Alejandro Silva Guevara / Fotos Juan M. Reyes
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“No en vano hay quienes afirman que el estómago es el segundo cerebro”, dice Lenín González Paz, quien forma parte del premiado equipo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas del Zulia, y partícipe de la creación de una herramienta científico-tecnológica con la que están consolidando técnicas rápidas, precisas y personalizadas de tratar diversas enfermedades. Sin embargo, bajo la misma intención de saber mucho más que datos y remedios, el científico maracucho no deja de lado la importancia de saber y dar a conocer que “somos lo que comemos”.
Ya no es posible seguir ignorando el hecho de que consumir productos procesados resulta ser parte de la maraña de causas que han aumentado la incidencia de casos de enfermedades de todo tipo. Aquella publicidad que rezaba: “parece golosina, pero tiene vitaminas”, no era más que una manera de vendernos y hacernos adictos a productos que resultaron ser altamente agresivos contra los procesos de autodefensa y normal funcionamiento del organismo humano. Esto se puede explicar desde la genética y las alteraciones que sufre cuando consumimos agentes químicos extraños.
La epigenética –explica Lenín–, que es parte de la ciencia estudiosa de la genética, se encuentra por encima de ella en cuanto a que no estudia específicamente el o los genes, sino que estudia el por qué, en la transferencia genética de padres a hijos, unos se activan para la ejecución correcta de sus funciones y otros no. Los resultados indican que no solo somos lo que comemos, sino que nuestros hijos e hijas también los serán, con una incidencia que alcanza hasta la cuarta generación. Esto indica que si uno de los progenitores transmite células sanas a su descendencia, sin información que contenga ciertas enfermedades consideradas hereditarias, los químicos agregados a lo que consumen (colorantes, alcohol, grasas trans, agrotóxicos, microplásticos, etc.), apagan de alguna manera esa función celular sana y protectora, dando paso a que el organismo no tenga defensas y desarrolle enfermedades para la cuales no estaba programado.

La mala alimentación tiene consecuencias que van mucho más allá de la obesidad, porque con el desarrollo de la industria procesadora de alimentos, a los que les adicionan químicos de todo tipo, no consumidos antes por la humanidad, la afectación en los consumidores ha sido devastadora y ha multiplicado de manera significativa, enfermedades como el cáncer, la diabetes en niños –enfermedad que solía aparecer en adultos con más de 40 años–, enfermedades neurodegenerativas, intolerancias digestivas, multiplicación de los casos de personas con autismo, entre muchas otras.
El cuerpo humano es maravilloso. Él busca defenderse y hacer una especie de reseteo de las anomalías genéticas que le transmiten los padres, pero el ataque es muy intenso y con suerte logrará activar esa genética defensiva solo contra algunas enfermedades”
Lenín explica que existen dos etapas en las que el cuerpo humano puede desarrollar defensas contra los factores que inciden en adquirir una alarmante lista de enfermedades. Durante los tres primeros meses de gestación, cuando el cuerpo intenta limpiar las moléculas de lo que la madre o el padre comió, pero termina en el organismo del feto cuando las toxinas y bacterias se cuelan en él traspasando la placenta; y después del nacimiento, hasta los tres años de vida, que sería la segunda etapa llamada “los mil días del desarrollo”, periodo en el cual se forma el 80% de la estructura cerebral. En ese periodo la masa encefálica es como una gelatina que se está armando bajo una susceptibilidad extrema, de mucha sensibilidad.
A estos procesos se les llama impronta genómica, y por más que el cuerpo intente anular los excesos que están afectándolo, terminan cediendo ante los ataques de las bacterias y materiales que producen muchos neurotóxicos, como por ejemplo el clostridium, que se genera a partir del desequilibrio de la microbiota por consumir estos productos, y que puede generar tétanos, parálisis a nivel muscular y diarreas severas, como las que sufren un gran porcentaje de personas con Trastorno del Espectro Autista.

