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¿Agricultura regenerativa o nuevo negocio para Bayer-Monsanto?

por Graciela Vanessa González
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Graciela Vanessa González | Alimentación ConCiencia

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La agricultura regenerativa se encuentra en el centro de un intenso debate sobre su verdadera naturaleza y lo que nos están diciendo (unos y otros) que es. Como ocurre cuando algo se pone de moda en estos tiempos de redes sociales, resulta complicado para quienes son ajenos al área discernir la realidad. Por esta razón, con la colaboración de campesinos del estado Yaracuy, nos proponemos desentrañar qué es realmente la agricultura regenerativa y, no menos importante, abordar el nuevo negocio tóxico de la agroindustria.

No es un concepto nuevo, pues ha sido practicada ancestralmente, pero sobre todo, ha sido impulsada por redes de campesinos que, durante décadas, han trabajado incansablemente por una agricultura y ganadería para la vida. Agricultura regenerativa son las prácticas agrícolas y de pastoreo que, entre otros beneficios, revierten el cambio climático al reconstruir la materia orgánica del suelo y restaurar la biodiversidad degradada del suelo, a través de la ayuda de microorganismos benéficos, lo que resulta tanto en la reducción de carbono como en la mejora del ciclo del agua.

Hasta aquí, todo bien, pero el panorama se complicó desde junio de 2023, cuando en la Cumbre de Innovación de Cultivos llevada a cabo en Nueva York, la empresa Bayer presentó nuevas tecnologías para la agricultura regenerativa. Rodrigo Santos, presidente de la división Crop Science de Bayer, esta forma de agricultura busca “aumentar la producción de alimentos, los ingresos agrícolas y la resiliencia en un clima cambiante, mientras se renueva la naturaleza”. Bayer planea potenciar más de 161 millones de hectáreas a nivel global para el año 2035, utilizando innovaciones como semillas de diseño (más todavía), tecnologías de breeding de próxima generación para cultivos de maíz, soja, algodón y vegetales y nuevos herbicidas “biológicos” para el control de malezas, los cuales ya se están probando en la India y se espera que se comercialicen a finales de esta década.

Es vital aclarar que la agricultura regenerativa propone principalmente un cambio de sistema hacia uno que permita la regeneración del planeta, promoviendo la armonía entre todos los seres vivos. pero Bayer no parece plantear este cambio radical, pues su interpretación de la agricultura regenerativa no altera el actual sistema de agricultura degenerativa en el que se basa su modelo de negocio, centrado en maximizar ganancias y, más preocupante aún, se están apropiando de un movimiento genuino para perpetuar su modelo tradicional.

La agricultura regenerativa va más allá de la simple recuperación del suelo; busca regenerar nuestra conexión con la naturaleza y fomentar la autonomía del ambiente y esto incluye la regeneración del agua, las semillas, la biodiversidad, la economía local, la democracia alimentaria y la soberanía alimentaria ¿Esto le conviene al negocio del antiguo Monsanto (Comprado por Bayer en 2018)?

Un pasado contaminante

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Hasta finales de los años 90 Monsanto se posicionó como una de las principales empresas dedicadas a la producción y venta de pesticidas químicos, productos que eliminan plagas de forma rápida e indiscriminada, siendo ideales para grandes extensiones de monocultivos donde se realizan aplicaciones frecuentes. Sin embargo, su uso resulta devastador tanto para la biodiversidad como para la salud humana. Las investigaciones científicas (las éticas, porque tambien hay de las otras) ya han demostrado de forma rotunda este daño.

Monsanto nunca mostró interés en alternativas más seguras, como los pesticidas no químicos, que incluyen biopesticidas elaborados a partir del microorganismo Bacillus thuringiensis (Bt). Estos biopesticidas tienen un efecto más lento y son más aptos para producciones a menor escala, donde los cultivos son monitoreados cuidadosamente y se aplican solo cuando es estrictamente necesario. Si bien son menos peligrosos, los biopesticidas generan menos ganancias para las corporaciones, ya que generalmente se escapan del control de patentes industriales.

