Inicio Gente palante Una química para la vida es posible

Una química para la vida es posible

Las diversas investigaciones de la profesora Belkys Ortega navegan en los difusos límites entre la biología y una química verde, respetuosa y amable con el entorno y la ecología

por José Roberto Duque
46 vistos

José Roberto Duque / Fotos Yorwuel Parada

____________________

Aparte del terror que a varias generaciones les inculcaron por la Química, la Física y las Matemáticas, ha venido también a imponerse cierta asociación bastante injusta: la que relaciona a la química, de manera casi inobjetable, con cosas tóxicas, malas o al menos peligrosas. Que la palabra compuesta “agroquímico” signifique, para los defensores de la agricultura limpia, lo mismo que “agrotóxico”, atestigua lo difícil que es salir de pronto en defensa de esa disciplina sin mayores herramientas a la mano.

Belkys Dariana Ortega Argüello, química egresada de la Universidad del Zulia, docente de la UNELLEZ en Guanare e investigadora de la Academia de Ciencias Agrícolas de Venezuela (ACAV), sí tiene esas herramientas. Es magister en Planificación de los Recursos Naturales y está cursando un doctorado en Química. Hasta allá llegó después de un recorrido vital que se inicio desde niña, desde la curiosidad o el asombro de cualquier niño por los fenómenos cotidianos.

En la parte inicial de la entrevista la profesora se refirió a la investigación que desarrolla sobre el combate contra la varroa, un ácaro bastante fastidioso que perjudica a las abejas en sus propias colmenas. En algún momento de su explicación cuestionó el uso de sustancias químicas para atacar a esos insectos; ella anda en la experimentación con productos naturales (aceites, hidrolatos), una línea que se aparta de los métodos convencionales.

La profe informa que hay sustancias capaces de acabar con esos ácaros, pero con un alto riesgo de que acaben también con las abejas; en la ACAV, junto con su equipo, demostró que esas infectaciones pueden combatirse y controlarse con aceites e hidrolatos que se obtienen de plantas como el eucalipto, la menta, el orégano, y que ahuyentan al ácaro pero sin afectar a las abejas. “¿Por qué nació esto? Porque inicialmente yo estaba buscando ácido oxálico, que se puede obtener de algunas plantas, por ejemplo el cacao. Estamos buscando los medios para a través del IVIC, que tiene los equipos donde podemos caracterizar y medir las concentraciones exactas de ácido oxálico y de cada uno de los elementos presentes dentro de estos productos naturales, luego aislarlos para usarlos específicamente en lo que queremos”.

Ese fue el punto en que quisimos saber en qué momento un profesional de la química es capaz de cuestionar el uso de sustancias químicas.

“Hay límites que no deben rebasarse. Siempre hay que buscar un uso de la química que aporte a la vida. Aportar en el sentido de que se puede utilizar una química más sostenible, que no afecte el ecosistema, ni a nosotros como como seres humanos. Es preferible aprovechar las propiedades de los productos naturales como lo hacían nuestros ancestros, porque de allí viene todo. Antes las personas se curaban con determinadas plantas, y ahora hay productos sintéticos que copian las propiedades de esas plantas. No está mal porque esa es la base de la farmacéutica, pero es preferible ir directamente a la planta y extraer de ella lo que yo necesito, y que solamente cumpla su función de curarme. Las sustancias que empleo para extraerlo se van a quedar en mi cuerpo. Como químico, estoy centrada específicamente en la línea de investigación de productos naturales”.

Jabones, aguas grises y fermentados

El recorrido de la profesora Belkys pasó por una pequeña manía de joven: fijarse en lo que informaban las etiquetas de los productos que compraban en su casa, desde la mayonesa hasta el champú. “Yo me decía, cónchale, pero hay un champú que dice que es para cabello liso y otro para cabello rubio y tal, y yo veía la composición química. Y yo decía, pero bueno, la composición química para los 3 es la misma, eso decía la etiqueta, entonces ¿dónde está esa diferencia? Fue en el laboratorio, en la carrera universitaria, donde me enteré de que la diferencia está en las concentraciones de los ingredientes”.

En el año 2006 se graduó con una tesis o proyecto del que todavía habla con emoción y afecto: el aprovechamiento de aguas residuales para el cultivo hidropónico del pimentón. En sus estudios de maestría continuó con esa línea de aprovechamiento de aguas servidas, esta vez para riego ornamental. Y profundiza en el potencial y en las aplicaciones de unos filtros sencillos, con distintas granulometrías (tamaño de piedras y arena): como después del tratamiento de esas aguas quedan allí concentraciones de nitrógeno, esa agua contiene un nutriente esencial para las plantas. Pero además plantea la cuestión crucial del aprovechamiento integral de todas las aguas grises en soluciones domésticas:

“En lugar de utilizar agua potable para la limpieza de sanitarios se pueden usar aguas grises. Imagínese un sistema o nueva arquitectura, o nuevo sistema constructivo, en el que varias casas aporten sus aguas grises a un sistema sencillito de recolección y filtrado de aguas, para cuando haya problemas de escasez de agua. Con esa agua se puede resolver la limpieza, el regado de las áreas verdes, y disminuyo el uso de químicos para la potabilización del agua para consumo humano. Esto sería trabajar en una cultura del uso, por unas llaves sale agua potable y por otra distinta el agua para otros usos, bajar el inodoro, etcétera”.

También ha trabajado en la producción de jabones mediante el aprovechamiento de los aceites comestibles ya usados. “Eso surgió en una época muy crítica de Venezuela, porque cuántas veces no hicimos cola para ir a comprar jabón, y la gente peleaba por un paquetico de 100 gramos de jabón. Tomábamos ese aceite, lo transformábamos con una base, con un hidróxido, le colocamos fragancia y pigmento, y usarlo para bañarnos. Porque además esos aceites contaminan el suelo y las aguas. Nos íbamos con él de comunidad en comunidad, enseñándole y llevándole ese ese jabón a las comunidades, a las personas, para que tuviesen una alternativa. La forma ideal para hacer un jabón con unas características estables químicamente, deben tener por lo menos una combinación de tres grasas o aceites, tanto vegetal como como animal. Entonces, aparte del aceite reciclado, usábamos cebo de res, y un aceite de coco que me le da lo que es espuma al jabón. Ahora incorporamos productos naturales como extracto de cúrcuma, extracto de romero, de sábila, de arroz”.

Más allá de las investigaciones formales y los compromisos académicos, la profesora Belkys Dariana aplica sus conocimientos de química y sus exploraciones en otras posibilidades de las plantas: mediante fermentación, anda produciendo unos licores de flor de Jamaica de un sabor potente y refrescante. A la pregunta sobre el proceso para producirlo respondió con una clase magistral o tutorial en tiempo real bien didáctico, desprendido y generoso: la profesora entrega los trucos y secretos de la receta, como deben entregarse todos los saberes del pueblo para el disfrute de todos y todas.

Autor

Compartir:

Periodista, escritor y editor

Deja un Comentario