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El perseguidor de bacterias

Rafael Rangel tuvo el privilegio y el mérito de ser el precursor de la investigación parasitológica y el bioanálisis en Venezuela

por Julián Márquez
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Julián Márquez

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En el apacible Betijoque de antaño, la mañana del 25 de abril de 1877, nació el niño José Rafael Rangel Estrada, quien pasado el tiempo sería uno de los máximos exponentes de la ciencia en Venezuela. Fue el primero en describir el parasito Necator americanus y sus huevos, transmisores de la anquilostomiasis, causante de temibles anemias perniciosas que en su tiempo hacía morir gente a montones.

En los días del nacimiento del sabio el estado Trujillo era una región agrícola, con un auge cafetalero, y la población de Betijoque se beneficiaba de esta floreciente actividad comercial.

La progenitora del niño fue una joven madre soltera de nombre Teresa Estrada, sus datos biográficos desaparecen en la imprecisión. Algunos indicios señalan que después del parto sufrió una descompensación de salud y falleció a los seis meses de la maternidad. Las aguas del bautismo las recibió el pequeño Rafael el mismo día del sepelio de su madre. A principio de su vida estuvo al cuidado de una tía materna. Después el padre, Eusebio Rangel Moreno, un comerciante dedicado a la fabricación de tabacos y a la política, se encargó de su protección, y pasado un tiempo, lo llevó a la casa donde vivía con su esposa María Trinidad Jiménez, quien lo adoptó como a un hijo.

Curiosidad por la ciencia

Corridos los primeros años de la infancia, la mente de Rafael Rangel se abrió a otros descubrimientos y asombros. Muy joven tuvo conocimiento de los estragos de las dañinas endemias tropicales, principalmente la fiebre amarilla. Muchos familiares, entre ellos su abuela materna, murieron víctimas de esta ominosa enfermedad, durante una tenaz epidemia ocurrida en 1888, un año de angustia para Betijoque.

A los siete años entró en la Escuela Federal de Betijoque, fundada en 1879, donde recibió las primeras luces de aprendizaje escolar. Luego tuvo un breve período de clases teológicas en el Seminario Diocesano de Mérida. Después estuvo entre el grupo de estudiantes del Instituto Maracaibo en 1896. Comienza el bachillerato en el Colegio Bolívar, y lo termina en la Universidad del Zulia, graduado con el título de bachiller en Filosofía.

Ha cumplido 19 años, bullen en la mente las disposiciones inciertas del futuro. Pero durante ese tiempo también ha aprendido a hablar francés por voluntad propia. Ahora Caracas estaba en la mira, era la próxima meta de aquel joven silencioso, aplicado y meditativo.

El llamado de Caracas

En cuanto pisa tierras del fresco valle de Caracas asiste pronto a la Universidad Central de Venezuela, y se inscribe para empezar el primer año de Medicina, siguiendo cursos de Anatomía, Histología, Bacteriología, Física y Química Médica. En ese entorno académico, sus profesores van ser, los brillantes galenos Luis Razetti y José Gregorio Hernández, dos insignes maestros de la medicina. Ese primer año aprueba todas las materias con notas sobresalientes. El afán de saber de Rafael Rangel es tanto que se registra, al mismo tiempo, para cursar estudios de inglés y alemán.

En el segundo año de medicina, sigue dando muestras de estudiante estelar. En ese período participa en el concurso de externos del Hospital Vargas, cuyo objetivo exige a los estudiantes presentar un estudio del Hueso Coxal, y logra obtener el segundo lugar con un alto puntaje en la calificación del curso. Por propia voluntad abandona el segundo año de Medicina, pero los conocimientos obtenidos a través de las clases de Bacteriología y Microbiología, impartidas por el profesor Santos Aníbal Dominici en el Instituto Pasteur de Caracas en 1890, contribuyen a su ingreso como asistente en las salas del Hospital Vargas.

La tuberculosis agazapada

Una temporada de trabajo con el doctor Dominici en las salas de pacientes bastó para concederle un sólido soporte científico y desarrollar óptimamente las actividades de investigación practicadas en el área de Laboratorio. También se desempeñó eficaz como preparador en la cátedra de técnicas de Parasitología Microscópica orientada por el doctor, José Gregorio Hernández. Durante la colaboración con el médico de los milagros, destacó en el proceso de las pruebas de cultivo, coloración de microorganismos y la inoculación de gérmenes patógenos en especies animales de laboratorios.

Mientras continúa con la labor científica sucumbe ante la tuberculosis, una enfermedad mortal para la época. Con esa grave condición a cuestas, pero dispuesto a sanar pronto, regresa a Betijoque. Luego, desde allí, se traslada a la Mesa de Esnujaque; el clima benéfico del lugar favorece la recuperación y meses después regresa saludable a Caracas para asumir nuevamente el trabajo de laboratorio con renovado entusiasmo.

