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¿Es inteligente la fotografía?

por Nathan Ramírez
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Nathan Ramírez

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Bueno… no desde un punto de vista estrictamente semántico. “Fotografía: escribir o grabar con la luz”, es un término de origen griego. Y esto se debe a que existen diferentes reacciones químicas en superficies emulsionadas con sustancias, que ante la luz se oscurecen e imprimen sobre ellas imágenes en negativo. Este principio natural dio origen a la fotografía “analógica” como la conocimos por casi doscientos años.

Hoy la Real Academia Española ha modificado el significado de lo que representa el proceso fotográfico, no así la palabra fotografía.

Antes era algo así: “La fotografía es la técnica de obtención de imágenes por la reacción química ante la luz sobre una superficie emulsionada con unas características específicas”.

Ahora es algo así: “Procedimiento o técnica que permite obtener imágenes fijas de la realidad mediante la acción de la luz sobre una superficie sensible o sobre un sensor electrónico”.

¿Por qué pretendemos darle el adjetivo humano de “inteligente” a un proceso físico, químico y matemático y ahora electrónico, que aprovecha el comportamiento y las condiciones naturales de algunos elementos para crear o inventar, en este caso la fotografía?

La fotografía digital no es inteligente, es electrónicamente programada, incluso en la modalidad manual. Muy distinta de la otrora fotografía mecánica, en la que debías hacer la dioptría girando el anillo de enfoque según la distancia focal y calculando la exposición de la luz mediante la medición con el fotómetro, abriendo o cerrando el diafragma según la sensibilidad de la película. Diferencias que le ponen romanticismo al tema.

Y la Inteligencia Artificial (IA), no es fotografía. Es un programa muy complejo que procesa millones de datos electrónicos para crear imágenes irreales o inexistentes a partir de bases de datos mundiales, usadas a capricho de quien la utiliza.

Yo comencé a hacer fotos con cámaras mecánicas donde el enfoque y la fotometría las hacía el fotógrafo, tiro a tiro o disparo a disparo, u obturación y arrastre, como quieras llamarlo, cuidando de no malgastar cada uno de los 12, 24 o 36 fotogramas de la película fotográfica o film.

Me hice laboratorista y amé la magia del ambiente templado con la tenue luz roja inactínica del laboratorio, con ese aroma a bromuro de plata y ácido acético que hacían aparecer grano a grano la imagen en el papel fotográfico. Y me tocó transigir con las nuevas tecnologías de la digitalización de la imagen. Un camino más en busca del lenguaje fotográfico.

Siempre digo a mis alumnos que, aunque no hacemos fotografía hoy día como fue inventada originalmente, estamos haciendo hoy una nueva fotografía o un nuevo proceso. Ahora con esta posibilidad que nos brinda la fotografía digital de hacer miles de fotos por sesión, con fotometría y focos automáticos, ya no con grano sino con píxeles y con la posibilidad de revelar y editar desde la computadora o el teléfono celular, todavía tenemos la obligación, como fotógrafos, de sumarle mucho estudio e investigación, prácticas de campo, mucho talento y mucho empeño creativo para lograr un lenguaje fotográfico individual, que será proyectado a enormes multitudes (tomando en cuenta la inmediatez de las redes sociales), como lo hicieron los grandes fotógrafos del pasado y que ahora son referentes de la fotografía de todos los tiempos.

¿Es la IA enemiga de los procesos científico-tecnológicos que crearon la fotografía? No, solo es un nuevo proceso científico-tecnológico, una herramienta más para el proceso creativo fotográfico.

Históricamente la fotografía llegó a la humanidad llena de controversias, enfrentamientos y enemigos que no han cesado en la retórica acerca de que, si la fotografía es ciencia, oficio o es arte, parece que no terminamos de entender que simplemente es todo eso.

Hagamos un poco de ejercicio histórico. En la segunda mitad del siglo XIX los pintores, paisajistas, retratistas, se enfrentaron enérgicamente a la fotografía sin darle ningún valor artístico-creativo que la sustentara como una obra de arte, porque carecía de la concepción y el estudio de la anatomía o la perspectiva académica del dibujo y la pintura. Además carecía también de color.

