Aldemaro Barrios / Fotos Abraxas Iribarren
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Un texto publicado en 1812 describe las condiciones previsibles de catástrofes en La Guaira, Venezuela. Fue escrito por el viajero inglés Robert Semple, que destaca la localización del poblado y sus riesgos catastróficos: “La ciudad es irregular y las construcciones no son muy buenas. Hay una calle paralela a la playa y las demás son pendientes y estrechas sobre la montaña, al pie del cual ha sido construido el pueblo, bordeando las márgenes de una quebrada. Cuando llueve fuerte, estas calles se convierten en torrentes infranqueables, al extremo que en ocasiones las aguas han cubierto las orillas de la quebrada desbordándose con peligro en la parte baja de la ciudad, como lo indica una descripción existente en una piedra de gran tamaño que la corriente arrastró hasta el interior de una casa”.
Cuando Semple describió La Guaira no había ocurrido el terremoto de 1812, ni tampoco Bolivar había dicho que “…si la naturaleza se opone a nuestros designios lucharemos contra ella”, lo que fue un invento del desinformador realista José Domingo Díaz para descalificar las acciones patriotas de rescate en la ciudad de Caracas. Doscientos años después el espiral perverso del engaño se repite.
Vayamos al contexto geofísico y geohistórico. La Guaira y Caracas están asentadas en un cruce de fallas tectónicas que hace previsible la producción de sismos con cierta frecuencia aunque impredecibles con exactitud, sobre una formación geológica en proceso de alineación, con suelos sedimentarios generados por los conos de deyección que se han acumulado durante milenios. Según el arquitecto Farruco Sesto dichas acumulaciones superan los 350 metros de profundidad en algunos lugares, lo que genera un riesgo evidente si no se toman en consideración estudios de suelo y los sistemas de seguridad para la construcción de edificaciones y su respectiva habitabilidad.

En la zona costera central de Venezuela, desde Morón a Cabo Codera, confluye un enjambre de fallas tectónicas que podemos resumir de la siguiente manera: El Sistema de Fallas de San Sebastián, Sistemas de Fallas de la Victoria (Principalmente las Fallas Guacamaya, Cabrera, El Horno, Pichao y Tacatá), Falla Tacagua – El Ávila, Falla Río Guárico, Falla El Limón, Falla Santa Rosa y algunos otros accidentes estructurales menores y corrimientos. A estas se suman la falla del Pilar que se introduce en la de San Sebastián frente a Cabo Codera, y la falla La Tortuga que corre paralela a la de San Sebastián a pocos kilómetros de la costa.
Todo este sistema de fallas deriva del choque de dos bloques tectónicos que se deslizan cada año entre 2 y 10 centímetros aproximadamente, la Placa del Caribe y la Placa Suramericana. Aunque el movimiento de estas placas es continuo cuando se produce un movimiento abrupto es más que suficiente para causar desplomes en edificaciones. La franja oeste-este de la Falla de San Sebastián, ubicada a lo largo la costa del estado La Guaira, se movió violentamente. Así ocurrió el doble terremoto el 24 de junio de 2026, cuya magnitud fue, el primero, de 7.2 (20 km de profundidad) y el segundo de 7.5 (10 km de profundidad) sobre una superficie de desplazamiento horizontal de aproximadamente 57 centímetros.
Lo que ocurrió ese día fue que la Placa Caribe se deslizó hacia abajo y arrastró material tectónico, generó una presión elástica en sentido contrario. Cuando los elementos geológicos se liberaron, la Placa Continental se redimió y generó un fuerte movimiento en sentido contrario al movimiento continuo de la Placa Caribe.
Comparativo histórico cercano 1812-1900-1967-2026
Una carta fechada el 2 de mayo de 1812 da cuenta del ánimo que Simón Bolívar tenía luego del terremoto del 26 de marzo de 1812, al señalar al General Francisco de Miranda, Jefe de operaciones militares contra los realistas: “Acabo de llegar aquí y me hallo con la desagradable noticia de que ya hemos evacuado a Valencia. Yo me voy al instante a animar las tropas que están en La Cabrera. Yo he sacado estos pueblos del abatimiento en que estaban. Espero lograr lo mismo con las tropas. Contésteme Vd. a La Cabrera dando las órdenes que tenga a bien”.

