “Sale algo del faro y usted no se moja, como una campana, y usted no se moja”. Afirma que es “cien por cien seguro”. Que funcionaría para proteger de la lluvia los estadios de fútbol y opera con el mismo principio de la física aplicada para que los carros no se coleen cuando hay arena. Finaliza: “cuando pueda viajar a un sitio, creo que de ahí se va a desarrollar todo”.

Ya tenemos entrevista y queremos irnos, llevamos más de tres horas conversando y tenemos hambre, pero empieza a llover, torrencialmente. El profesor aprovecha para referir otro invento. “Un filamento que sirve para la luz de alta tensión, que es como un cabello humano. Cuando hay un problema de luz él se corta, pero cuando se resuelve el problema él se conecta. ¡Y no vale nada!”. Le pregunto de qué material está hecho y me responde pausado, con indulgencia: “es un material especial”.

Luego menciona el desarrollo de un juguete para aprender a leer, sumar, restar, multiplicar y dividir. Dice que fue probado en dos colegios de Mérida dando como resultado que en dos días un niño de primer grado ya podía armar sílabas. Afirma que vino una gente de la división de educación de la UNESCO,  a reunirse con él, para producir este juguete. Dice que la Ministra de Ciencia y Tecnología de entonces, Yadira Córdova, le había dicho que ese invento podría ser Premio Nacional de Ciencia y Tecnología. Ciro Lacruz no tiene en su haber ningún premio nacional.

La lluvia continúa. El ingeniero Lacruz nos habla ahora de una máquina desmechadora de carne que fabricó por encargo de la entonces ministra Yadira Córdova. Ella le preguntó si podía hacerla y por qué precio. La respuesta, según recuerda, la sorprendió, porque ella había cotizado dos máquinas de iguales características con dos universidades y el precio triplicaba el presupuesto que le había dado el profesor, pero él le explicó el porqué y le dijo: “Yo le hago la máquina, ministra, pero no me ponga a hacer dibujitos, ni proyecto, yo nada más le hago la máquina”. Esa desmechadora junto a las otras dos fabricadas por los centros universitarios fue presentada en cadena nacional por el propio presidente Hugo Chávez, a quien le llamó particularmente la atención la fabricada por el ingeniero Ciro Lacruz.

Seguidamente nos confiesa sus intenciones futuras de trabajar en un motor de hidrógeno que le gustaría fabricar en colaboración con la Facultad de Ciencias de la ULA, porque ahí están los equipos y las personas con los conocimientos necesarios.

La lluvia sigue cayendo fuerte. El profesor decide mostrarnos el cuarto de herramientas donde guarda un arpa fabricada por él mismo. Wilfredo y Gonzalo, que son músicos, se asombran con la hechura y la sonoridad del instrumento. Después subimos a la mezanina y ese espacio también está lleno de máquinas e inventos. Van más de cuatro horas.

De regreso al primer cuarto del galpón, donde fuimos recibidos, como si no quisiera dejarnos ir, el profesor Ciro Lacruz decide enseñarnos no menos de veinte máquinas más hechas por él:  una que pulveriza y muele sal, cominos, especias, y que él presta a la gente de la comunidad que quiere venir a usarla; una prensa para extraer licor de cacao; una tostadora de cacao; una tostadora de café; una máquina para extraer licor de café; una moledora de trigo que procesa entre 1200 a 1500 kilos por hora. Son casi las tres de la tarde.

La entrevista ha sido genial y queremos irnos, pero antes de marcharnos el profesor nos muestra una marmita para pasteurizar productos lácteos. Señala que no fue tan difícil fabricarla como hacerla funcionar de manera óptima y eficiente. Por un tema de transferencia de temperatura, la leche se cortaba. El encargo de fabricación había venido de  un coordinador académico de la ULA y el ingeniero Ciro Lacruz nos cuenta, casi padeciendo nuevamente la angustia, que había estado pensando por varios días en cómo resolver el problema sin encontrar solución, y entonces empezó a pedirle a Dios y a Jesucristo que por favor lo ayudaran a solucionar algo que, si habían creado los cielos y la tierra, para ellos debía ser muy sencillo, y en efecto, según relata, la solución del problema le fue casi susurrada al oído.

«Entonces llama el Coordinador de Posgrado y me pregunta: ‘¿cómo quedó lo que calculamos en la transferencia térmica?’ Doctor, eso está muy bien, –le respondí. ¿Qué más le podía decir? ¿Cómo le puedo decir a una persona que tiene tres doctorados, uno en Kiev, otro Londres y otro aquí, que fue Dios padre quien me dio la solución? Cuando llega y me dice, ‘Ciro, cómo lo lograste?’, yo le dije, doctor, así: (chasquea los dedos de las dos manos frente a su rostro).

«Después unos amigos me preguntaron: ¿Ciro, cómo lo resolviste? Y yo les respondí: ustedes son mis mejores amigos, les agradezco que no me pregunten, porque no tengo cómo explicarles”.

Finalmente, luego de cinco horas, logramos despedirnos del profesor Ciro Lacruz. Íbamos alucinados caminando por la avenida Los Próceres, con la sensación de haber entrevistado a un ser humano de las dimensiones de Don Luis Zambrano. Un ser fantástico para quien los problemas no tienen una o dos formas de resolverse, sino millones de soluciones posibles.

El profesor Ciro Lacruz, por cierto, cuenta que fue invitado por las autoridades de la ULA para hacer parte del grupo que entregó a Don Luis Zambrano el Doctorado Honoris Causa. De este maravilloso inventor a quien conoció de cerca recuerda, además de su genio, su extrema humildad.

El mayor principio de aprendizaje que el profesor Ciro Lacruz recomienda es la humildad ante la grandeza de la creación divina. Su idea del amor es la creación. Tal vez en una próxima entrevista nos explique el funcionamiento y la forma de construir cada una de las centenares de máquinas que ha fabricado. En algún momento se me ocurrió pensar que todos los relatos fantásticos y religiosos del profesor Ciro Lacruz constituyen su estrategia para proteger sus invenciones.  Todo parece posible luego de entrevistar a un ser humano que es sin duda invención pura. Prometimos regresar…

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3 comentarios

Pedro Grima 13 septiembre 2022 - 18:29

¡Excelente! Un reportaje que dibuja a la perfección a Ciro, un inventor del otro mundo.

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Gabriela 17 septiembre 2022 - 10:55

Genial conocerlo. Muy buena la entrevista. El juguete para aprender a leer y sumar, restar, etc sería muy bueno se divulgue. Me quedé pensando en discípulos, en quiénes mantendrán encendido su legado al servicio del pueblo

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Maribel Arias 27 septiembre 2022 - 21:32

Leyendo la entrevista y relato, no queda duda de que es un ser humano extraordinario.

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