La prisa de las corporaciones por ingresar en el mercado de los bioinsumos podría desencadenar una nueva ola de privatización de formas de vida, muchas de las cuales han sido utilizadas por comunidades campesinas

El interés de Monsanto por el Bt surgió con el auge de la ingeniería genética. Cuando se dieron cuenta de que podían insertar en las plantas (maíz) los genes del Bt, permitiendo que éstas produjeran la toxina de forma continua y en toda la planta, y esta innovación convertía al biopesticida en algo más parecido a un pesticida químico, convirtió el proceso en ideal para el monocultivo industrial. De paso pudo patentar esta variante del Bt desarrollado genéticamente e integrarlo en su estrategia de dominio en la industria de las semillas.

Entre la sabiduría del pueblo y el poder corporativo

Desde Quigua, municipio Sucre del estado Yaracuy, los productores Estiber Garrido y Willam Delgado cuentan que sus padres y abuelos han utilizado el Bt de manera cuidadosa durante generaciones. De hecho, manifiestan que cuando comenzaron a atender ellos sus terrenos, los viejos les pedían mucho juicio con el Bt, pues no querían inducir resistencia en los insectos.

Algo muy interesante nos dice la productora Hilda Camacho, de Nirgua: “Cuando uno empezó a ver que vendían el Bt, dijimos que ya no iba a tener efecto en las plagas, porque eso es así, cuando se pone más fácil aplicar algo, entonces lo quieren echar para todo y a cada rato y eso causa resistencia en las plagas”. Veinte años después, ya se reportan muchas especies de insectos resistentes a los cultivos Bt, Entonces el temor de Hilda se hizo realidad.

Curiosamente pero no por casualidad, Monsanto se ha convertido en una de las muchas corporaciones que buscan activamente controlar el mercado global de biopesticidas. Cuando todo comenzó apenas había empresas desarrollando este tipo de insumos. Hoy se reportan más de 1.200 y muchas de estas son nuevas y medianas pero todas las grandes corporaciones de agroquímicos están presentes, incluyendo Bayer, BASF, Corteva, FMC, The Mosaic Group, Syngenta, UPL y Yara. Esta inserción en el mercado de bioinsumos se realiza de manera violenta, siguiendo su estrategia habitual a través de compras, acuerdos de licencias y fusiones.

A lo largo del mundo, los pequeños productores ha inventado y utilizado mezclas de productos naturales para proteger sus cultivos de insectos y mejorar la fertilidad del suelo. Esta práctica, tan antigua como la agricultura misma, ha transmitido fórmulas de bioinsumos de generación en generación. Hoy en día, la mayoría de campesinos siguen utilizando bioinsumos que producen en sus propias fincas, tal es el caso de Carlos Díaz, agricultor del sector Cañaveral, municipio Independencia, el cual prepara sus propias madres de hongos para tratar sus cultivos.

La industria gana más terreno en la producción de lo que ellos y el gremio llaman biológicos. Este proceso ha impulsado el mercado global de bioinsumos, que en 2021 alcanzó ventas por aproximadamente 10 mil millones de dólares, que son aproximadamente el 4% del mercado mundial de insumos agrícolas. Una gran parte del mercado global de bioinsumos ya está bajo el control de las principales corporaciones de pesticidas.

Los biopesticidas representan la mayor parte de las ventas y se estima que corresponden a la mitad del mercado global de bioinsumos, el resto del mercado incluye biofertilizantes, que aportan nutrientes a las plantas, y bioestimulantes, que mejoran la capacidad de las plantas para absorber nutrientes. Estas grandes empresas han centrado su interés en unos pocos microorganismos, los que contienen Bt representan el 90% del mercado global de biopesticidas, mientras que el 60% de los biofungicidas contienen Trichoderma spp y en el caso de los biofertilizantes, la Cyanobacteria, un alga azul capaz de fijar nitrógeno y producir vitaminas y enzimas promotoras del crecimiento, es la más utilizada.

