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Por qué el Organismo Internacional de Energía Atómica visitó Venezuela

por Jose Roberto Duque
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Nelson Chávez Herrera / Fotos: Candi Moncada

No solo las bombas atómicas o los reactores nucleares emiten radiación ionizante, y no solo los accidentes o ataques con bombas exponen a las personas a sus efectos

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Muchas personas poco o nada saben de la energía nuclear, más allá del peligro para la humanidad que significa su uso con fines bélicos. Uso cuya dantesca efectividad probó Estados Unidos de Norteamérica el 6 y 9 de agosto 1945, cuando decidió atacar a la población civil de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki con dos bombas atómicas, asesinando masiva y casi instantáneamente a más de 450.000 personas. El mundo se asombró con las imágenes de un hongo gigantesco producido por la energía atómica liberada, se aterró con la capacidad de ejecutar un genocidio en un solo impacto, sintió temor de una posible guerra con armas atómicas y después de los accidentes ocurridos en las centrales nucleares de Chernobil (URSS, 1986) y Fukushima (Japón, 2011), tuvo y tiene miedo a la contaminación radiactiva. 

El uso bélico de la energía atómica prela en la memoria humana, pero, contrario a lo que se piensa, no es su uso más extendido, ni el más común. Su utilidad con fines pacíficos, especialmente en la medicina, la industria y la producción de energía electrica, es tan amplia y extendida hasta el punto de llegar a ser cotidiana.

Diariamente, por ejemplo, miles de personas trabajadoras y pacientes de oncología reciben dosis de radiación ionizante (un tipo de energía liberada por los átomos en forma de ondas electromagnéticas, rayos X o rayos gamma). De ahí la necesidad de recibir capacitación sobre el uso responsable de la energía atómica, sobre los niveles de exposición manejables, sobre el manejo y cuidado de las infraestructuras o equipamientos.

En las instalaciones del reactor nuclear ubicado en el IVIC

La primera quincena de agosto, una Misión de Expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estuvo de visita en el país. El investigador Omar Francisco García Lima, miembro del Comité Directivo de Capacitación y Entrenamiento en Protección Radiológica del OIEA, fue el encargado de impartir y coordinar un Taller sobre Estrategia Nacional de Educación y Capacitación en Protección Radiológica en las instalaciones del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), justo la institución cuya sede alberga el primer reactor nuclear construido en Suramérica, que estuvo activo desde 1960 hasta 1991 y actualmente, funciona como una planta de esterilización por rayos gamma.

Esta actividad fue solicitada por la República Bolivariana de Venezuela con el fin de fortalecer el Desarrollo de una Estrategia Nacional de Educación y Capacitación en Protección Radiológica ajustada a los marcos regulatorios del OIEA, entidad adscrita a la Organización de las Naciones Unidas cuyo objeto, según declara en su página oficial es “…promover la utilización de las tecnologías nucleares con fines pacíficos y en condiciones de seguridad tecnológica y física”. 

Por el sector universitario asistieron a este Taller representantes de la Cátedra de Radioterapia y Medicina Nuclear del Hospital Universitario de Caracas, el Hospital Universitario de Caracas, la Universidad de las Ciencias de la Salud; por el sector salud, representantes del Hospital Oncológico Luis Razetti, personal de la Dirección de Salud Ambiental y de la Dirección de Salud Radiológica del Ministerio del Poder Popular para la Salud; por las instituciones privadas la Sociedad Venezolana de Protección Radiológica; por los centros de investigación científica, investigadores e investigadoras del IVIC. 

Los «lápices» de cobalto que generan radiación

Chernobil, Fukushima y otros accidentes

Las particularidades y objetivos del taller son expuestas por el especialista enviado por el OIEA, Omar Francisco García Lima, un científico nacido en la ciudad de Matanzas (Cuba), Magister en Biofísica por la Universidad de Leningrado o Universidad de San Petersburgo, Director de Gestión del Centro de Protección de Higiene de las Radiaciones de la Habana, Miembro Fundador de la Red Latinoamericana de Dosimetría Biológica, investigador vinculado al OIEA desde los años noventa y actualmente, miembro del Comité Directivo de Capacitación y Entrenamiento en Protección Radiológica del OIEA. 

Omar Francisco García Lima es uno de los pioneros en el desarrollo de la Dosimetría Biológica, tanto en Cuba como en América Latina. En los años 90 del siglo pasado, con el auspicio del OIEA, fue uno de los encargados de crear la Red Latinoamericana de Dosimetría Biológica de la que Venezuela forma parte.

“La Dosimetría Biológica es una técnica recomendada internacionalmente para, en el caso de accidentes, poder medir las dosis de radiación que reciben las personas. Pueden ser accidentes como el de Chernobil o Fukushima, donde una situación se salió de control, pero también puede ser como ocurrió en Chile, donde dejaron abandonada una fuente de energía radiactiva utilizada en un proceso industrial, pasó gente por ahí, se irradiaron, y como no tenían dosímetro, no se sabía cuál era la dosis de radiación recibida. Otro accidente importante en América Latina fue el de Goiania, en Brasil, donde se dejó una fuente abandonada y también se contaminó mucha gente”.

¿Qué se hace en estos casos? “Sacarle sangre a las personas, ver las aberraciones cromosómicas, las rupturas en los cromosomas que causaron las radiaciones y con una curva de calibración establecida calcular la dosis”. 

El desconocimiento o incumplimiento de ciertas normas básicas de protección radiológica, la violación de las propias leyes de los países en relación con las regulaciones impuestas a la energía atómica, la falta de consciencia radiológica, incluso la falta de personal capacitado para trabajar con este tipo de energía, son, en muchos casos, causales de este tipo de accidentes.