Estos enfrentamientos filosóficos no detuvieron el avance de la fotografía, sino que la impulsaron a crear sus propias normas y principios compositivos creando poco a poco lo que conoceríamos como el lenguaje fotográfico. Éste daría paso a la fotografía en salones y salas expositivas de los más importantes museos y galerías del mundo.

Pintura al óleo 1870
Fotografía de Eadweard Muybridge 1878

Durante todo el siglo XX parece que una tregua logró que la fotografía (en formato bidimensional) ganara respeto como obra de arte. Pero la fotografía no nació como una obra de arte sino como un proceso de investigación científica, inspirada en el mismo principio del dibujo y las pinturas rupestres, como lo es plasmar nuestra realidad, comportamiento de vida, sucesos, registros espaciales y vivenciales que cuenten nuestra historia. Un proceso documental.

Entonces la fotografía comenzó a ocupar espacios específicos.

Los científicos le dieron color, mejoraron la óptica, la mecánica y la electrónica a niveles insospechados para un habitante de este planeta en el siglo IXX.

Los fotógrafos ocuparon su oficio en específico, muchos dejaron el laboratorio y se dedicaron a ser reporteros o documentalistas o simplemente operadores técnicos de un equipo de registro fotográfico, sin ninguna pretensión artística, aunque muchos de ellos, sin saberlo, terminaron “sus fotos” en los grandes salones y galerías del mundo. De ahí parte la retórica de, si un fotógrafo es un artista o no. Les dejo mi opinión: un fotógrafo no es un artista, es un operador técnico. Pero puede utilizar su fotografía como medio de expresión artística creando lenguajes tan complejos como cualquier otra especialidad de las artes visuales, y esto aún en contra de su voluntad. Ironía para el buen entendedor.

Vivian Maier

El segundo round de la fotografía contra todos

La fotografía digital aparece a finales del siglo XX, pero su auge ocurre en este nuevo siglo. Desaparece definitivamente el proceso de revelado químico y comercial con la aparición de las nuevas cámaras de electrónica digital.

Ya un fotógrafo es cualquier persona con un dispositivo que haga imágenes, una especie de trípode humano que logra imágenes impresionantes sin conciencia de ello. Pero toda esta nueva tecnología genera nuevos retos de aprendizaje a los fotógrafos “analógicos”.

Ha surgido una especie de nueva tribu fotográfica que maneja equipos y programas como juegos de Nintendo. Se enfrentan así nuevamente dos generaciones. Los fotógrafos de la vieja guardia que hacían un máximo de 36 exposiciones con la película fotográfica, y que debían esperar un par de días para ver el resultado de sus fotos, confiados en sus pericias de haber enfocado, expuesto y compuesto correctamente, se enfrentan a jóvenes cracks que promedian 500 fotos por sesión, que pueden verlas inmediatamente en la pantalla de la cámara y repetir la foto si es necesario, revelan y editan desde la comodidad de su computador o lo pueden hacer inmediatamente también desde su celular. Estos motivos y muchos más hacen de esta nueva retórica una confrontación generacional más que artística. De hecho, acá los artistas ven los toros desde la barrera.

Lo que da una estocada a la fotografía en general hoy, y que además une a estas dos generaciones en “conflicto”, son los dispositivos móviles celulares. Ahora sí, todos los fotógrafos odian al unísono a los espontáneos fotógrafos de celular que se atraviesan y dañan cualquier evento que esté registrando un fotógrafo profesional. La fotografía con el dispositivo móvil celular llegó a la humanidad con un propósito que desconoceremos hasta que los científicos antropólogos, sociólogos, psicólogos etc. hagan una investigación a fondo de este presente, que será en su momento su pasado, y averigüen qué tan necesario fue exponer la intimidad de los individuos con un dispositivo que los registra 24/7 en este metamodernismo o ultramodernismo social, a una intimidad parecida a la de un hombre del paleolítico en una manada humana dentro de una caverna, donde el menor pedo era del conocimiento absoluto de todo el clan. Cabe destacar que hay fotógrafos que usan los dispositivos celulares para hacer su trabajo fotográfico y algunos son de buena calidad.

