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La urgente y difícil tarea: el cambio de paradigma energético

por Jose Roberto Duque
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En Mérida se debate sobre algo crucial: hay que buscar alternativas energéticas en el país (y el planeta) al petróleo

Nelson Chávez Herrera

¿Qué puede lograr que en un país petrolero una serie de investigadores e investigadoras de física, química e ingeniería de la Universidad de los Andes (ULA), la Fundación para el desarrollo del Servicio Eléctrico (FUNDELEC) y el Centro de Investigaciones Astronómicas (CIDA) se reúnan con carácter de urgencia a examinar las energías renovables como alternativa para diversificar la matriz energética nacional? Tal vez la necesidad. La crisis del sistema eléctrico nacional aún se padece con severidad en el occidente del país y la solución solo se vislumbra a largo plazo.

La actividad fue convocada por el Grupo de Energías Renovables y se desarrolló en el auditorio de la Facultad de Ingeniería con el título: “Jornada de Energías Renovables”. El subtítulo precisó el tema: “El sistema eléctrico nacional y alternativas mediante energías renovables”. El grado de complejidad agregado estuvo puesto en pensar cómo resolver el problema planteado, mediante recursos propios.

Diagnóstico y cable a tierra

El profesor John Ferreira inauguró las conferencias con un análisis sobre las debilidades y fortalezas del sistema eléctrico nacional y lanzó el cable a tierra: ¿en qué condiciones operativas están las centrales hidroeléctricas y termoeléctricas? ¿Cuánta energía generamos y cuánta demandamos para consumir?

Según los informes de la Corporación Eléctrica Nacional (CORPOELEC) hacia 2019 la capacidad instalada era de 34.500 megawatios: 16.713 MW de generación hidroléctrica, 17.900 MW de termoeléctrica, 125 MW de energía eólica. Datos más recientes señalan que: “la capacidad instalada asciende a 24.000 MW. El potencial Hidroeléctrico aporta el 63 por ciento de la energía generada, el 35 por ciento las termoeléctricas y un 3 por ciento el sistema de generación distribuida”. La drástica disminución resulta explicable a partir de los porcentajes de participación: la capacidad de generación termoeléctrica se redujo desde 2019 en más de un 15 por ciento.

Una precisión importante fue hecha por el profesor Carlos Muñoz: “toda capacidad instalada debe proyectarse y calcularse para trabajar a 60 por ciento, dejando 40 por ciento para solventar contingencias”.

Sin meterse de lleno a explicar las causas, la situación actual del parque eléctrico nacional fue servida en plato frío por el investigador John Ferreira: “la escasez de agua en los embalses ha ocasionado la detención del funcionamiento de la mayor parte de las centrales hidroeléctricas, otras se encuentran detenidas por averías en las unidades generadoras, la mayor parte del sistema termoeléctrico se encuentra detenido por averías en los turbogeneradores y también por escasez de combustible”.

La termoeléctrica Don Luis Zambrano ubicada en El Vigía (Mérida) está paralizada. Debido a una falla en el gasoducto el turbogenerador se operó con gasoil y esto, sumado a una sobrecarga de trabajo por la emergencia, presuntamente le generó daños; el gas otorga mayor eficiencia y requiere menos mantenimiento. Si se repara la turbina (falta al parecer una pieza importada) sin resolver el problema del gasoducto, necesitaría de cientos de gandolas surtiéndola de gasoil diariamente para funcionar.

Los informes de las demás termoeléctricas tampoco son alentadores: Planta Tacoa, Termozulia, Ramón Laguna y la Planta Centro, por razones similares tampoco operan a su entera capacidad. Las centrales hidroeléctricaas José Antonio Páez (Santo Domingo, Mérida-Barinas), Leonardo Ruiz Pineda (Uribante Caparo. (Táchira)), José Antonio Domínguez (Peña Larga, Portuguesa) y Manuel Palacio Fajardo (Masparro, Barinas), utilizadas generalmente para mantener la tensión en las líneas de transmisión, no están produciendo energía y además del bajo nivel de los embalses presentan problemas con las turbinas generadoras.

Cuánta energía se generaba y cuánta se genera

En 2013, según cifras del Instituto Nacional de Estadistica (INE) la generación de energía eléctrica alcanzó un máximo histórico de 18.760 MW y la máxima demanda histórica ocurrió en 2009 con 17.300 MW. Los datos de CORPOELEC de 2020, extraídos de los gráficos de demanda y generación por región, arrojan una demanda de 18.400 MW, y una capacidad instalada de 30.660 MW, inoperativa en más de un 70 por ciento. Actualmente la demanda de electricidad puede estimarse alrededor de los 14.000 MW, pero únicamente se generan 10.400 MW (30 por ciento de la capacidad instalada), casi en su totalidad desde el sistema hodroeléctrico. Todos los estados del país importan energía desde la región de Guayana. La región occidental, por ejemplo, consume 4.500 MW, pero solo produce 1.000 MW y por esta razón aritmética, sumada a la física de su distancia con respecto al centro de generación, padece intempestivos cortes eléctricos diarios por administración de cargas.

El déficit aproximado para evitar los cortes ronda entre los 3.000 y 4.000 MW. Cómo producirlos desde energías renovables y con recursos propios, es el asunto a resolver. 

