Luis Eduardo Cortés Riera
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El movimiento de la historia local que iniciara con enorme éxito Don Luis González González en México con su obra señera Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia, del año 1968, ha sido muy útil y ha estimulado investigaciones históricas de realidades geográficas, sociales y culturales que no se conocían. Pasaban por debajo de la mesa. La historia se hacía y se construía desde Caracas. La provincia venezolana contadas veces se mencionaba.
La apuesta de la microhistoria por lo pequeño, lo marginal, lo excepcional, reveló aspectos profundos de las sociedades, las mentalidades y los poderes que las moldeaban. Una revolución silenciosa que cambió la escala, el enfoque y el horizonte mismo del quehacer histórico. Fue una revolución epistemológica que enfrenta a la Escuela de Anales, su concepto de historia total que privilegiaba las estructuras de larga duración de Fernand Braudel: la economía, la geografía y la demografía, fuerzas impersonales que diluían al individuo de carne y hueso.
El Diccionario de Historia de Venezuela (1989 y 1997) de la Fundación Polar, por ejemplo, estaría despoblado de muchas entradas de no ser por el notable espíritu que le inyecta esta concepción historiográfica centrada en las pequeñas y olvidadas ciudades y municipalidades del interior del país. Se trata de la “historia recuperada” de las cuales nos habla Tomás Straka. “La historia de Venezuela se está volviendo a escribir.”
De tal manera emergieron trabajos de investigación extraordinarios, tales como la Región Barquisimeto de Reinaldo Rojas, que gana el Premio Silvio Zavala de México, el hato llanero de Adelina Rodríguez Mirabal, el estudio de Upata salido de las manos de Marcos Andrade Jaramillo, el Colegio de La Salle de Barquisimeto de Neffer Álvarez; la excelente biografía de monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno ubicado en su contexto social de La Grita; de Pascual Mora; el estudio sobre las cofradías y la mentalidad religiosa católica en Carora, de nuestra autoría.
El escenario histórico venezolano se ha convertido por influencia de la historia local mal entendida, en un auténtico archipiélago de estados, provincias, regiones, comarcas, localidades, sin un hilo conductor que los enlace
Este distinguido investigador que es Tomás Straka (1972), miembro de la Academia Nacional de la Historia, nos advierte, sin embargo, de los vicios, errores y omisiones que se han cometido con este novedoso enfoque de la microhistoria: la tendencia localista, la tendencia a la extrema generalización sobre bases regionales, la creencia que el estudio de un espacio dado sirve para todo. Muchos investigadores se niegan a ver los vicios y errores. La microhistoria, oh paradoja, nos descubre y nos oculta.
La historia se volvió crónica local y pueblerina, muy aldeana. Se construyó una historia sin conceptos teóricos, excesivamente descriptiva, excesivamente afincada en la oralidad, carente de sistematicidad archivística, y, lo que es más grave, politizada: un cronicón de campanario que el mismo Luis González González habría desaprobado rotundamente.
Las diversas entidades federales venezolanas comenzaron a desconocerse entre sí, a no mirarse a pesar de la proximidad. El Estado occidental del Zulia, limítrofe con Colombia, es caso muy notorio, cual agujero negro cósmico, se cerró sobre sí mismo. Se olvidaron los zulianos de la historia nacional, se olvidaron de la región de al lado, una advertencia angustiada que hizo hace muchos años Arturo Uslar Pietri.
El escenario histórico venezolano se ha convertido por influencia de la historia local mal entendida, en un auténtico archipiélago de estados, provincias, regiones, comarcas, localidades, sin un hilo conductor que los enlace. Pensar el Estado-Nación venezolano se ha convertido en anatema para los microhistoriadores.
Pienso que para superar tales vicios y carencias hace falta que nuestros cronistas conozcan la microhistoria que se ha elaborado con enorme éxito en otras latitudes: el estadounidense George Stewart, quien utiliza por primera vez la palabra microhistoria (La carga Pickett. Una microhistoria del ataque final a Gettysburg, (1959); el propio Luis González González y su célebre Pueblo en vilo (1968): la micro historia italiana con Carlo Ginzburg: El queso y los gusanos (1976); Giovanni Levi: La herencia inmaterial, la historia de un exorcista piamontés del siglo XVII, (1985); la estadounidense Natalie Zemon Davis: El regreso de Martin Guerre, (1983); Montaillou, aldea occitana (1975), de Emmanuel Le Roy Lauderie; en el Reino Unido Edward P. Thompson: Los orígenes de la ley negra. Un episodio de la ley criminal inglesa (1975)
En tiempos donde los algoritmos privilegian la escala masiva y los discursos buscan narrativas globales, la microhistoria ofrece un contrapeso esencial. Nos recuerda que la historia no es solo el relato de los grandes acontecimientos, sino también la suma de gestos, palabras, silencios y decisiones individuales. Nos enseña que comprender una vida puede iluminar una época, tal como lo hizo el molinero Menocchio (1532-1599) de Carlo Ginzburg en su libro El queso y los gusanos, publicado hace 50 años, en 1976.
Pero, eso sí, debemos construir en la patria del Libertador Simón Bolívar una microhistoria con vocación planetaria, universalista, sin animo provincialista. Los cronistas debemos tener en una mano una lupa y en la otra mano un telescopio. Esos fueron los criterios que sirvieron de brújula para mis investigaciones sobre el Colegio La Esperanza y Federal Carora, 1890-1937 (1995), e Iglesia católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX (2003).
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Son importantes, dice Javier Ocampo López, los estudios del historiador Luis González (1968) sobre la microhistoria, destacando entre ellos:
Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia. México: El Colegio de México. Asimismo, su obra (1973) Invitación a la Microhistoria. México; SepSetentas, 1973, 8-53. Serna Justo y Anaclet Pons. 2000. Cómo se escribe la Microhistoria. Madrid: Ediciones Cátedra. Ramírez Bacca, Renzo, compilador. 2005. Historia Local. Experiencias, métodos y enfoques. Medellín: Editores La Carreta. Barrera, Darío, compilador. 2002, Ensayos sobre microhistoria. Morelia (México): Red Utopía Prehistoria. Morales Benítez, Otto, 1995. Teoría y aplicación de las historias locales y regionales. Manizales: Universidad de Caldas. Medina Rubio, Arístides. 1995. Historia para todos. Introducción a la Historia regional. Caracas: Consejo Nacional de Cultura. Castañeda, Carmen, et al. 1993. La región histórica. Caracas: Fondo Editorial Tropykos.