La invasión de agentes externos que enferman al organismo por parte de las industrias ha sido tan brutal, que han estado presente en la niñez de quienes utilizaron teteros, hace un par de décadas, debido a que éstos eran fabricados a partir de un material microplástico llamado Bisfenol A (o BPA), que terminaba en el organismo. Hoy en día, estos utensilios traen una etiqueta que dice: “Libre de BPA”, lo que significa que estas empresas tienen consciencia del daño causado en varias generaciones.
La conexión entre los dos sistemas, el nervioso y el periférico, que se refiere al estómago, es de suma importancia. Por ejemplo, la glutamina es un neurotransmisor que el cerebro requiere para su normal funcionamiento y el estómago produce de un 60% a un 80% de la misma. Una persona que sufre de constantes diarreas, debe consumir medicamentos que las eliminen, eliminando también la glutamina, y afectando las funciones normales del cerebro.
Tener conocimiento de estos estudios, y aplicar un cambio de lo que se consume en el periodo de gestación, en principio, y después alimentar naturalmente al niño o niña antes de sus 3 años de vida, sería una manera efectiva de evitar que el individuo en formación esté propenso a sufrir muchas enfermedades.
“Yo solo quería ser científico”
Norma Paz, madre de Lenín, fue siempre una gran admiradora de Humberto Fernández-Morán, por lo que él creció con esa visión del científico que hace aportes importantes para la humanidad. De allí nace su decisión temprana de estudiar cualquier carrera científica y no se le hizo difícil escoger Biología Pura, carrera en la que se graduó en 2013 en la Universidad del Zulia. Allí también realizó su maestría en Microbiología, para luego cursar dos doctorados: uno de Biotecnología con Aplicación Agroindustrial y otro en Salud Pública, esta vez en la Universidad Iberoamericana de México.

Antes de formar parte del equipo de Medicina Bionuclear, en el IVIC, y trabajar con Ysaías Alvarado, Carla Lossada (su esposa) y un grupo de profesionales de alto nivel científico, se dedicó a la docencia en LUZ. A tres años más o menos, de la creación de este centro, se ha dedicado a trabajar en el desarrollo de la “Estrategia química biofísica, teórica-computacional para la propuesta de inhibidores de acetilcolinesterasa, basada en la disminución de la flexibilidad y aumento de la rigidez mecánica de la enzima”, específicamente en la parte computacional, aplicando los conocimientos que en esa área adquirió de manera autodidacta.
Al enterarse de que su esposa estaba embarazada, sintió el compromiso de dedicarse a profundizar sus conocimientos, primero sobre el autismo, y luego sobre esas causas que aún tenían el velo de lo desconocido:
Darme cuenta de que iba a ser papá, estando rodeado de muchos compañeros que tienen hijos e hijas con condiciones autistas en diferentes grados, encendió las alarmas para mí
En la búsqueda de respuestas, dio con datos duros que registran que de cada 35 niños y niñas a nivel mundial, hay uno(a) con autismo, lo que representaría, si se tratara de cualquier otra enfermedad, una especie de pandemia global nunca vista. La herramienta que crearon en el IVIC del Zulia, es importante mientras hace su función que es la de diagnosticar rápido y eficientemente buscando la mejor manera de medicar al paciente, pero tener el conocimiento que evitaría llegar a tener y sufrir esas enfermedades, sería el aliado perfecto para tener un país más sano.
Lenín continúa impartiendo clases en LUZ y recuerda que cuando se graduó, con todos los honores, estaba abierta la convocatoria a participar en el premio Humberto Fernández Morán del Zulia:
Siempre he sido muy malo para eso de juntar papeles y trámites burocráticos, así que mi esposa trató de ayudarme a que participara, porque me había graduado con todos los méritos y me lo habían sugerido hasta los profesores, pero finalmente no envié la carpeta con los recaudos y, por supuesto, no le dije nada a mi mamá. El año pasado, cuando ganamos el premio del Ministerio de Ciencia y Tecnología, que también es Fernández Morán, ahí sí le dije a mi mamá, que se sintió muy orgullosa, y cuando llegué Maracaibo, los de aquí también me dieron el premio, porque ¿cómo era eso que me lo dieron en Caracas y en mi tierra no?, así que ahora tengo dos (risas)
Buscar las raíces de las enfermedades y sus correctos tratamientos más humanos y personalizados, es un camino recién iniciado que promete enfrentar con éxito muchas enfermedades, mientras ubica a la República Bolivariana de Venezuela en la vanguardia de las investigaciones científicas en este campo.
