Inicio Opinión y análisis Pensamiento conuquero | La innata inventiva de la infancia

Pensamiento conuquero | La innata inventiva de la infancia

por Teresa Ovalles
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Ah, malhaya el animal que una vez fuimos / ah, malhaya la persona que aún no somos / el poderoso instinto con que nacimos / algún indicio todavía de lo asombroso

Gino González

Sin pretender ser chocante con este epígrafe, fragmento de una de mis canciones: Pasaje amarillo٭, con éste buscamos impactar para despertar el interés en torno a una condición de la naturaleza humana que ha socavado la industria capitalista, consistente en el impulso lúdico de la niñez que se concreta en la creatividad como respuesta a dicha fuerza interior.

Nadie negaría al juego como proceso de adaptación en base al principio del placer. Aquí, por tanto, la alienación del trabajo en su clásica definición no tendría cabida, puesto que el goce está latente. Esta habría que ubicarla en la manipulación de esa capacidad para así moldear la personalidad y el carácter en función de asquerosos intereses mercantiles, políticos o ideológicos de cualquier índole que no excluye al religioso.   

Lo lúdico es una circunstancia propia en nosotros, más allá de la especie, característica al animal que somos. También juegan los perros y los gatos por razones básicas similares a las nuestras. Evasión, distracción para vencer el tedio, aminorar el esfuerzo o para olvidar un entorno agresivo. De allí los cantos de trabajo y de por qué canta el ordeñador que ordeña sus propias vacas, pero también el esclavo que cultiva el café o el cacao.

En el niño jugar es una fuerza incontenible, aun cuando existan condiciones que atenten contra su infancia. Lo afirmo en base a anécdotas terribles y a experiencias de niños trabajadores. El niño becerrero juega mientras conduce los becerros y si no que lo cuenten quienes ejercieron ese trabajo en la niñez. Es adaptación, y en ese proceso es imitación del mundo adulto. Así ha sido en todos los tiempos y en toda sociedad. Se juega a las relaciones de producción imperantes, a la familia en la que creces, a cada ritual, a la punzada habitual de un conflicto o a las secuelas de guerras antiguas.

En unos relatos que incluí en un libro que publiqué hace unos años (Tiza, terrón y pájaro) están unas crónicas que ubican la violencia infantil no exclusiva de los medios de comunicación. Ya esto ameritaría estudios más profundos en la psicología con sus dotes de filosofía también.

Si embargo, nadie niega la influencia negativa de los medios de comunicación en la infancia. En la actualidad la adicción de la niñez a los contenidos de internet y su apego pasivo y sedentario sin actividad motora a esas fuentes electrónicas, es preocupante.

Pero esto pudiera interpretarse simplemente como un conflicto generacional. Esa irritante tendencia en los mayores de edad de sopesar el ayer con el presente en base a que “todo tiempo pasado fue mejor”. “Eso no es música, lo de nosotros si era música de verdad” y tantos ejemplos. Si bien es cierto que debido a los orígenes y al “desarrollo” de la industria para el momento, entre otras causas que usted pudiera señalar, entre comidas y como “golosina o chuchería”, no había más opción que la fruta tomada del árbol según la temporada, quién pudiera negar que, si fuésemos niños hoy, también no seríamos víctimas y adictos al azúcar de tanto “alimento” tóxico que promueve y oferta esta industria criminal, y condenados a engrosar las estadísticas de la diabetes infantil.

En la música, los de mi generación, también consumimos masivamente sin crítica alguna otra música más lenta, sin tanto estruendo para nuestro oído de hoy quizás, pero tirados de las cuerdas del radio, la rokola y del tocadiscos, al igual que galopamos caballos de madera, disparamos revólveres y carabinas de palo, influenciados por la serie radial Martín Valiente de la época, como también salimos del cine tirando patadas en el auge de Bruce Lee y del kun fu. 

Tal vez, no sabíamos a qué nos enfrentábamos. A la inventiva de aquella anónima niñez debemos las metras, perinolas, papagayos, gurrufíos, trompos, juguetes confeccionados por esas manos e infinidades de juegos con sus reglas y denominaciones según la región y el barrio. Alguien podría objetar y decir que con el computador las niñas y niños de hoy son más hábiles mentalmente. Tendría que existir un equilibrio. A mí me horroriza el futuro en cuanto a la adecuada evolución de las destrezas motoras de niños estáticos solo moviendo los dedos frente a un celular, tablet o computadora y me pregunto además cómo será años más tarde la salud y calidad visual de esos ojos enrojecidos, estrellados y encandilados que en este momento están absortos frente a esas pantallas.

٭youtube: GinoAndarino.

https://www.youtube.com/channel/UCcWTrO2ZBDqO4COvGXtWsqQ

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