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En qué plano combatiremos

por José Roberto Duque
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José Roberto Duque | Monte y Culebra

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Como comunicadores, y sobre desde esta página, nos hemos dedicado estos años a hacer el registro de cuanto hace el pueblo creador para saltarse procedimientos, formas convencionales de resolver situaciones: la gente que inventa y que de alguna manera actúa al margen de los métodos formales, convencionales o socialmente aceptados de hacer ciencia, tecnología, innovación. El párrafo de abajo, el que leerás después de este, iba a ser el párrafo final de este artículo; lo subo hasta acá porque necesito informar que estas reflexiones, y otras que vendrán, vienen afectadas, heridas, perturbadas por un dilema incomodísimo que me apresuro a comentarte.

Hasta ahora hemos visitado experiencias y personas que muestran unas formas formidables de resistencia anticapitalista, antihegemónica, a veces al margen y a veces en contra de lo que es considerado correcto, formal y permitido. Ahora mismo, en este preciso momento, me estoy preguntando si ha sonado la hora del silencio, de evitar exponer a gente que anda haciendo cosas maravillosas por las que nosotros la aplaudimos, pero por las que de pronto pareciera que pudiera ser perseguida, obstaculizada. ¿Hasta qué punto difundir una buena entrevista, reseña o crónica es un homenaje y en qué punto se convierte en una delación? ¿Cuándo difundir un ejemplo luminoso de resistencia e inteligencia del pueblo puede convertirse en un “pajazo”, en una delación con todas las coordenadas?

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Está ese plano “de arriba”, toda esa danza donde la alta política y los dramas internacionales y transnacionales se mueven al ritmo de grupos muy poderosos y muy bien armados y dotados de privilegios y potestades; tipos y grupos en cuyas manos o en cuyas vísceras termina quedando la vida o la muerte de un gentío, la configuración de los países, la tragedia, tranquilidad o miseria de millones de personas. En ese plano, ámbito o “nivel” (gustan decir los estudiosólogos o habladores) de la acción y las decisiones tú y yo no tenemos nada que hacer. Cuando alguien te quiera hacer sentir culpable porque eres parte de la legión que “no hace nada” para evitar el genocidio de Palestina, y porque en vez de ir a detener la maquinaria asesina de Israel le dedicas horas del día a mirar una peli o un partido de beisbol, observa: es mentira que la gente que no ve beisbol ni películas es porque está muy ocupada luchando contra Israel.

Simplemente, hay ámbitos en los que nosotros, como ciudadanos, no tenemos forma de influir, y ni tan siquiera de intervenir o participar de ninguna manera. No es cuestión de falta de voluntad o de valentía; es que, por muchas ganas que tengas de partirle la nuca a un genocida, hace rato que los autobuses que van para Washington o Tel Aviv no pasan por la parada de la esquina.

Está ese otro plano, aparentemente más cercano pero también lo bastante inasible como para pretender considerarlo manejable desde nuestra corporalidad o nuestro radio de influencia (otra expresión de expertólogos): esas decisiones del alto Gobierno, que apuntan hacia un funcionamiento no traumático del Estado y de la sociedad, hacia el mantenimiento de las condiciones mínimas para que aquí se pueda vivir, trabajar, estudiar, divertirse y rebuscarse. Hay decisiones de ese alto Gobierno que nos pueden parecer insólitas, graves e incluso dolorosas, porque en efecto lo han sido, y en ese plano o ámbito no hay nada que podamos hacer salvo declarar que las apoyamos, que no las apoyamos o que no las entendemos. Pero el caso es que sobre esas tales o cuales decisiones no tenemos como ciudadanos ninguna forma de intervenir.

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Y están los planos en los que sí tenemos forma de decidir, modificar, torcer el rumbo, acelerar o detenerse, retroceder; reajustar por aquí, apretar unas tuercas por allá, hasta que el resultado de nuestras decisiones y acciones sean visibles y comprobables: el ámbito familiar, el entorno de amistades y grupos, los ámbitos comunitarios, sean formales o no.

¿Cuándo difundir un ejemplo luminoso de resistencia e inteligencia del pueblo puede convertirse en un “pajazo”, en una delación con todas las coordenadas?

En ese ámbito o plano de la vida de cada quien, y en la del gran sujeto colectivo que somos, es donde se desarrollarán las batallas más duras en los meses y años que vienen. No en las trincheras donde tienen lugar las tragedias más espantosas de estos siglos, sino en nuestras pequeñas trincheras de cada día: las batallas del qué vamos a comer mañana, el cómo llegaré a la reunión, a la universidad o al trabajo, cómo voy a pagar el alquiler de este mes o con qué repararé el artefacto doméstico que se me dañó.