La privatización de la vida

El interés de los gigantes productores de pesticidas por los bioinsumos no es precisamente el amor a la naturaleza. En el caso de los biopesticidas destacan su menor costo y la rapidez con la que pueden llevarse al mercado. En EEUU, desarrollar un nuevo biopesticida cuesta entre 3 y 7 millones de dólares y puede comercializarse en un plazo de cuatro años, un pesticida químico puede tardar hasta 12 años y costar más de 280 millones de dólares. Aparte, el aumento de prohibiciones sobre pesticidas tóxicos y las demandas legales, como la relacionada con el Glifosato, han hecho que los biopesticidas sean una alternativa más atractiva, con costos potencialmente menores a lo largo de la cadena de suministro.

Es crucial no confundir el interés corporativo en los bioinsumos con un verdadero deseo de alejarse de los agrotóxicos pues mientras que los pequeños productores utilizan los bioinsumos como una estrategia complementaria para manejar plagas y enfermedades. Las empresas agroquímicas buscan que los agricultores usen sus biopesticidas de la misma manera que los pesticidas químicos, aplicando grandes dosis con frecuencia, está muy claro: para Bayer, los bioinsumos son simplemente un complemento dentro de su paquete agrotóxico. En 2016, la compañía desarrolló una “caja de herramientas” que combina pesticidas químicos y biopesticidas en una plataforma digital para optimizar su uso.

Otro factor importante que impulsa a las corporaciones hacia el mercado de bioinsumos son los avances en edición genética, biología sintética y ciencia de datos. Estos avances facilitan la identificación de microorganismos y el desarrollo de bioinsumos, permitiendo a las empresas asegurar un control monopólico a través de patentes. La prisa de las corporaciones por ingresar en el mercado de los bioinsumos podría desencadenar una nueva ola de privatización de formas de vida, muchas de las cuales han sido utilizadas por comunidades campesinas. Las patentes sobre procesos y secuencias genéticas de microorganismos permitirán que las corporaciones dominen el mercado, otorgándoles derechos monopólicos, obligando a quienes quieran usar productos con componentes patentados a obtener autorización o pagar por su uso.

El mercado de bioinsumos está creciendo rápidamente en países como Estados Unidos, Brasil y Japón, donde los bioinsumos genéticamente modificados pueden venderse sin una evaluación exhaustiva de su impacto ambiental y en la salud. En Brasil, el mercado se ha duplicado desde 2020 gracias al Programa Nacional de Bioinsumos, que permite registrar productos en menos de diez meses. Esto ha generado preocupaciones sobre la falta de control.

El debate sobre la regulación de bioinsumos es complejo, pues existe el riesgo de que las normas puedan criminalizar prácticas agrícolas tradicionales. Una regulación estricta podría encarecer procesos y reforzar el dominio corporativo, y una regulación menos estrica podría resultar en pruebas inadecuadas y mayor contaminación, se puede entender la complejidad de la situación.

La agroecología es la respuesta

La agricultura industrial se ha convertido en el motor de la crisis climática y de numerosos problemas globales, la solución no radica simplemente en reducir el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, ya que estos son productos derivados de un modelo agrícola insostenible y de gran escala, que está inserto en un sistema alimentario global injusto y predatorio, controlado por unas pocas corporaciones. Si las mismas empresas que dominan el mercado agrícola controlan también los bioinsumos, solo estarán creando un nuevo nicho de negocio que no eliminará el uso de agrotóxicos. En lugar de eso, podrían extender su uso bajo la etiqueta de “complementario”. Los bioinsumos corporativos forman parte de las falsas soluciones a la crisis climática, incluidas en los nuevos paquetes «verdes» de la agricultura regenerativa.

Lo que realmente se necesita es una transición hacia la agroecología, que se base en los saberes campesinos, la innovación colectiva y la soberanía alimentaria, es fundamental rechazar soluciones tecnológicas costosas y con patentes corporativas que solo perpetúan la agricultura industrial y sus devastadoras consecuencias.

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Investigadora en ciencia y cultura de la alimentación

2 comentarios

Gustavo Falcón 6 septiembre 2025 - 12:56

Felicitaciones por tan excelente articulo investigativo, sobre la agricultura regenerativa y los uso y retos de los bioinsumos y su uso descriminado

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Graciela Vanessa González 6 septiembre 2025 - 16:36

Gracias, compañero. saludos.

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