Las preguntas de rigor hacia los expositores indagaron sobre las posibilidades de recuperación del sistema hidroeléctrico nacional y del sistema termoeléctrico. Las respuestas fueron concluyentes: la recuperación de la generación hidroeléctrica es viable, pero no a corto, ni mediano, sino a largo plazo, requiere de mil millonarias inversiones de dólares en equipos y nuevas líneas de transmisión. La recuperación de las termoeléctricas, dada la actual crisis de combustible, se presentó como poco viable.

Un silencio incómodo o de impotencia colmó la sala por un instante. Pero en este mismo auditorio, hace 38 años, don Luis Zambrano recibió su doctorado Honoris Causa. Precisamente el genio que generó electricidad para varios poblados del estado Mérida mediante energía mini hidraúlica. Resultaba imperativo honrar esa memoria. El profesor Ricardo Hernández fue el encargado de poner el tema en su lugar y las voluntades en su objeto. Las Jornadas no habían sido convocadas para hacer catarsis, sino para pensar colectivamente qué hacer y cómo, invitando al estudiantado a sumarse, no al problema, sino a las soluciones, como artífices.

La generación territorializada

Una cuestión topárquica de fondo transversaliza este asunto: si todos los estados del país importan desde la región de Guayana la mayor parte de la energía eléctrica que consumen, auxiliar efectivamente el sistema amerita que cada estado, poblado, región, comuna, produzca energías alternativas renovables según las posibilidades y potencialidades del territorio.

Uno de los aprendizajes derivados de la crisis eléctrica es la debilidad de un sistema de generación centralizado e interconectado que para soportar la casi totalidad de la demanda dispone de más de 400 subestaciones y recorre más de 22.216 kilometros, con líneas de transmisión sujetas a la inestabilidad de los voltajes por tensión en las líneas y factores climáticos, expuestas a los sabotajes programados. Un sistema vulnerable, construido y sustentado con tecnología extranjera, importada.

El problema de la crisis eléctrica actual va más allá del presente. El tema de las energías renovables se está planteando en el mundo, mucho antes de la firma de los acuerdos de París sobre el cambio climático, como una necesidad impostergable, como una realidad futura indefectible. Las inversiones económicas de las grandes corporaciones y de los países en las llamadas “energías verdes”, más allá de sus bondades, hacen prever que éstas terminarán siendo impuestas como nueva matriz energética.

La reflexión derivada de la Jornada de Mérida fue: podemos prepararnos, prever cómo producir estas energías o descuidarnos, para en un futuro inmediato seguir comprando soluciones importadas, reafirmando día a día nuestra dependencia. La propuesta fue: necesitamos proyectar lo que vamos a hacer y pensar cómo lo vamos a hacer, con nuestros propios recursos. La dependencia tecnológica y científica continúan siendo nuestra gran debilidad. 

Lo expresó el profesor Juan Carlos Rojas: “Energías alternativas no son lo mismo que renovables. Energías renovables son fuentes de energía presentes en la naturaleza, pero que se consideran inagotables, porque su proceso de conversión genera pocos impactos ambientales. Renovables son el biodisel, la hidroenergia, la energía solar fotovoltaica, la geotérmica, la solar térmica, la biomasa. No renovables son el petróleo, la energía nuclear, el gas natural, el carbón. Los combustibles fósiles son energías alternativas, pero no son energías alternativas renovables”.

Las energías renovables presentadas como alternativa en la Jornada fueron las siguientes: fotovoltaica, minihidráulica, biomasa y energía electroquímica.

Las características, potencialidades, ventajas, desventajas de cada una, factibilidad o dificultades para producirlas en nuestro país con recursos propios, se irán exponiendo en las siguientes entregas de esta serie. Para inventar, según Simón Rodríguez, es necesario conocer la materia con la que se piensa realizar la invención. Sirva esta introducción para colocar sobre la mesa el problema de las energías renovables e invitar a pensar, critica y colectivamente, desde todas las perspectivas, su posible asunción y desarrollos.

Al margen (o en el mero centro): para pensar el consumo energético como problema

Un artículo de autoría colectiva firmado por la profesora Marelis Arriojas, los profesores Enrique La Marca y Francisco Costa, titulado: “Represas hidroeléctricas en los Andes venezolanos: problemática ambiental, crisis energética y energías alternativas”, publicado en la revista Saber de la Universidad de Oriente y utilizado como fuente referencial por el profesor John Ferreira, aporta los siguientes datos: “En función de la capacidad instalada en sus represas el país ha sido reconocido como uno de los principales productores de hidroelectricidad (noveno a nivel mundial y segundo a nivel latinoamericano).

Venezuela ocupa el primer lugar como mayor consumidor de energía per cápita de América Latina (4.179 kW/h por habitante), por encima de países como Chile (3.393 kW/h); Argentina (2.860 kW/h), Uruguay (2.750 kW/h), Brasil (2.317 kW/h), México (1.999 kW/h), Ecuador (1.575 kW/h) y Colombia (1.331 kW/h) (CORPOELEC 2016)”.

Hacia 1985 los cálculos del potencial hidroeléctrico según el Ministerio de Ambiente era de 155.000 MWh. Podemos continuar con en esa lógica. También pensar y practicar nuevos hábitos de generación y consumo de energía.

Cambiar el modo de producción y el modo vivir parece desde la lógica de las implicaciones y las consecuencias una decisión inteligente para extender la supervivencia de las especies, estableciendo una convivencia armónica con el planeta Tierra, sentido y entendido como un ser vivo, tal como lo asumen gran parte de nuestros pueblos indígenas. Pero estas ideas, tal vez, solo resultarán impostergables para el ser humano cuando no le quede otra alternativa: la extrema necesidad es la que lo obliga”. 

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