Y unas batallas que también se avizoran, aunque muchos estamos haciendo esfuerzos para que no ocurran, y es la que deberemos enfrentar cuando las sucursales locales de la locura racista y homicida que se ha soltado en el planeta vengan a ejecutar su furia destructora contra todo vestigio de la Quinta República.

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Apartando el vistazo a otros planos o ámbitos, como por ejemplo el de las batallas en los medios digitales y las comunicaciones en general (que en realidad no son un plano aparte sino que los transversaliza a todos) la planificación más sensata que se le puede proponer a toda la militancia es el mapeo del sector donde cada quien vive y donde trabaja, el fichado de las alianzas y amenazas actuales y potenciales, las formas de comunicarse y de obtener energía (eléctrica, para cocinar, para desplazarse) en caso de un evento de conmoción generalizada. El 3 de enero quedó en evidencia un dato al que pocos le prestaron atención: así milites o participes en un equipo o colectivo de trabajo, la experiencia indica que las grandes conmociones no ocurren en horario de oficina ni nos dan chance de juntarnos a planificar nada sobre la marcha. Dicho de otra forma, la marcha ya comenzó, y “planificar” consiste ahora en entender que todo cambia y que seguirá cambiando, a altísima velocidad.

Que quede reflotando sobre estas líneas la posición ética: vayan todo el amor militante, todo el apoyo, toda la comprensión y toda la admiración para Delcy y las personas encargadas de conducir al país en este momento crítico y jodedor de nuestra historia. Sabemos que hay decisiones dolorosas y terribles que el alto Gobierno deberá seguir llevando a cabo, con la muy consabida escopeta apuntándole a la nuca. De ninguna manera significa que nosotros como pueblo debamos calcar y reproducir las acciones y actitudes del gobierno asediado y amenazado: el Gobierno puede dejar de decir lo que piensa sobre los criminales Trump, Netanhayu y demás plaga que contamina al planeta con su existencia y sus crímenes, nosotros seguiremos llamando a la basura por su nombre. La Revolución y la rebelión siempre han sido misión y compromiso de los pueblos, no de los gobiernos.

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Periodista, escritor y editor

16 comentarios

Rafael Luque 9 marzo 2026 - 05:09

excelente… Roberto, excelente 👌👍👍

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Hermelinda Roldán 9 marzo 2026 - 08:33

estaba amaneciendo hoy y estoy en sintonía con tu escrito y dándome el permiso a escribir en grupo de ws v escribía sobre ese proceso de sumisión colectiva al que me niego

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José Roberto Duque 9 marzo 2026 - 23:56

Vale, saludos

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José Roberto Duque 9 marzo 2026 - 23:55

Salud, gracias

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Carmen Perdomo 8 marzo 2026 - 06:47

Como siempre José Roberto,clarito!

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José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 17:57

Abrazos pa ti

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Zuleyma 7 marzo 2026 - 22:18

Gracias chamo
necesario «pingazo».
Vaya tu pluma por delante, en defensa siempre de lo nuestro, y en la comprensión de este presente acelerado que nos toca vivir.

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José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 17:58

Saludos Zuly, la discusión siempre está abierta y cada día que pasa va cambiando de colores.

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Larissa 7 marzo 2026 - 21:42

Gracias hombre. Es bueno leer al que siempre poner a las letras a bailar, al que entiende, al que acompaña. Mi alma anda en llanto, a veces se desborda, a veces se aguanta y se hace nudo. Gracias por decir lo que yo sé y me desespera que otr@s no sepan, no quieren o no pueden ver, pero hace falta que alguien lo grite.

Respuesta
José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 17:59

Te mando un abrazo, Larissa. Es la hora de la angustia y de saber surfear sobre ella.

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Maye 7 marzo 2026 - 21:26

No debemos dejar de comunicar las experiencias eso es lo que nutre la revolución real de hecho es la revolución.

Respuesta
José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 17:59

Ahí vamos, siempre con cautela pero palante. Salud

Respuesta
Sul 7 marzo 2026 - 10:55

Cómo siempre excelente artículo, moralizante, esperanzador. Alimentas el alma para seguir el combate con la ética que nos permitan desarrollar

Respuesta
Nova 7 marzo 2026 - 20:04

Sin desperdicio !. Gracias!. Hasta la Victoria Siempre!

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José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 18:00

Venceremos

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José Roberto Duque 8 marzo 2026 - 18:00

Salud para ti, agradecido por el interés

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