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Otra amenaza: desoxigenación de las aguas

por Eliecer Centeno
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Eliecer Centeno | ¿Qué nos queda?

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El oxígeno es el gas del cual depende una inmensa mayoría de organismos vivos, ya que más del 95% de las especies conocidas son aeróbicas. Sin embargo, en la tierra este vital gas no siempre estuvo presente en altas concentraciones en la atmósfera. De hecho, su origen se remonta a más de 2400 millones de años en el pasado, con la aparición de microorganismos acuáticos llamados cianobacterias. A partir de aquel momento, la vida terrestre fue cada vez más dependiente del oxigeno presente tanto en la atmósfera como el disuelto en los cuerpos de agua.

Como todo proceso ecológico, el ciclo biogeoquímico del oxigeno depende de un delicado equilibrio entre distintos factores físico-químicos ambientales y los seres que hacen vida en los ecosistemas. Cualquier alteración de estos componentes tiene el potencial de generar cambios negativos en poblaciones, y comunidades.

Los ecosistemas marinos, fluviales y lacustres son particularmente vulnerables, ya que dependen de la capacidad de estos cuerpos de agua para mantener el oxígeno disuelto y disponible para los organismos que allí habitan, por lo cual investigaciones recientes, se concentran en estos lugares y su dinámica del oxígeno.

Adicionalmente, de acuerdo con FAO: “…los alimentos provenientes del agua proporcionan cerca del 20% de la ingesta media de proteínas animales para más de 3.000 millones de personas, siendo el sector pesquero y acuícola (en su gran mayoría artesanal y de pequeña escala en países en desarrollo) un pilar fundamental para la economía de más de 60 millones de trabajadores directos”. Una situación que agrega una mayor presión antrópica sobre estas áreas sensibles.

En julio de 2026, un grupo internacional de investigadores, incluyendo expertos de la Universidad de California en San Diego, publicó una revisión en la revista Limnology and Oceanography, en la que advirtieron que la pérdida acelerada de oxígeno en océanos, lagos y ríos está empujando a la Tierra hacia un «espacio inseguro».

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De acuerdo con esta reciente investigación, la pérdida de oxígeno o desoxigenación de los cuerpos de agua es tan grave que proponen que sea incorporado como un nuevo Límite Planetario dentro de los marcos de control global, dado que el calentamiento climático y la contaminación por nutrientes están desestabilizando los ecosistemas acuáticos a un ritmo irreversible para las próximas décadas.

La desoxigenación es uno de los problemas ambientales más críticos de la actualidad. Dentro de los factores de origen antrópico que originan este fenómeno se encuentran el calentamiento global, que reduce la solubilidad del oxígeno en el agua y aumenta la estratificación térmica; y la contaminación por nutrientes, proceso denominado técnicamente como eutrofización, y que se derivada de la agricultura, la industria y la descarga de aguas residuales.

La desoxigenación oceánica genera “áreas muertas” en mar abierto que se han multiplicado a una escala sin precedentes en los últimos años. Uno de los estudios de referencia en este sentido es el titulado: “El océano se está quedando sin aliento: El oxígeno en descenso en el océano mundial y las aguas costeras”, publicado en Science en 2018. Fue coordinado por la Red Mundial del Oxígeno Oceánico (GO2NE) de la UNESCO, y detalla cómo las zonas de aguas totalmente desprovistas de oxígeno (anóxicas) en mar abierto se han cuadruplicado, mientras que los hábitats costeros afectados por la baja concentración de oxígeno (hipoxia) se han multiplicado por diez desde mediados del siglo XX.

Otro estudio publicado en Nature, en 2017, titulado: “Disminución del contenido de oxígeno en los océanos del mundo durante las últimas cinco décadas”, aporta evidencia empírica cuantitativa y a gran escala de la pérdida global de oxígeno disuelto en los océanos desde la década de 1950, vinculándola directamente con el incremento de la temperatura oceánica global, al cambio climático y al estilo de vida basado en combustibles fósiles. En cambio, en los ecosistemas fluviales, y estuarinos, como ríos, lagos, lagunas y otros humedales, la principal causa de la desoxigenación es la contaminación por nutrientes o eutrofización, derivada de lixiviados provenientes de la industria y zonas agrícolas.

En análisis como el realizado en 2010, titulado: “dinámica y distribución de la hipoxia de origen natural y humano”, publicado en Biogeosciences, se describe cómo la escorrentía de fertilizantes agrícolas y los desechos orgánicos industriales generan «zonas muertas» tanto en estuarios y ríos como en áreas costeras marinas debido al consumo masivo de oxígeno por parte de microorganismos descomponedores.

Aunque el modelo de producción y consumo actual, impulsado particularmente por grandes corporaciones es el principal responsable de la situación ambiental actual, como este caso de la desoxigenación de los cuerpos de agua. Revisar cómo se hacían las cosas por parte de las comunidades originarias es un primer paso para entender y aportar a la solución de esta problemática.

La desoxigenación oceánica genera “áreas muertas” en mar abierto que se han multiplicado a una escala sin precedentes en los últimos años

Las comunidades indígenas a nivel global han desarrollado durante siglos técnicas tradicionales de manejo de los suelos y el agua que, de manera indirecta o directa, evitan la escorrentía de nutrientes y promueven la autodepuración hídrica. Algunos ejemplos son la agricultura de camellones o campos alzados conocidos como Waru Waru o Chinampas. Son utilizadas desde la época de la época prehispánica en regiones de América como los Andes y Mesoamérica.

Los Waru-waru consisten en plataformas de cultivo rodeadas de canales de agua. El diseño natural filtra los nutrientes de los desechos orgánicos a través de la vegetación de los canales, lo que evita que lleguen masivamente en forma de alta concentración contaminante a los grandes ríos y lagos.

Otra organización de los terrenos agrícolas son los sistemas de terrazas o andenes, que son ampliamente implementados en laderas montañosas de todo el mundo. Un ejemplo muy conocido son las terrazas del cultivo de arroz en los países del sudeste asiático. Este tipo de ordenación permite frenar drásticamente la erosión del suelo, impiden que la tierra abonada y los sedimentos ricos en fertilizantes sean arrastrados por las lluvias hacia los ríos y estuarios, reduciendo los detonantes de las «zonas muertas».

Incorporar este tipo de ordenación a nuestro conuco ancestral, y migrar de las grandes extensiones de monocultivos hacia sistemas de producción integral, biodiversos y diseñados para evitar la contaminación de los cuerpos de agua de nuestro territorio es algo que nos queda como alternativa al modelo agroindustrial de los grandes capitales, para salvar a las numerosas especies fluviales y marinas que son el pan de cada día para millones de personas en el mundo.

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Investigador en temas climáticos

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