La ciudad de Caracas quedó devastada según el testimonio del diplomático francés Louis Delpech, publicado en Le Journal de Paris el 15 de mayo de 1813 en París, Francia: “El primer temblor fue lo suficientemente fuerte como para hacer sonar las campanas. Duró apenas seis segundos. Durante el intervalo siguiente de diez a doce segundos, la tierra se agitó con un movimiento ondulatorio similar al del océano en calma. La gente pensó entonces que la crisis había pasado, pero muy pronto se oyó un ruido subterráneo junto con detonaciones eléctricas mucho más violentas que la explosión de un trueno. La tierra se agitaba con una velocidad indescriptible”. Los cronistas de la época destacan que La Guaira quedó bajo escombros, salvo la casa de la Aduana y la Muralla: “…alrededor de 8 mil personas murieron en Caracas y en la Guaira sufrieron la misma suerte unas 2500”, destacaron los viajeros H. Poudenx, y F. Mayer en su obra La Venezuela de la independencia, publicada en París en 1815.
Ochenta y ocho años después Venezuela y específicamente las ciudades de Caracas y La Guaira fueron sacudidas por un intenso terremoto conocido como el San Narciso, el 29 de octubre de 1900 a las 4:42 de la madrugada. Según una reseña de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) para la época no se tenían los instrumentos de medición sísmica, los cuales fueron adquiridos en 1901. La intensidad del terremoto fue altamente destructiva, como lo señala la prensa de la época y el primer análisis sismológico hecho por el ingeniero cumanés Melchor Centeno Graü. El sismo tuvo un impacto catastrófico en las infraestructuras urbanas y consecuencias secundarias “…como deslizamientos, caídas de rocas, aludes sísmicos, eyecciones de arena y agua, entre otros. Igualmente se reportaron daños en Valencia, Aragua de Barcelona, Barcelona, Píritu, Upata, El Callao, Ciudad Bolívar y San Fernando de Atabapo”.
La falla de San Sebastián volvió a moverse contundentemente el 29 de julio de 1967, en un terremoto de 6.5 y 6.6 en la escala de Richter, a las 8:05 pm, el sismo de gran poderío y una fuerte réplica a las 8:43 minutos de la noche afectó severamente la capital de Venezuela y de nuevo La Guaira.

El resultado fue la muerte de más de 283 personas, más de dos mil heridos y una población que salió en extrañamiento a las calles para dormir en carpas y refugios improvisados ante la incertidumbre de nuevas réplicas.
La Falla de San Sebastián arrasó la cultura miamera
Habían transcurrido 59 años desde el terremoto de 1967, durante esas casi seis décadas, la proyección cultural y arquitectónica de una ciudad suramericana con promotores que intentan imitar las galerías de edificaciones de Miami en Florida y la moda del Know How de la American Way of Life, se impuso sobre normativas, regulaciones y preceptos técnicos que formulan cálculos previsivos para una zona de alto riesgo sísmico como La Guaira y Caracas.
La naturaleza no perdona los errores ni los maquillajes culturales, ni siquiera a algunas edificaciones que, guardando las distancias preventivas antisísmicas, se vieron afectadas por el terremoto doble de 7.2 y 7.5 en la escala de Ricther ambos durante 39 segundos, la descarga y despliegue del movimiento telúrico viajó desde su epicentro en el estado Yaracuy a una profundidad de 10 kilómetros hasta la zona norte litoral de Venezuela (aprox.200 kmts) a las 6, 10 minutos de la tarde del día 24 de junio de 2026.
La fuerza con que la naturaleza envió el latigazo telúrico tuvo una capacidad de devastación equivalente a la onda expansiva de varias bombas atómicas, sin embargo, hay que señalar que hubo edificaciones que resistieron el embate sísmico y otras que no. Según datos oficiales el 80% de las edificaciones desplomadas correspondieron al sector privado residencial y hotelero, que en el caso de La Guaira estaban ubicados en el perímetro de la falla de San Sebastián en los sectores Caraballeda, Macuto y Catia La Mar, con un total de 190 edificaciones destruidas y más de 800 afectadas.
En menor dimensión las afectaciones de la Misión Vivienda contabilizan 11 del total de las 190 estructuras colapsadas en La Guaira. En Caracas, especialmente en la franja Altamira-Los Palos Grandes, se derrumbaron varios edificios, entre ellos el Petunia I, que se desplomó íntegramente. Su vecino, el Petunia II, resistió estructuralmente el terremoto. Estos edificios sufrieron daños severos en el terremoto de 1967, sin embargo, posterior a ese evento, sus estructuras fueron reforzadas con pantallas de concreto armado en las fachadas, para aumentar la rigidez. En el caso del Petunia I, estas pantallas no soportaron la torsión de descarga del sismo de 7.5.

El lujo y la ostentación en La Guaira quedaron en algunos casos fuertemente dañados como el Marriott Hotel Playa Grande que quedó prácticamente desbastado con pronóstico de demolición, pero en el caso de Hotel Edward de propiedad corporativa privada ubicado en Macuto, se vino a tierra con la carga de 8 pisos de altura y cerca de 50 pérdidas humanas.
Consumaciones
El subsuelo en las zonas bajas de la Cordillera de la Costa dadas las proyecciones hídricas y las deyecciones de tierras areniscas ha acumulado sedimentos inestables desde tiempos remotos, lo que hace previsible que las edificaciones sin los correspondientes estudios geológicos y prevenciones estructurales, de altura y peso puedan sufrir colapsos.
La tercera y más cuestionada es la subjetiva que tiene que ver con un control estricto de aplicación de regulaciones severas para otorgar permisos de construcción en áreas vulnerables como lo ha mostrado el tiempo histórico continuo de los desastres sísmicos que acarrean tragedias humanas con miles de vidas perdidas como lo ocurrido en Caracas y La Guaira el 24 de junio de 2026.