Dentro de las instalaciones del reactor

La metodología del Taller

La metodología de la OIEA para este tipo de talleres consiste en determinar las necesidades de capacitación que en materia de formación y Protección Radiológica tiene el país, implica diseñar un plan para darle respuesta a estas necesidades, implementar ese plan y posteriormente evaluar cuán eficiente ha sido el proceso. 

“Todos los países en colaboración con la OIEA tienen un proyecto nacional para fortalecer su infraestructura de Protección Radiológica. Venezuela también tiene un proyecto que tiene fondos del Organismo y que le permiten utilizar Misiones de Expertos como esta, o adquirir equipamiento para determinadas cosas”. 

Cuando la radiación es muy alta muere un número de células, el tejido deja de funcionar y el organismo puede morir

Saber qué cantidad de equipos de rayos X hay en el país, cuáles son las prácticas de radiología, cuántas personas expertas calificadas hay en cada aŕea, cuántas se espera que haya en los próximos 5 años, con cuántas personas oficiales de protección radiológica se cuenta, cuántas están distribuidas en las prácticas industriales y cuántas en prácticas medicas, el número de pacientes que reciben radiación diaria y en qué dosis: no es una información sencilla de tener al día.

“Uno de los problemas más grandes que hay en los países, no solamente en America Latina, en todas partes, es que no hay fuentes de información que sean totalmente fiables y te permitan decir si las prácticas que tengo son estas, estas y estas, y las personas que tengo capacitadas son estas, estas y estas, y que esa información esté actualizada. Hay que tener registros confiables y trabajar en eso. Tener fuentes de información automatizadas que prácticamente permitan en tiempo real tener esa información actualizada. Y eso es lo que se está haciendo aquí, porque los países hacen una fotografia del momento en que hacen su diagnóstico, pero después del momento en que se termina, a la semana ya eso cambió, porque entró un equipo nuevo, alguien se fue de la práctica o se jubiló. Incluso, una de las cosas que se piden en estos talleres es que el país, al menos, identifique cuáles son las fuentes de información que tiene para determinar eso”.

No solo las bombas atómicas

La radiación no solo la emiten las bombas atómicas o los accidentes ocurridos en las plantas nucleares. Todos los países tienen fuentes de radiación ionizante. Esencialmente los equipos médicos que están en los hospitales, los equipos de rayos X, los equipos de quimioterapia, radioterapia, teleterapia, braquiterapia, gammagrafía; en los equipos que se utilizan en la industria para diferentes procesos, por ejemplo, en los medidores industriales que utilizan radiación en las industrias petrolera, papelera, cementera, en las embotelladoras, en las tabacaleras.

Una sesión del taller de la OIEA

“Las radiaciones están bastante identificadas, se sabe dónde están. Hay fuentes que están blindadas y que emiten radiación cuando se crea algún mecanismo que permite que se libere ese blindaje. En radioterapia la fuente de cobalto está blindada, tú entras al local donde está y no pasa nada, pero si tú quieres irradiar, se abre una especie de obturador como el de las máquinas fotográficas de antes, y en ese momentico sale el haz de radiación, después se cierra y ya, ese ejemplo es el más tradicional. Las máquinas de rayos X emiten radiación cuando se conectan a la electricidad pero cuando la desconectas para de emitir. Hay fuentes naturales de radiación también, hay un fondo radiactivo natural, pero es muy bajo. El fondo radiactivo ambiental en el mundo es 2, 4 milisievert (mSv) al año. En Cuba es de un milisievert al año”. 

Efectos causados por dosis altas de radiación

“Aunque la sensibilidad a la radiación es individual, esencialmente las radiaciones generan dos tipos de efecto: a corto plazo y a largo plazo. Los efectos a corto plazo generalmente ocurren por muerte celular. Cuando la radiación es muy alta muere un número de células, el tejido deja de funcionar y el organismo puede morir. Por ejemplo, 5000 milisievert te pueden causar la muerte y en ese nivel de dosis, se afecta el sistema hematológico; si lo subes a 10.000 milisievert se afecta el sistema gastrointestinal y ahí muy probablemente nadie sobreviva; si alguien supera la barrera de los 10.000 milisievert la muerte puede ocurrir en semanas; si subes de 15000 milisievert se afecta el sistema nervioso central y la muerte puede ocurrir en horas. Eso es para los efectos a corto plazo”. 

Dentro de las instalaciones del reactor

“Los efectos a largo plazo de la exposición radiológica son esencialmente cáncer y efectos hereditarios. No se ha demostrado que las radiaciones causen efectos hereditarios en las personas. Todo lo que dice la prensa que en Hiroshima siguen naciendo niños malformes, no es ciencia constituida. Lo que dicen los reportes científicos es que en seres humanos no se han visto efectos hereditarios. Los estudios de Hiroshima y Nagasaki que se hicieron en los descendientes no arrojaron resultados en este sentido. Pero bueno, conceptualmente se ha demostrado en animales de experimentación, que sí pueden producirse efectos hereditarios y por eso las normas de Protección Radiológica lo prevén”. 

Exterior de la edificación donde permanece el reactor

Ante la pregunta de si la alianza o el trabajo con el OIEA permite al país desarrollar energía atómica con fines pacíficos y lo protege de acusaciones falsas o peregrinas sobre supuestos desarrollos de energía atómica con fines no pacíficos, el investigador Omar Francisco García Lima responde: “Todos los países que reciben asistencia técnica tienen, primero, un compromiso con las normas y los requerimientos que establece el OIEA. Los países que no reciben asistencia técnica no están obligados a seguir estas recomendaciones, pero los que reciben asistencia técnica sí deben tener implementadas las recomendaciones del OIEA. Venezuela forma parte del OIEA desde su fundación en 1957”.

Aspecto de las instalaciones del reactor
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