Foto Lheorana González

Tercer y último round olímpico de la fotografía

Fotografía IA. ¿Quién se mete en este lío? ¿Quién se arriesga a defender a la IA? ¿Quién se atreve a desprestigiar nuevamente a la fotografía?

Haré un intento yo. Ya lo dije, la IA no es fotografía. Es un programa muy complejo que procesa millones de datos electrónicos para crear imágenes irreales o inexistentes a capricho de quien la programa. Voy a exponer un par de escenarios ante los múltiples que se me ocurren:

1. Fotógrafo con cámara que decide usar la IA.

2. Fotógrafo sin cámara que decide usar la IA.

Ambos deben saber de fotografía en el más amplio sentido de la técnica, sus normas, sus principios compositivos y del concepto artístico creativo, de lo contrario el resultado final, que es la fotografía en su formato bidimensional, digital, holográfico, etc., no tendría ningún sentido.

1. La IA puede ayudar a un fotógrafo con cámara en el proceso de revelado digital, que es cuando podemos corregir cualquier falla técnica que haya tenido la foto por razones de iluminación, composición, encuadre. Corrección que seguiría estando bajo el mando y la decisión del fotógrafo con relación al resultado final, pues es él quien hizo la foto y conoce de la realidad de donde proviene, él vivó su luz y estuvo en su espacio.

2. La IA a un fotógrafo sin cámara lo convierte (y es una apreciación muy personal) en un dibujante o pintor digital sin ninguna interacción física con su obra (y esto está pasado de ayahuasca). Una vaina así como “sexo sin intercambio de fluidos”.

Puedes escribirle o hablarle a la IA explicándole detalladamente lo que quieres que aparezca en una imagen y esta te lo hará, y si no estas satisfecho puedes ir corrigiendo hasta que ella aprenda de ti, al punto que te conozca y te complazca en cada requerimiento que tenga tu imagen o tu imaginación (no puedo evitar sentirme muy extraño diciendo esto). Pero a fin de cuentas obtendrás una imagen fotográfica que se podrá comportar como una obra de arte.

La IA será otro episodio en la historia de la fotografía y debemos estar preparados para todos los que aparezcan de aquí a un futuro inmediato… inmediatísimo (como son los avances tecnológicos de ahora) y nunca dejar a un lado el estudio y la investigación fotográfica.

Quienes conocen mi trabajo saben que me encanta la intervención y el montaje fotográfico y últimamente he estado practicando un poco con la Inteligencia Artificial y me parece muy interesante y con un alto potencial creativo, pero es simplemente una herramienta más a la disposición. Un fotógrafo es un artista, si lo decide, un creador y no se detendrá en su incesante búsqueda por plasmar en una imagen ese instante y esa visión única de la vida, en el tiempo y el espacio que pueda captar con su cámara.

Y aunque la fotografía actual presenta nuevos retos, debemos reconocer que en esos retos están las posibilidades que tiene la nueva generación de Fotógrafos y que es inconmensurable de cara a la imagen digital y su “inteligencia”.

Hagamos FOTOS IMPRESAS, plasmemos como antes nuestra historia.

PD: Acá estoy yo con sobredosis de IA. No quiero críticas, el traje me queda bonito.

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3 comentarios

Teresa Ovalles M. 17 febrero 2026 - 22:21

FElicitaciones Nathan, que trabajo tan bueno! Y sales muy guapo!

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Nova 10 enero 2026 - 08:43

Lúcida exposición de un cronista de oficio. Ética defensa al arte…Entonces no todo está perdido y un resquicio de esperanza asoma en una nación bombardeada y coaccionada

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Nathan Ramírez Jaimes 13 diciembre 2025 - 01:10

Son, o somos, o éramos o seremos, vanguardia entregando el conocimiento necesario en nuestro tiempo.

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