Rubia Vásquez Castillo e Ivel Urbina Medina
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En Venezuela se tiene registro de museos comunitarios desde al menos la década de 1970. Sin embargo, las referencias documentadas sobre estos espacios son escasas y provienen, en su mayoría, de fuentes hemerográficas dispersas o de reportes en archivos institucionales olvidados. Por ello, rastrear información sobre estas experiencias de protección de la memoria y patrimonio local resulta una tarea compleja.
Es necesario cambiar esta situación, sobre todo hoy en día, cuando dichas experiencias siguen vigentes y contamos con redes y espacios de comunicación disponibles para visibilizarlas, documentarlas y articularlas. Aprovechar dichas herramientas nos ayudará a preservar la memoria alojada en los museos comunitarios, así como a fortalecer el tejido social y asegurar la transmisión de saberes entre generaciones.
Con esta idea ha sido concebida y publicada la edición número 50 de la revista digital de museología venezolana Museos.VE, titulada “Museos Comunitarios en Venezuela”, la cual fue presentada el pasado sábado 25 de abril de 2026. Tiene como objetivo materializar una compilación de experiencias sobre el tema, que no se limitará a notas dispersas, reportes institucionales o reportes periodísticos, sino que abordará con profundidad los aciertos, problemáticas y trayectorias de cada experiencia.

Esta edición fue publicada por la Fundación Museos Nacionales (FMN), el Sistema Nacional de Museos (SiNM) y el Consejo Internacional de Museos Venezuela (ICOM Venezuela), en colaboración con el Museo Antropológico de Quíbor “Francisco Tamayo Yepes” (MAQ). La presentación se realizó en modalidad híbrida, con el MAQ como sede principal, en la población de Quíbor, estado Lara. Además, se contó con la participación de dichas instituciones, de las y los articulistas de esta edición así como público interesado.
La publicación reunió 15 contribuciones, la mayoría escritas por integrantes de museos comunitarios del occidente del país, quienes narraron una diversidad de vivencias: desde historias y labores cotidianas hasta coyunturas críticas que en ocasiones ponen a tambalear sus cimientos. Entre los relatos sobre permanencias, estancamientos y resurgimientos, se plasmaron experiencias con más de 30 años de trayectoria como el caso del Museo Comunitario de Sicarigua, el Museo Comunitario “Alfredo Almeida”, de Los Arangues (ambas procedentes del estado Lara) y el Museo Comunitario “Juan Barajas” de Socopó, estado Barinas. También iniciativas recientes, como el caso del Museo Itinerante “19 de Abril”, de la parroquia Samán de Güere del estado Aragua, o el Museo Comunitario “Víctor Manuel Díaz Crespo” de la población de Paracotos, estado Miranda. Todas tienen sus altos y bajos, como suele ocurrir con los proyectos que se hacen con convicción, esfuerzo y, la mayoría de las veces, con más voluntad que recursos.
En este recorrido encontramos museos ubicados en diversas localidades del occidente del país, como en los estados Miranda, Aragua, Falcón, Lara, Barinas y Trujillo, los cuales resguardan colecciones arqueológicas e históricas como Taller “Angel Segundo López” y Museo Comunitario Kakkejawas, pero en su mayoría espacios con amplias colecciones etnográficas y artísticas de sus comunidades como el Museo Comunitario Aroa Chunai, la Casa Guardiana de lo Ancestral Campesino “María Federica Lucena”, el Museo de la Memoria Histórica en San Diego (Miranda), el Museo Comunitario “Monseñor Jáuregui Moreno”, el Museo Comunitario “Cristóbal Higuera” y el Museo Comunitario de La Vela.

En estos textos podrán observar cómo los museos comunitarios se convierten en centros culturales, espacios de formación, de investigación, lugares para la toma de decisiones colectivas, centros de acopio ante situaciones de crisis, y espacios de divulgación. Las posibilidades son numerosas, de acuerdo a las características, necesidades y deseos de cada territorio. Así, lejos de responder a un modelo único o impuesto, estos museos se adaptan y reinventan constantemente desde la propia comunidad que los sostiene, reflejando su identidad, memoria histórica y proyección de futuro.
Así como las experiencias comunitarias, el formato en que están escritos es diverso: hay relatos breves, entrevistas y sistematizaciones de experiencias realizadas por investigadores. Esta diversidad de formatos no es casual, responde justamente a la naturaleza plural y situada de los museos comunitarios, donde cada comunidad elige la forma narrativa que mejor se ajusta a sus prácticas y sus formas de comunicar.
Haber podido publicar este proyecto en la edición número 50 de la revista, luego de dos años de trabajo, no es un hecho menor. Por un lado, rendimos tributo al futuro de la museología venezolana, y por otra, a la revista Museos.VE, galardonada con el Premio de la Crítica (AICA, 2013), por su compromiso con la divulgación de los museos, sus historias y sus labores en el país. A ellos les damos las gracias por haber hecho posible que este proyecto esté al alcance del pueblo venezolano.

Esperamos que el público pueda apreciar el carácter variopinto de esta compilación, tanto en la estructura de los artículos como en los relatos que contiene. Nuestro deseo fue que esta edición transmita el espíritu de los museos comunitarios en Venezuela. Aunado a ello, sabemos que este texto no engloba todas las experiencias del país. Sin embargo, esperamos reunir y mostrar una buena parte de estos museos, con la esperanza de que otros espacios se reconozcan, se animen a contar su historia y, ¿por qué no?, que alguna localidad se inspire para dar inicio a nuevos proyectos de gestión comunitaria de sus propias memorias.