Cuando en 1902 es nombrado Jefe del Laboratorio de Histología y Bacteriología del Hospital Vargas, inmediatamente se dispuso a la tarea de organizar y modernizar el sistema, dotado con escasos instrumentos de trabajo. Para ese fin consiguió el apoyo del general Cipriano Castro, Presidente de la República. A los pocos meses dispuso de un laboratorio mejor equipado, que no solo prestaba servicios clínicos para el hospital, también se destinaba para llevar a cabo valiosas investigaciones en el campo de la Parasitología. Además se activó la realización de exámenes de rutinas, complementado con consultas médicas públicas con enfoque curativo. Una oportuna sugerencia del doctor José Gregorio Hernández lo indujo a proseguir como línea de investigación el estudio de la Estructura y Fisiología del Sistema Nervioso.

Fotografía histórica del Hospital Vargas

Cazador de bacterias

La pasión científica de Rafael Rangel abarcó varios campos de la medicina. Con impecable dominio de método llegó a practicar autopsias, a través de cuyo proceso obtuvo conocimientos precisos de los órganos y tejidos del organismo humano. En la práctica de la parasitología analizó y clasificó los elementos etiológicos, factores de una dupla de enfermedades infecciosas en nuestro medio ambiente: una humana, la Uncinariosis y la otra animal, la Derrengadera o Peste Boba de los caballos y los terneros.

Cuando viajó a los llanos venezolanos en 1904 pudo establecer que el origen de la Derrengadera provenía de los Trypanosoma cruzihallados en la sangre de los animales infectados. Esos hallazgos resultaron sumamente útiles para determinar el control y tratamiento de la enfermedad. Unos años antes de que el brasileño Carlos Chagas anunciara su descubrimiento del infeccioso mal, el científico venezolano reveló que la abundancia de fiebres en el llano y en otras zonas rurales obedecía a la proliferación de los Trypanosoma cruzi.

En entomología realizó un minucioso estudio sobre los mosquitos o zancudos de Caracas y determinó la presencia en el país del Anopheles para el paludismo y el Aedes aegypti para la fiebre amarilla.

Entre 1903 y 1904 hubo muchos casos de disentería intestinal en Caracas, donde las verduras, frutas y hortalizas consumidas en la aldeana ciudad, eran regadas con las aguas oscuras de las corrientes de los ríos y las quebradas de la zona. Alarmado por aquella situación, un alto funcionario de salubridad organizó jornadas de recolección de aguas de los vertederos. Las muestras fueron enviadas al laboratorio del Hospital Vargas, y tras ser analizadas por el admirable investigador, se detectó la presencia de infusorios y hongos activadores de los casos de disentería y otras afecciones intestinales.

En una siguiente investigación efectuada en Coro, en el estado Falcón Rafael Rangel determinó la presencia del Antrax, una enfermedad bacteriana conocida como Carbunco o el Grito de la Cabra. El análisis de las cabras y las ovejas de Coro y Valencia, le permitió el estudio riguroso del Carbunco Bacteriano o Bacilus anthracis, desencadenantes de la virulenta infección. Unos años después, el doctor Enrique Tejera París encontró al Tripanosoma aliado con una serie de flagelos a los que denominó Trypanosoma rangeli, en reconocimiento al trabajo del insigne científico de Betijoque.

Trypanosoma rangeli

La Guaira bajo ataque

Durante el primer trimestre de 1908 hubo en La Guaira casos de Peste Bubónica. Frente a la aparición de la grave enfermedad denunciada por el doctor Rosendo Gómez Peraza, el presidente Castro recurre al máximo experto en la materia en el país, Rafael Rangel. Se le asigna la responsabilidad de hacerle frente a la peligrosa endemia.

A su llegada al litoral con un equipo de sanitaristas atiende a los primeros enfermos con fiebre y bubones, rastrean los animales transmisores de los bacilos, hacen pruebas y no consiguen anomalías celulares en las ratas y los ratones inoculados. Confiado en esos resultados del equipo, Rangel dictamina que no se trataba de peste bubónica, al no detectarse la presencia de los patógenos causantes de la endemia. Pero los casos continúan apareciendo y se extienden a Caracas.

Angustiado el sabio decide regresar a La Guaira, examina personalmente algunos enfermos y enfermas portadores de la enfermedad, hace nuevas pruebas y corrige responsablemente el primer informe, confirmándose de manera oficial la existencia de la peste bubónica, que cobraría la vida a más de veinte mil personas.

Ollas de calumnias se vertieron en contra de su labor sanitaria en La Guaira, achacándole la responsabilidad del numero de victimas. Estos ataques por mampuesto escapan del ámbito científico con el añadido de epítetos de carácter racista, por el oscuro color de su piel y sus rasgos afrodescendientes. Estas vicisitudes junto con otras de orden político, al parecer, contribuyen a agravar la crisis nerviosa que supuestamente lo indujo al suicidio.

Desde el veinte agosto de 1977 los restos de Rafael Rangel descansan en el Panteón Nacional. Numerosos reconocimientos avalan su extraordinaria trayectoria. El Instituto Nacional de Higiene lleva su nombre; el Día del Bioanalista en el país rinde homenaje a su labor. En 1990 se crea en el Estado Trujillo el Municipio Rafael Rangel, con capital en Betijoque. Según sostuvo el doctor Marcel Roche, no hubo otro como Rangel en su campo de investigación, en todo el siglo XX científico venezolano.

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